Azul

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa
AZUL

Alfred, haz el favor de servirnos un par de jarras de cerveza.
Hacía tiempo que Alice y Bob no coincidían, pero daba igual
porque tenían esa relación propia de los amigos de la niñez
con los que a pesar de los años y la lejanía que imprimen
las jodidas cartas que reparte el crupier cósmico
siguen siendo los mismos mocosos adorables
con los que te mordías los morros en el parvulario

Alice y Bob callaban mientras bebían
en una secuencia de tragos largos
aislados del mundo entero en la nube musical
de aquel bar, con sus miradas clavadas
en los cromáticos armarios preñados de licor
que se alzaban frente a ellos.

De pronto, Alice, giró su silla hacia Bob y empezó a hablar.
Sabes, Bob, no soporto la incertidumbre que me embarga
cuando siento que no tengo a nadie que me quiera.
A veces tengo la impresión de que estoy perdiendo el rumbo…
Sí, ya sé que mis hijos me quieren y que tú me quieres,
¿pero quién me salva de ser huérfana de mí misma?
Demasiado corazón, demasiada mente…, ¡corazón o mente!,
pero yo quiero corazón y mente,
sin la puta «o» de un horizonte de sucesos
partiendo mi ser en dos
con el mismo corte dorsal y preciso
con el que un artesano japonés despieza un atún.
Estoy cansada de tanto remar, Bob.
Literalmente, no puedo más.

Pero Alice, debes manejarte en esta incertidumbre.
Quizá tu angustia provenga de los remos que sujetas;
¿has probado abandonarte a la deriva?,
¿tratar de estar presente en la ausencia?
Si lo logras notarás, entonces, cómo escapas
de esta cárcel estática y binaria que te retiene
y te adentrarás en la clarividencia de la dispersión y la quiralidad.

Además, compañera, debes retomar
los entrelazamientos que te hacen bien
y romper, a su vez, con los enlaces tóxicos.
Rompe con esa ponzoña que se cree con el derecho
de reventar tu fiesta —esa fiesta que vivimos una sola vez—
por tener ese disfuncional salvoconducto llamado «familia»
que no es más que puta, perdón, pura materia
que aprovecha tu energía
para excitar sus miserables orbitales.

Y disfruta, Alice, de la superposición natural de tu ser.
Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a colapsarnos
con sus medidas caprichosas y la mierda de sus dogmas.
Debemos ser nosotros mismos
aquí y ahora y a todo lo ancho
de este vastísimo océano cósmico.
No depongamos jamás las crestas de nuestras ondas
ante los designios de quienes se creen en posesión de la verdad.
Estamos rodeados de dioses y profetas, genocidas matéricos
que necesitan el aceite de nuestra luz. ¡Que les jodan!
No te dejes colapsar jamás
y vuela desnuda, ¡vuela!
Y que tu rastro azul de lapislázuli
deje en los labios de este mundo
el brillo de un mundo mejor.

Y Alice y Bob —y yo también— nos abrazamos,
porque aquellos dos corpúsculos
son la trenza de luz azul a la que me aferro
en estas noches de ventana cerrada
en las que ya todo me da igual.

Alice, me han contado que han abierto un bar
cerca de la estrella Antares, en la constelación de Escorpio,
a unos pocos años luz. Al parecer está todo bañado de rojo,
¿te apetece tomarte la última copa allá?

Estaban llegando al bar cuando desde la altura divisaron
un lago inmenso con un médano escarlata
que lo cicatrizaba de lado a lado.

Bob, hace tanto tiempo que no me baño desnuda
de noche, en un mar de carmines.

Y se tumbaron los dos haciéndose los vivos,
dejándose flotar.
Las palabras atravesaban aquel manto acuoso
desvistiéndose del tiempo,
mudándose así a los sonidos de la infancia...
Las risas de los amigos, el grito vital de la madre ordenando
que ya era hora de merendar, las olas azules de agosto
rompiendo contra la playa,
el canto de los pájaros en los bosques del norte
y la brisa dulce atravesando las higueras del barrio.

Y allí estuvieron mis dos almas charlando hasta el amanecer
con el lenguaje de esa luz desnuda,
de esa luz entera,

que nos llega sin sombra.​


Kalkbadan
Madrid, 17 de septiembre de 2022
 
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AZUL

Alfred, haz el favor de servirnos un par de jarras de cerveza.
Hacía tiempo que Alice y Bob no coincidían, pero daba igual
porque tenían esa relación propia de los amigos de la infancia
con los que a pesar de los años y la lejanía que imprimen
las jodidas cartas que reparte el crupier cósmico
siguen siendo los mismos mocosos adorables
con los que te mordías los morros en el parvulario

Alice y Bob callaban mientras bebían
en una secuencia de tragos largos
aislados del mundo entero en la nube musical
de aquel bar, con sus miradas clavadas
en los cromáticos armarios preñados de licor
que se alzaban frente a ellos.

De pronto, Alice, giró su silla hacia Bob y empezó a hablar.
Sabes, Bob, no soporto la incertidumbre que me embarga
cuando siento que no tengo a nadie que me quiera.
A veces, tengo la impresión de que estoy perdiendo el rumbo…
Sí, ya sé que mis hijos me quieren y que tú me quieres,
¿pero quién me salva de ser huérfana de mí misma?
Demasiado corazón, demasiada mente…, ¡corazón o mente!,
pero yo quiero corazón y mente,
sin la puta «o» de un horizonte de sucesos
partiendo mi ser en dos
con el mismo corte dorsal y preciso
con el que un artesano japonés despieza un atún.
Estoy cansada de tanto remar, Bob.
Literalmente, no puedo más.

Pero Alice, debes manejarte en esta incertidumbre.
Quizá tu angustia provenga de los remos que sujetas;
¿has probado abandonarte a la deriva?,
¿tratar de estar presente en la ausencia?
Si lo logras notarás, entonces, cómo escapas
de esta cárcel estática y binaria que te retiene
y te adentrarás en la clarividencia de la dispersión y la quiralidad.

