Miro al nocturno cielo con tristeza,
desde hace tiempo en crear me afano;
mi osada fantasía de profano
pide a Orión que abandone su crudeza.
Lo imagino atrapando la belleza,
ya sin arco, sin armas en su mano,
sintiendo la emoción de ser humano,
descubriendo al poeta y su grandeza.
En la mente del hombre, prodigiosa,
coexisten en la bóveda celeste,
monstrüosos dragones con doncellas.
Contemplo el infinito de Este a Oeste
y la noche me muestra generosa
luciérnagas libando en las estrellas.
Última edición: