Se ha despertado el sol
con el dulce cantar de ruiseñores.
Del bostezo del campo
llega una brisa fresca y aromada.
En el rosado cielo,
entre guiños de estrellas,
la luna en decreciente y sol arriba
en acorde armonía,
se despiden con besos de oro y plata.
En el campo, los pájaros
se comen las semillas
que la mano del hombre va sembrando.
Camino solitario
con el corazón mío
huyendo de la ausencia
de una pasión pasada.
Reflejos del pasado
sobre mi frente fría.
¡Plegaria que comiera
un ave, la semilla de mi pena!