Además, compañera, debes retomar
los entrelazamientos que te hacen bien
y romper, a su vez, con los enlaces tóxicos.
Rompe con esa ponzoña que se cree con el derecho
de reventar tu fiesta —esa fiesta que vivimos una sola vez—
por tener ese disfuncional salvoconducto llamado «familia»
que no es más que puta, perdón, pura materia
que aprovecha tu energía
para excitar sus miserables orbitales.

Y disfruta, Alice, de la superposición natural de tu ser.
Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a colapsarnos
con sus medidas caprichosas y la mierda de sus dogmas.
Debemos ser nosotros mismos
aquí y ahora y a todo lo ancho
de este vastísimo océano cósmico.
No depongamos jamás las crestas de nuestras ondas
ante los designios de quienes se creen en posesión de la verdad.
Estamos rodeados de dioses y profetas, genocidas matéricos
que necesitan el aceite de nuestra luz. ¡Que les jodan!
No te dejes colapsar jamás
y vuela desnuda, ¡vuela!
Y que tu rastro azul de lapislázuli
deje en los labios del mundo
el brillo de un mundo mejor.

Y Alice y Bob —y yo también— nos abrazamos,
porque aquellos dos corpúsculos
son la trenza de luz azul a la que me aferro
en estas noches de ventana cerrada
en las que ya todo me da igual.

Alice, me han contado que han abierto un bar
cerca de la estrella Antares, en la constelación de Escorpio,
a unos pocos años luz. Al parecer está todo bañado de rojo,
¿qué te parece si tomamos la última copa allí?

Estaban llegando al bar cuando desde la altura divisaron
un lago inmenso con un médano escarlata
que lo cicatrizaba de lado a lado.
Bob, hace tanto tiempo que no me baño desnuda
de noche, en un mar de carmines.
Y se tumbaron los dos haciéndose los vivos,
dejándose flotar…
Las palabras atravesaban aquel manto acuoso
desvistiéndose del tiempo,
mudándose así a los sonidos de la niñez.
Las risas de los amigos, el grito vital de la madre anunciando
que era hora de merendar, las olas del verano rompiendo contra la playa,
el canto de los pájaros en los bosques del norte
y esa brisa dulce atravesando las higueras del barrio.

Y allí estuvieron mis dos almas hablando hasta el amanecer
con el lenguaje de esa luz desnuda,
de esa luz entera,

que nos llega sin sombra.​


Kalkbadan
Madrid, 17 de septiembre de 2022
Maravilla, tu poema en un liberador color azul con lagos carmines. Cómo para leer de postre. Un placer leerte. Un beso. Luciana.
 
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Alfred, haz el favor de servirnos un par de jarras de cerveza.
Hacía tiempo que Alice y Bob no coincidían, pero daba igual
porque tenían esa relación propia de los amigos de la infancia
con los que a pesar de los años y la lejanía que imprimen
las jodidas cartas que reparte el crupier cósmico
siguen siendo los mismos mocosos adorables
con los que te mordías los morros en el parvulario

Alice y Bob callaban mientras bebían
en una secuencia de tragos largos
aislados del mundo entero en la nube musical
de aquel bar, con sus miradas clavadas
en los cromáticos armarios preñados de licor
que se alzaban frente a ellos.

De pronto, Alice, giró su silla hacia Bob y empezó a hablar.
Sabes, Bob, no soporto la incertidumbre que me embarga
cuando siento que no tengo a nadie que me quiera.
A veces tengo la impresión de que estoy perdiendo el rumbo…
Sí, ya sé que mis hijos me quieren y que tú me quieres,
¿pero quién me salva de ser huérfana de mí misma?
Demasiado corazón, demasiada mente…, ¡corazón o mente!,
pero yo quiero corazón y mente,
sin la puta «o» de un horizonte de sucesos
partiendo mi ser en dos
con el mismo corte dorsal y preciso
con el que un artesano japonés despieza un atún.
Estoy cansada de tanto remar, Bob.
Literalmente, no puedo más.

Pero Alice, debes manejarte en esta incertidumbre.
Quizá tu angustia provenga de los remos que sujetas;
¿has probado abandonarte a la deriva?,
¿tratar de estar presente en la ausencia?
Si lo logras notarás, entonces, cómo escapas
de esta cárcel estática y binaria que te retiene
y te adentrarás en la clarividencia de la dispersión y la quiralidad.

Además, compañera, debes retomar
los entrelazamientos que te hacen bien
y romper, a su vez, con los enlaces tóxicos.
Rompe con esa ponzoña que se cree con el derecho
de reventar tu fiesta —esa fiesta que vivimos una sola vez—
por tener ese disfuncional salvoconducto llamado «familia»
que no es más que puta, perdón, pura materia
que aprovecha tu energía
para excitar sus miserables orbitales.

Y disfruta, Alice, de la superposición natural de tu ser.
Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a colapsarnos
con sus medidas caprichosas y la mierda de sus dogmas.
Debemos ser nosotros mismos
aquí y ahora y a todo lo ancho
de este vastísimo océano cósmico.
No depongamos jamás las crestas de nuestras ondas
ante los designios de quienes se creen en posesión de la verdad.
Estamos rodeados de dioses y profetas, genocidas matéricos
que necesitan el aceite de nuestra luz. ¡Que les jodan!
No te dejes colapsar jamás
y vuela desnuda, ¡vuela!
Y que tu rastro azul de lapislázuli
deje en los labios de este mundo
el brillo de un mundo mejor.

Y Alice y Bob —y yo también— nos abrazamos,
porque aquellos dos corpúsculos
son la trenza de luz azul a la que me aferro
en estas noches de ventana cerrada
en las que ya todo me da igual.

Alice, me han contado que han abierto un bar
cerca de la estrella Antares, en la constelación de Escorpio,
a unos pocos años luz. Al parecer está todo bañado de rojo,
¿qué te parece si tomamos la última copa allá?

Estaban llegando al bar cuando desde la altura divisaron
un lago inmenso con un médano escarlata
que lo cicatrizaba de lado a lado.

Bob, hace tanto tiempo que no me baño desnuda
de noche, en un mar de carmines.

