A tus lunas de sangre pertenezco.
Al vuelo casi extinto de dragones.
Al odio despiadado que dantesco
apila cuerpos para los fogones.
A quien te sobrevive compadezco
siendo parte del rito que propones.
Entre tus garras me rejuvenezco
siendo más tuyo de lo que supones.
Y vas dejando restos malolientes.
Navíos que se secan en desiertos
con quillas destrozadas por tus dientes,
con muros fracturados en los puertos
y con montañas óseas hirvientes
en el terror de tus paisajes muertos.
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