Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Nunca le preguntes a un dios
o a un filósofo qué es la vida,
porque el primero
te robará la cartera
y el segundo te encerrará
para siempre en una caverna.
Tampoco se te ocurra hacérsela
a un político -te buscará la ruina-
ni a un policía -te aplicará
la ley mordaza-.
Has de interrogar a los que saben
de fríos inviernos dentro
de sus casas, de pelotas
de goma impactando
contra sus cuerpos,
de salarios que nunca
llegan a fin de mes,
de lenguas de fuego llevándose
por delante cientos de biografías
o de plazas que sirven de refugio
a las sombras desahuciadas, pobres
de pan y de solemnidad;
pregúntales a todos ellos qué es la vida,
que te responderán como una sola voz,
pues saben lo que es luchar sin cuartel
por la supervivencia
para acabar recogiendo tristes escombros,
tristes, sin esquirlas brillantes
que puedan concederles
un poco de tregua y algo de hermosura
a una existencia de mierda por cuyos boquetes
supuran sus entrañas y cientos de noches en vela.
o a un filósofo qué es la vida,
porque el primero
te robará la cartera
y el segundo te encerrará
para siempre en una caverna.
Tampoco se te ocurra hacérsela
a un político -te buscará la ruina-
ni a un policía -te aplicará
la ley mordaza-.
Has de interrogar a los que saben
de fríos inviernos dentro
de sus casas, de pelotas
de goma impactando
contra sus cuerpos,
de salarios que nunca
llegan a fin de mes,
de lenguas de fuego llevándose
por delante cientos de biografías
o de plazas que sirven de refugio
a las sombras desahuciadas, pobres
de pan y de solemnidad;
pregúntales a todos ellos qué es la vida,
que te responderán como una sola voz,
pues saben lo que es luchar sin cuartel
por la supervivencia
para acabar recogiendo tristes escombros,
tristes, sin esquirlas brillantes
que puedan concederles
un poco de tregua y algo de hermosura
a una existencia de mierda por cuyos boquetes
supuran sus entrañas y cientos de noches en vela.
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