Y se tumbaron los dos haciéndose los vivos,
dejándose flotar.
Las palabras atravesaban aquel manto acuoso
desvistiéndose del tiempo,
mudándose así a los sonidos de la infancia...
Las risas de los amigos, el grito vital de la madre ordenando
que ya era hora de merendar, las olas azules de agosto
rompiendo contra la playa,
el canto de los pájaros en los bosques del norte
y la brisa dulce atravesando las higueras del barrio.

Y allí estuvieron mis dos almas charlando hasta el amanecer
con el lenguaje de esa luz desnuda,
de esa luz entera,

que nos llega sin sombra.​


Kalkbadan
Madrid, 17 de septiembre de 2022
Alice (por cierto, me suena a inglés) debería saber que estamos rodeados de profilácticos, bueno estos tienen una función y sirven para algo, hay tantos idiotas en el mundo que no cumplen función y no sirven para nada y solo los aguantamos por ser primogénitos y cercanos. Yo creo que la tendencia de la esteticidad esta tomando más impulso en esta época. Esos seres de plástico que si lo acercas a una vela se derriten y quedan horrorosos y completamente huecos. Y así vamos por la vida viendo más lo superficial que lo interno y olvidamos conectarnos con nosotros y nuestros otros. En este caso con los tres: Alice, Bob y tú.

Ahora, me pregunto… y lo leí todo, completo y me quedé pensando cuántas personas pueden habitar en uno.

No iba comentar, pero como veo pocos comentarios creo que merece un comentario, es un poema difícil de comentar, pero se lo merece… Tu literatura es desafiante y eso es muy bueno.

Abrazos Kal.
 
Alice (por cierto, me suena a inglés) debería saber que estamos rodeados de profilácticos, bueno estos tienen una función y sirven para algo, hay tantos idiotas en el mundo que no cumplen función y no sirven para nada y solo los aguantamos por ser primogénitos y cercanos. Yo creo que la tendencia de la esteticidad esta tomando más impulso en esta época. Esos seres de plástico que si lo acercas a una vela se derriten y quedan horrorosos y completamente huecos. Y así vamos por la vida viendo más lo superficial que lo interno y olvidamos conectarnos con nosotros y nuestros otros. En este caso con los tres: Alice, Bob y tú.

Ahora, me pregunto… y lo leí todo, completo y me quedé pensando cuántas personas pueden habitar en uno.

No iba comentar, pero como veo pocos comentarios creo que merece un comentario, es un poema difícil de comentar, pero se lo merece… Tu literatura es desafiante y eso es muy bueno.

Abrazos Kal.
¡Querido Danie! Qué gustazo tu forma intensa y tan perspicaz de leer. Es una maravilla cómo, a pesar de tratarse de un poema bastante oscuro, desgranas lo esencial que esconde este puñado de versos. Nuestros otros...
Creo que todos somos conscientes de cómo el pensamiento es esa dialéctica a dos que tiene lugar en nuestra mente. Dos en uno. Pero en realidad a veces tengo la impresión de que no son dos, sino «todos» en uno. Es el caso de estos dos fotones que intercambian esas miserias tan universales con las que convivimos, como la angustia de existir, las relaciones tóxicas, la esclavitud por esa servidumbre de la necesidad tan propia de estos tiempos... Y el tercero en discordia soy Yo, que no tengo fuerzas más que para atender a la charla constructiva que mantienen mis dos colegas.
Al parecer Einstein, en su mítica guerra con los próceres de la mecánica cuántica, en especial con Bohr, ideó -junto con dos físicos más- un experimento mental con el objetivo de demostrar la inviabilidad de lo que él llamaba las fuerzas fantasmales; ese inquietante comportamiento a distancia que denominaban como entrelazamiento cuántico. Los fotones polarizados que empleaba para su juego los llamó Alice y Bob. Bueno, la cosa es que tanto el entrelazamiento, como la dualidad onda-partícula, como la superposición, como el principio de incertidumbre... tienen una cantidad alucinante de analogías con nuestro comportamiento más humano. De hecho es tan llamativo que quizá debería hacernos sospechar que la física parece llamada a ser inevitablemente antropocéntrica, lo cual resulta una verdad de perogrullo: nunca rebasaremos nuestros límites humanos. Aprovechando los recursos que ofrecen en el campo de la analogía esas propiedades cuánticas, Alice y Bob hacen un repaso a los puntos ciegos que castigan su (nuestra) consciencia.
A veces se escribe con una intención puramente terapéutica, ¿verdad, compañero? Estos versos serían un ejemplo de ello.
Si algo salvo del poema es ese momento en el que los dos se quedan flotando en el lago y las palabras se desvisten de su ahora y se reconvierten en los sonidos de la infancia. A mí me pasa que cuando me hago el muerto en el mar todo ese bullicio playero me traslada de una forma brutal a la niñez. Un lenguaje puro y sanador. Una luz sin sombra.

Me congratula muchísimo tu lectura.
Amigo, un abrazo fuerte.
 
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AZUL

Alfred, haz el favor de servirnos un par de jarras de cerveza.
Hacía tiempo que Alice y Bob no coincidían, pero daba igual
porque tenían esa relación propia de los amigos de la infancia
con los que a pesar de los años y la lejanía que imprimen
las jodidas cartas que reparte el crupier cósmico
siguen siendo los mismos mocosos adorables
con los que te mordías los morros en el parvulario

Alice y Bob callaban mientras bebían
en una secuencia de tragos largos
aislados del mundo entero en la nube musical
de aquel bar, con sus miradas clavadas
en los cromáticos armarios preñados de licor
que se alzaban frente a ellos.

De pronto, Alice, giró su silla hacia Bob y empezó a hablar.
Sabes, Bob, no soporto la incertidumbre que me embarga
cuando siento que no tengo a nadie que me quiera.
A veces tengo la impresión de que estoy perdiendo el rumbo…
Sí, ya sé que mis hijos me quieren y que tú me quieres,
¿pero quién me salva de ser huérfana de mí misma?
Demasiado corazón, demasiada mente…, ¡corazón o mente!,
pero yo quiero corazón y mente,
sin la puta «o» de un horizonte de sucesos
partiendo mi ser en dos
con el mismo corte dorsal y preciso
con el que un artesano japonés despieza un atún.
Estoy cansada de tanto remar, Bob.
Literalmente, no puedo más.

Pero Alice, debes manejarte en esta incertidumbre.
Quizá tu angustia provenga de los remos que sujetas;
¿has probado abandonarte a la deriva?,
¿tratar de estar presente en la ausencia?
Si lo logras notarás, entonces, cómo escapas
de esta cárcel estática y binaria que te retiene
y te adentrarás en la clarividencia de la dispersión y la quiralidad.

Además, compañera, debes retomar
los entrelazamientos que te hacen bien
y romper, a su vez, con los enlaces tóxicos.
Rompe con esa ponzoña que se cree con el derecho
de reventar tu fiesta —esa fiesta que vivimos una sola vez—
por tener ese disfuncional salvoconducto llamado «familia»
que no es más que puta, perdón, pura materia
que aprovecha tu energía
para excitar sus miserables orbitales.

Y disfruta, Alice, de la superposición natural de tu ser.
Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a colapsarnos
con sus medidas caprichosas y la mierda de sus dogmas.
Debemos ser nosotros mismos
aquí y ahora y a todo lo ancho
de este vastísimo océano cósmico.
No depongamos jamás las crestas de nuestras ondas
ante los designios de quienes se creen en posesión de la verdad.
Estamos rodeados de dioses y profetas, genocidas matéricos
que necesitan el aceite de nuestra luz. ¡Que les jodan!
No te dejes colapsar jamás
y vuela desnuda, ¡vuela!
Y que tu rastro azul de lapislázuli
deje en los labios de este mundo
el brillo de un mundo mejor.

Y Alice y Bob —y yo también— nos abrazamos,
porque aquellos dos corpúsculos
son la trenza de luz azul a la que me aferro
en estas noches de ventana cerrada
en las que ya todo me da igual.

Alice, me han contado que han abierto un bar
cerca de la estrella Antares, en la constelación de Escorpio,
a unos pocos años luz. Al parecer está todo bañado de rojo,
¿qué te parece si tomamos la última copa allá?

Estaban llegando al bar cuando desde la altura divisaron
un lago inmenso con un médano escarlata
que lo cicatrizaba de lado a lado.

Bob, hace tanto tiempo que no me baño desnuda
de noche, en un mar de carmines.

Y se tumbaron los dos haciéndose los vivos,
dejándose flotar.
Las palabras atravesaban aquel manto acuoso
desvistiéndose del tiempo,
mudándose así a los sonidos de la infancia...
Las risas de los amigos, el grito vital de la madre ordenando
que ya era hora de merendar, las olas azules de agosto
rompiendo contra la playa,
el canto de los pájaros en los bosques del norte
y la brisa dulce atravesando las higueras del barrio.

Y allí estuvieron mis dos almas charlando hasta el amanecer
con el lenguaje de esa luz desnuda,
de esa luz entera,

que nos llega sin sombra.​


Kalkbadan
Madrid, 17 de septiembre de 2022

Que hermoso es traspasar los espacios. Son unas letras exquisitas.
Muy de mi gusto, Kalkbadan.
Gracias.
Saludos
 
AZUL

Alfred, haz el favor de servirnos un par de jarras de cerveza.
Hacía tiempo que Alice y Bob no coincidían, pero daba igual
porque tenían esa relación propia de los amigos de la infancia
con los que a pesar de los años y la lejanía que imprimen
las jodidas cartas que reparte el crupier cósmico
siguen siendo los mismos mocosos adorables
con los que te mordías los morros en el parvulario

Alice y Bob callaban mientras bebían
en una secuencia de tragos largos
aislados del mundo entero en la nube musical
de aquel bar, con sus miradas clavadas
en los cromáticos armarios preñados de licor
que se alzaban frente a ellos.

De pronto, Alice, giró su silla hacia Bob y empezó a hablar.
Sabes, Bob, no soporto la incertidumbre que me embarga
cuando siento que no tengo a nadie que me quiera.
A veces tengo la impresión de que estoy perdiendo el rumbo…
Sí, ya sé que mis hijos me quieren y que tú me quieres,
¿pero quién me salva de ser huérfana de mí misma?
Demasiado corazón, demasiada mente…, ¡corazón o mente!,
pero yo quiero corazón y mente,
sin la puta «o» de un horizonte de sucesos
partiendo mi ser en dos
con el mismo corte dorsal y preciso
con el que un artesano japonés despieza un atún.
Estoy cansada de tanto remar, Bob.
Literalmente, no puedo más.

Pero Alice, debes manejarte en esta incertidumbre.
Quizá tu angustia provenga de los remos que sujetas;
¿has probado abandonarte a la deriva?,
¿tratar de estar presente en la ausencia?
Si lo logras notarás, entonces, cómo escapas
de esta cárcel estática y binaria que te retiene
y te adentrarás en la clarividencia de la dispersión y la quiralidad.

Además, compañera, debes retomar
los entrelazamientos que te hacen bien
y romper, a su vez, con los enlaces tóxicos.
Rompe con esa ponzoña que se cree con el derecho
de reventar tu fiesta —esa fiesta que vivimos una sola vez—
por tener ese disfuncional salvoconducto llamado «familia»
que no es más que puta, perdón, pura materia
que aprovecha tu energía
para excitar sus miserables orbitales.

Y disfruta, Alice, de la superposición natural de tu ser.
Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a colapsarnos
con sus medidas caprichosas y la mierda de sus dogmas.
Debemos ser nosotros mismos
aquí y ahora y a todo lo ancho
de este vastísimo océano cósmico.
No depongamos jamás las crestas de nuestras ondas
ante los designios de quienes se creen en posesión de la verdad.
Estamos rodeados de dioses y profetas, genocidas matéricos
que necesitan el aceite de nuestra luz. ¡Que les jodan!
No te dejes colapsar jamás
y vuela desnuda, ¡vuela!
Y que tu rastro azul de lapislázuli
deje en los labios de este mundo
el brillo de un mundo mejor.

Y Alice y Bob —y yo también— nos abrazamos,
porque aquellos dos corpúsculos
son la trenza de luz azul a la que me aferro
en estas noches de ventana cerrada
en las que ya todo me da igual.

Alice, me han contado que han abierto un bar
cerca de la estrella Antares, en la constelación de Escorpio,
a unos pocos años luz. Al parecer está todo bañado de rojo,
¿qué te parece si tomamos la última copa allá?

Estaban llegando al bar cuando desde la altura divisaron
un lago inmenso con un médano escarlata
que lo cicatrizaba de lado a lado.

Bob, hace tanto tiempo que no me baño desnuda
de noche, en un mar de carmines.

Y se tumbaron los dos haciéndose los vivos,
dejándose flotar.
Las palabras atravesaban aquel manto acuoso
desvistiéndose del tiempo,
mudándose así a los sonidos de la infancia...
Las risas de los amigos, el grito vital de la madre ordenando
que ya era hora de merendar, las olas azules de agosto
rompiendo contra la playa,
el canto de los pájaros en los bosques del norte
y la brisa dulce atravesando las higueras del barrio.

Y allí estuvieron mis dos almas charlando hasta el amanecer
con el lenguaje de esa luz desnuda,
de esa luz entera,

que nos llega sin sombra.​


Kalkbadan
Madrid, 17 de septiembre de 2022

Como siempre una lectura para guardar. Las lecturas viene a veces cuando las necesitas, como por arte de magia, la encuentras cuando sintonizas con lo que dice, y parece escrita para tus ojos.
Así me he sentido recorriendo tu espacio y no sabes el bien que me ha hecho leerte.
Como siempre un verdadero placer.
Un abrazo , Andreas
Isabel
 
Última edición:
Romper con las ataduras exteriores e interiores que nos creamos o nos pretenden imponer, con los enlaces tóxicos, canalizar positivamente la incertidumbre y el miedo, encontrar una armonía entre todos nuestros yoes... en definitiva, aprender a ser feliz a pesar de... Ufff, casi nada, Andreas. y es que somos humanos, nada más (y nada menos), en una vida y un mundo enormemente duros y complejos y en constante cambio.
Supongo que el único modo es la resiliencia, una resiliencia generada desde una lucidez y armonía interior importantes. Muchos lo "llevan bien" limitando (adrede o "innatamente") el pensar y/o analizar demasiado las cosas, para otros eso es imposible o no resulta fácil (estos segundos lo tienen bastante más complicado).
Seguramente lo mejor será visitar con cierta frecuencia ese bar y ese lago con un médano escarlata cerca de la estrella Antares ;)
Una poesía estupenda y muy bella, compañero, y genialmente construida a partir de Bob y Alice (la mecánica cuántica parece fascinante pero es demasiado compleja para mí)
Mis felicitaciones y un fuerte abrazo, Andreas.
 
AZUL

Alfred, haz el favor de servirnos un par de jarras de cerveza.
Hacía tiempo que Alice y Bob no coincidían, pero daba igual
porque tenían esa relación propia de los amigos de la niñez
con los que a pesar de los años y la lejanía que imprimen
las jodidas cartas que reparte el crupier cósmico
siguen siendo los mismos mocosos adorables
con los que te mordías los morros en el parvulario

Alice y Bob callaban mientras bebían
en una secuencia de tragos largos
aislados del mundo entero en la nube musical
de aquel bar, con sus miradas clavadas
en los cromáticos armarios preñados de licor
que se alzaban frente a ellos.

De pronto, Alice, giró su silla hacia Bob y empezó a hablar.
Sabes, Bob, no soporto la incertidumbre que me embarga
cuando siento que no tengo a nadie que me quiera.
A veces tengo la impresión de que estoy perdiendo el rumbo…
Sí, ya sé que mis hijos me quieren y que tú me quieres,
¿pero quién me salva de ser huérfana de mí misma?
Demasiado corazón, demasiada mente…, ¡corazón o mente!,
pero yo quiero corazón y mente,
sin la puta «o» de un horizonte de sucesos
partiendo mi ser en dos
con el mismo corte dorsal y preciso
con el que un artesano japonés despieza un atún.
Estoy cansada de tanto remar, Bob.
Literalmente, no puedo más.

Pero Alice, debes manejarte en esta incertidumbre.
Quizá tu angustia provenga de los remos que sujetas;
¿has probado abandonarte a la deriva?,
¿tratar de estar presente en la ausencia?
Si lo logras notarás, entonces, cómo escapas
de esta cárcel estática y binaria que te retiene
y te adentrarás en la clarividencia de la dispersión y la quiralidad.

Además, compañera, debes retomar
los entrelazamientos que te hacen bien
y romper, a su vez, con los enlaces tóxicos.
Rompe con esa ponzoña que se cree con el derecho
de reventar tu fiesta —esa fiesta que vivimos una sola vez—
por tener ese disfuncional salvoconducto llamado «familia»
que no es más que puta, perdón, pura materia
que aprovecha tu energía
para excitar sus miserables orbitales.

Y disfruta, Alice, de la superposición natural de tu ser.
Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a colapsarnos
con sus medidas caprichosas y la mierda de sus dogmas.
Debemos ser nosotros mismos
aquí y ahora y a todo lo ancho
de este vastísimo océano cósmico.
No depongamos jamás las crestas de nuestras ondas
ante los designios de quienes se creen en posesión de la verdad.
Estamos rodeados de dioses y profetas, genocidas matéricos
que necesitan el aceite de nuestra luz. ¡Que les jodan!
No te dejes colapsar jamás
y vuela desnuda, ¡vuela!
Y que tu rastro azul de lapislázuli
deje en los labios de este mundo
el brillo de un mundo mejor.

Y Alice y Bob —y yo también— nos abrazamos,
porque aquellos dos corpúsculos
son la trenza de luz azul a la que me aferro
en estas noches de ventana cerrada
en las que ya todo me da igual.

Alice, me han contado que han abierto un bar
cerca de la estrella Antares, en la constelación de Escorpio,
a unos pocos años luz. Al parecer está todo bañado de rojo,
¿te apetece tomarte la última copa allá?

Estaban llegando al bar cuando desde la altura divisaron
un lago inmenso con un médano escarlata
que lo cicatrizaba de lado a lado.

Bob, hace tanto tiempo que no me baño desnuda
de noche, en un mar de carmines.

Y se tumbaron los dos haciéndose los vivos,
dejándose flotar.
Las palabras atravesaban aquel manto acuoso
desvistiéndose del tiempo,
mudándose así a los sonidos de la infancia...
Las risas de los amigos, el grito vital de la madre ordenando
que ya era hora de merendar, las olas azules de agosto
rompiendo contra la playa,
el canto de los pájaros en los bosques del norte
y la brisa dulce atravesando las higueras del barrio.

Y allí estuvieron mis dos almas charlando hasta el amanecer
con el lenguaje de esa luz desnuda,
de esa luz entera,

que nos llega sin sombra.​


Kalkbadan
Madrid, 17 de septiembre de 2022

De la física filosófica, a la teórica y luego la experimental...

La ciencia ha demostrado a lo largo de su historia que todo fenómeno es válido dentro de parámetros delimitados. Fuera de tales parámetros el fenómeno inicial cambia.
Es importante entonces entender no solo los fenómenos sino también conocer los límites dimensionales de los mismos. Cada ley estipulada es válida dentro de sus parámetros... e inválida fuera de los mismos.

Si en un sistema se dan coincidencias de entornos pertenecientes a otros sistemas, entonces nos resbalamos con las cáscaras de bananas intergalacticas y estrellamos la realidad de bruces. Resulta así la imposibilidad de un proceso adiabático... y peor aún si se dan procesos de replicación automática a distancia sin ningún tipo de conexión.

La belleza del sistema solar más simple dentro de un átomo de hidrógeno, o la compleja estructura de interrelaciones gravitacionales como hilos de tensión igual que las dendritas de un cerebro.

Existen tanto analogías falsas como verdaderas. Sea que las llames ilusión o certeza... son todas meras percepciones.

Así que la mejor opción resulta optar por hacer feliz y así luego ser feliz.
Cualquier otra salida es una necedad.

Lo complicado es la indiferencia que impide apreciar la felicidad ajena.
Lo trágico es la mezquindad como fuente de propia alegría.

¿De qué sirve la ciencia sin la capacidad de emocionar?
¿Igual servirá la retórica vacía de conocimiento?

(Si una espina me hiere - Amado Nervo).​
Un abrazo cordial compañero de letras Kalkbadan.
 
Última edición:
Como siempre una lectura para guardar. Las lecturas viene a veces cuando las necesitas, como por arte de magia, la encuentras cuando sintonizas con lo que dice, y parece escrita para tus ojos.
Así me he sentido recorriendo tu espacio y no sabes el bien que me ha hecho leerte.
Como siempre un verdadero placer.
Un abrazo , Andreas
Isabel
¡Querida Isabel! No sabes cómo me alegra saber que estos versos te llegaron en el momento justo. Además, precisamente, estas letras fueron concebidas con un propósito esencialmente sanador... Qué importante, compañera, esa dialéctica de TODOS en UNO que nos permite comprendernos (algo más) y avanzar. Es un gusto coincidir en la vida con gente que mantiene una frecuencia ajustada a tu color. Gracias, como siempre, por la ternura.
Un abrazo enorme, amiga.
 
Romper con las ataduras exteriores e interiores que nos creamos o nos pretenden imponer, con los enlaces tóxicos, canalizar positivamente la incertidumbre y el miedo, encontrar una armonía entre todos nuestros yoes... en definitiva, aprender a ser feliz a pesar de... Ufff, casi nada, Andreas. y es que somos humanos, nada más (y nada menos), en una vida y un mundo enormemente duros y complejos y en constante cambio.
Supongo que el único modo es la resiliencia, una resiliencia generada desde una lucidez y armonía interior importantes. Muchos lo "llevan bien" limitando (adrede o "innatamente") el pensar y/o analizar demasiado las cosas, para otros eso es imposible o no resulta fácil (estos segundos lo tienen bastante más complicado).
Seguramente lo mejor será visitar con cierta frecuencia ese bar y ese lago con un médano escarlata cerca de la estrella Antares ;)
Una poesía estupenda y muy bella, compañero, y genialmente construida a partir de Bob y Alice (la mecánica cuántica parece fascinante pero es demasiado compleja para mí)
Mis felicitaciones y un fuerte abrazo, Andreas.
¡Querido Luis! Desde luego, amigo... No es cosa fácil. Todos, en mayor o menor medida, nos cobijamos en nuestras identidades "refugio" haciendo el avestruz. Un amigo que es un gran aforista, Juanlu Mora, recuerdo que tenía este puñado de versos que vienen al caso:
"Con el tiempo el pájaro en mano empieza a picotearte los dedos"
Desde luego el planazo del bar es imbatible y probablemente lo más eficaz que podamos hacer, jaja.
La física cuántica es literalmente una fumada que no somos capaces ni de verbalizar. Richard Feynman dejó para la posteridad la frase siguiente: «Creo que puedo asegurar con seguridad que nadie entiende la mecánica cuántica».
Lo "jodido" es que esa retórica ultraprocesada de nuestra ignorancia trata acerca de lo que parece ser que nos constituye.
Pero lo sugerente para mí en todo este tinglado de la física cuántica es que sus "propiedades" muestran una analogía fuerte con la conducta humana. Y eso me parece enigmático y bello.
Muchas gracias por dejar tu valiosa huella, compañero.
¡Un abrazo enorme!
 
Es difícil que un reflejo de luz nos atraviese de manera estática y permanezca fija; como es difícil que no tengamos momentos en que nos sentimos vacíos, desnudos ante el universo.
Es un magnífico poema del que se podría especular mucho porque abarca campos muy importantes...
Me trae a la mente la imposibilidad de la paradoja de Arrow; también de ese carbono que se sale de la simetría... y es que sí, hay momentos en que somos ese carbono que se siente discordante, que no cuadra y en este infinito mundo de vacíos y/o de variables ocultas tal vez se puedan reproducir todas las predicciones de la mecánica cuántica.
Ya quisiera yo escribir así con tantos conceptos que terminan enredando nuestra mente. Es un placer pasar a leerte, compañero, te dejo un fuerte abrazo.
 
Última edición:
AZUL

Alfred, haz el favor de servirnos un par de jarras de cerveza.
Hacía tiempo que Alice y Bob no coincidían, pero daba igual
porque tenían esa relación propia de los amigos de la niñez
con los que a pesar de los años y la lejanía que imprimen
las jodidas cartas que reparte el crupier cósmico
siguen siendo los mismos mocosos adorables
con los que te mordías los morros en el parvulario

Alice y Bob callaban mientras bebían
en una secuencia de tragos largos
aislados del mundo entero en la nube musical
de aquel bar, con sus miradas clavadas
en los cromáticos armarios preñados de licor
que se alzaban frente a ellos.

De pronto, Alice, giró su silla hacia Bob y empezó a hablar.
Sabes, Bob, no soporto la incertidumbre que me embarga
cuando siento que no tengo a nadie que me quiera.
A veces tengo la impresión de que estoy perdiendo el rumbo…
Sí, ya sé que mis hijos me quieren y que tú me quieres,
¿pero quién me salva de ser huérfana de mí misma?
Demasiado corazón, demasiada mente…, ¡corazón o mente!,
pero yo quiero corazón y mente,
sin la puta «o» de un horizonte de sucesos
partiendo mi ser en dos
con el mismo corte dorsal y preciso
con el que un artesano japonés despieza un atún.
Estoy cansada de tanto remar, Bob.
Literalmente, no puedo más.

Pero Alice, debes manejarte en esta incertidumbre.
Quizá tu angustia provenga de los remos que sujetas;
¿has probado abandonarte a la deriva?,
¿tratar de estar presente en la ausencia?
Si lo logras notarás, entonces, cómo escapas
de esta cárcel estática y binaria que te retiene
y te adentrarás en la clarividencia de la dispersión y la quiralidad.

Además, compañera, debes retomar
los entrelazamientos que te hacen bien
y romper, a su vez, con los enlaces tóxicos.
Rompe con esa ponzoña que se cree con el derecho
de reventar tu fiesta —esa fiesta que vivimos una sola vez—
por tener ese disfuncional salvoconducto llamado «familia»
que no es más que puta, perdón, pura materia
que aprovecha tu energía
para excitar sus miserables orbitales.

Y disfruta, Alice, de la superposición natural de tu ser.
Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a colapsarnos
con sus medidas caprichosas y la mierda de sus dogmas.
Debemos ser nosotros mismos
aquí y ahora y a todo lo ancho
de este vastísimo océano cósmico.
No depongamos jamás las crestas de nuestras ondas
ante los designios de quienes se creen en posesión de la verdad.
Estamos rodeados de dioses y profetas, genocidas matéricos
que necesitan el aceite de nuestra luz. ¡Que les jodan!
No te dejes colapsar jamás
y vuela desnuda, ¡vuela!
Y que tu rastro azul de lapislázuli
deje en los labios de este mundo
el brillo de un mundo mejor.

Y Alice y Bob —y yo también— nos abrazamos,
porque aquellos dos corpúsculos
son la trenza de luz azul a la que me aferro
en estas noches de ventana cerrada
en las que ya todo me da igual.

Alice, me han contado que han abierto un bar
cerca de la estrella Antares, en la constelación de Escorpio,
a unos pocos años luz. Al parecer está todo bañado de rojo,
¿te apetece tomarte la última copa allá?

Estaban llegando al bar cuando desde la altura divisaron
un lago inmenso con un médano escarlata
que lo cicatrizaba de lado a lado.

Bob, hace tanto tiempo que no me baño desnuda
de noche, en un mar de carmines.

Y se tumbaron los dos haciéndose los vivos,
dejándose flotar.
Las palabras atravesaban aquel manto acuoso
desvistiéndose del tiempo,
mudándose así a los sonidos de la infancia...
Las risas de los amigos, el grito vital de la madre ordenando
que ya era hora de merendar, las olas azules de agosto
rompiendo contra la playa,
el canto de los pájaros en los bosques del norte
y la brisa dulce atravesando las higueras del barrio.

Y allí estuvieron mis dos almas charlando hasta el amanecer
con el lenguaje de esa luz desnuda,
de esa luz entera,

que nos llega sin sombra.​


Kalkbadan
Madrid, 17 de septiembre de 2022

Te he encontrado:

Esta noche para Stor-Kälkbådan, muy nuboso. Posibles chubascos. Las temperaturas oscilarán entre 11 y 10°C durante el dia.

La fiabilidad de la situación es alta.


Kiss baby.
 
Es difícil que un reflejo de luz nos atraviese de manera estática y permanezca fija; como es difícil que no tengamos momentos en que nos sentimos vacíos, desnudos ante el universo.
Es un magnífico poema del que se podría especular mucho porque abarca campos muy importantes...
Me trae a la mente la imposibilidad de la paradoja de Arrow; también de ese carbono que se sale de la simetría... y es que sí, hay momentos en que somos ese carbono que se siente discordante, que no cuadra y en este infinito mundo de vacíos y/o de variables ocultas tal vez se puedan reproducir todas las predicciones de la mecánica cuántica.
Ya quisiera yo escribir así con tantos conceptos que terminan enredando nuestra mente. Es un placer pasar a leerte, compañero, te dejo un fuerte abrazo.
¡Kratos! ¡Qué maravilla!
La física, y, sobre todo, esta "nueva" física es un campo fértil para las analogías, como demuestras tú mismo con tu lúcido comentario
Da gusto saberse comprendido en un poema como este:

(...) también de ese carbono que se sale de la simetría... y es que sí, hay momentos en que somos ese carbono que se siente discordante, que no cuadra y en este infinito mundo de vacíos y/o de variables ocultas tal vez se puedan reproducir todas las predicciones de la mecánica cuántica.

El placer es mío, compañero.
¡Un fuerte abrazo!
 
Te he encontrado:

Esta noche para Stor-Kälkbådan, muy nuboso. Posibles chubascos. Las temperaturas oscilarán entre 11 y 10°C durante el dia.

La fiabilidad de la situación es alta.

Kiss baby.

Compañera! La verdad es que ocupamos el espacio-tiempo en toda su plenitud, aquí y ahora. Superposición universal.
Pero sí, quiero recordar que en algún chispazo temporal mi campana de propensiones colapsó en aquellas tierras de gneis, banquisas y abedules.
Kiss!!
 
AZUL

Alfred, haz el favor de servirnos un par de jarras de cerveza.
Hacía tiempo que Alice y Bob no coincidían, pero daba igual
porque tenían esa relación propia de los amigos de la niñez
con los que a pesar de los años y la lejanía que imprimen
las jodidas cartas que reparte el crupier cósmico
siguen siendo los mismos mocosos adorables
con los que te mordías los morros en el parvulario

Alice y Bob callaban mientras bebían
en una secuencia de tragos largos
aislados del mundo entero en la nube musical
de aquel bar, con sus miradas clavadas
en los cromáticos armarios preñados de licor
que se alzaban frente a ellos.

De pronto, Alice, giró su silla hacia Bob y empezó a hablar.
Sabes, Bob, no soporto la incertidumbre que me embarga
cuando siento que no tengo a nadie que me quiera.
A veces tengo la impresión de que estoy perdiendo el rumbo…
Sí, ya sé que mis hijos me quieren y que tú me quieres,
¿pero quién me salva de ser huérfana de mí misma?
Demasiado corazón, demasiada mente…, ¡corazón o mente!,
pero yo quiero corazón y mente,
sin la puta «o» de un horizonte de sucesos
partiendo mi ser en dos
con el mismo corte dorsal y preciso
con el que un artesano japonés despieza un atún.
Estoy cansada de tanto remar, Bob.
Literalmente, no puedo más.

Pero Alice, debes manejarte en esta incertidumbre.
Quizá tu angustia provenga de los remos que sujetas;
¿has probado abandonarte a la deriva?,
¿tratar de estar presente en la ausencia?
Si lo logras notarás, entonces, cómo escapas
de esta cárcel estática y binaria que te retiene
y te adentrarás en la clarividencia de la dispersión y la quiralidad.

Además, compañera, debes retomar
los entrelazamientos que te hacen bien
y romper, a su vez, con los enlaces tóxicos.
Rompe con esa ponzoña que se cree con el derecho
de reventar tu fiesta —esa fiesta que vivimos una sola vez—
por tener ese disfuncional salvoconducto llamado «familia»
que no es más que puta, perdón, pura materia
que aprovecha tu energía
para excitar sus miserables orbitales.

Y disfruta, Alice, de la superposición natural de tu ser.
Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a colapsarnos
con sus medidas caprichosas y la mierda de sus dogmas.
Debemos ser nosotros mismos
aquí y ahora y a todo lo ancho
de este vastísimo océano cósmico.
No depongamos jamás las crestas de nuestras ondas
ante los designios de quienes se creen en posesión de la verdad.
Estamos rodeados de dioses y profetas, genocidas matéricos
que necesitan el aceite de nuestra luz. ¡Que les jodan!
No te dejes colapsar jamás
y vuela desnuda, ¡vuela!
Y que tu rastro azul de lapislázuli
deje en los labios de este mundo
el brillo de un mundo mejor.

Y Alice y Bob —y yo también— nos abrazamos,
porque aquellos dos corpúsculos
son la trenza de luz azul a la que me aferro
en estas noches de ventana cerrada
en las que ya todo me da igual.

Alice, me han contado que han abierto un bar
cerca de la estrella Antares, en la constelación de Escorpio,
a unos pocos años luz. Al parecer está todo bañado de rojo,
¿te apetece tomarte la última copa allá?

Estaban llegando al bar cuando desde la altura divisaron
un lago inmenso con un médano escarlata
que lo cicatrizaba de lado a lado.

Bob, hace tanto tiempo que no me baño desnuda
de noche, en un mar de carmines.

Y se tumbaron los dos haciéndose los vivos,
dejándose flotar.
Las palabras atravesaban aquel manto acuoso
desvistiéndose del tiempo,
mudándose así a los sonidos de la infancia...
Las risas de los amigos, el grito vital de la madre ordenando
que ya era hora de merendar, las olas azules de agosto
rompiendo contra la playa,
el canto de los pájaros en los bosques del norte
y la brisa dulce atravesando las higueras del barrio.

Y allí estuvieron mis dos almas charlando hasta el amanecer
con el lenguaje de esa luz desnuda,
de esa luz entera,

que nos llega sin sombra.​


Kalkbadan
Madrid, 17 de septiembre de 2022
Pues al final va ser algún fenómeno cuántico el que me ha conducido (de nuevo) hasta este poema, Andreas.
Mira que hace meses que no te leía, entro en tu biblioteca y elijo precisamente este..... y cuánto me alegra haberlo hecho porque, como muy bien dices, es liberador. Lo cierto es que no lo recordaba :oops: (por lo visto tengo memoria de pez) y al leerlo me ha emocionado mucho. Qué buen cuerpo deja y cómo reconforta su lectura, muchas gracias.
Otro valor añadido a tus poemas son los interesantes comentarios de otros compañeros y tus respuestas. Para mi, eso es todo un lujo. :)
Yo en su día no lo comentaría porque no tengo mucho conocimiento y soy un poco torpe a la hora de expresarme. :confused:
Por otra parte, lo que dices en una respuesta que sientes cuando haces el muerto en el mar me ha llamado la atención. A mi me pasa que cuando salgo con las gafas de buceo y voy por el mar flotando viendo peces es como entrar en otra dimensión, algo primitivo y muy gratificante. Tú lo has definido como.... "Un lenguaje puro y sanador. Una luz sin sombra" .... cómo se nota que eres poeta. ;)
Un abrazo.
Javier
 

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