Amor en el metro de Madrid

Mira te dejo aquí una canción de Rockdrigo González, "Estación del metro Balderas", el fue un cantante de Rock que murió en el temblor del 19 de septiembre de 1985, el peor que ha habido en la ciudad de México. Espero te guste.

Está chula la canción, un poco en plan Bob Dylan (a lo mexicano :)). Me gustó, gracias por traerla.
Te dejo una canción de Sabina versionada genialmente por Antonio Flores (murió a los 33 por las drogas), a lo mejor la conoces. Un abrazo.

 
`
Amo el metro y los trenes de cercanías.

Viajar en los trenes de Madrid es poesía pura
en vena.

Los prefiero con abundante pasaje
pero tampoco demasiado llenos.

Últimamente los utilizo
cuando tengo que ir a algún doctor especialista
o resolver algún impertinente asunto burocrático.

El gobierno se ha empeñado en jubilar mi coche
y ambos nos lo tomamos con resignación.
-Ay compañero, "amico firmo nil emi melius"
que lo sepas-


Antes de Cristo antes de mi Opel Corsa gti
-que corría como el diablo sin abs y sin airbags
y sin radares y sin controles de alcoholemia-
y antes de mi primer invierno nuclear
yo viajaba mucho en metro y buses,
¡jóder, cuánto ha llovido de eso!

Sí, amo viajar bajo las calles
y los edificios de la ciudad;
todos son felices en los andenes y vagones
en esta nación de luz led y de ratas discretas,
de felicidad y amor subterráneos.

Solo faltan los pájaros,
si hubiera pájaros sería la nación perfecta.

Los jóvenes conversan y ríen
en parejas o grupos,
con sus teléfonos móviles, todos
teclean religiosamente y a la velocidad de la luz,

teclean, ríen, hablan y aman sin parar
abducidos por sus silícicos apéndices,
finos y modernos, Apple, japoneses o coreanos.
Jóvenes y teléfonos móviles son uno
en este siglo.

Y es que todos los jóvenes son hermosos,
todos los jóvenes son buena gente,
todos los jóvenes son poetas en potencia.

En el metro todos los pasajeros son felices
hasta los que tienen caras serias y se miran
en el cristal de las ventanas de los vagones
o leen un libro o el periódico o sus contratos
de trabajo o los resultados de sus analíticas de sangre.

Miles de almas ateas, creyentes, agnósticas,
de izquierdas de centro y de derechas,
chicas con deportivas más grandes que ellas,
viejos con mirada tan cansada
como los hepatocitos de España,
almas internacionales, sin gluten,
con arena de mar, espías de Andrómeda...

Todos son felices y yo tan feliz.

Y son felices porque en el metro no existe la soledad.
Y son felices porque si de repente uno se desmaya
si te da una lipotimia o te da un infarto
o incluso si saltas a las vías en un ataque
de supremo bajón existencial
todos te van a ayudar, van a pedir ayuda
con sus bonitos y modernos teléfonos móviles,

van a ponerse nerviosos
algunos van a llorar a gritar a preocuparse por ti
van a detener el tren
y van a dejar de reír y de guasapear
y de charlar alegremente sobre sus cosas.
Te van a ayudar a ti y te van a amar a ti,
porque si Dios existe, no lo dudes, va en metro.

El metro y los trenes de cercanías
son el verdadero ministerio de la Solidaridad
de este puto mundo.

Si hubiera una guerra y bombardeos,
y si hubiera un terremoto devastador,
o una guerra y a los meses un terremoto de 7,9
todos, juntos en los largos y bellos pasillos del metro,
ayudándose unos a otros como hermanos
como hermanos que antes, arriba, no lo eran.

Aunque aquí no hay guerras y terremotos
juntos, esas cosas ocurren en lugares
donde no hay metro ni suerte,
pero ahora estamos hablando del metro de Madrid.

Falsos mapas del tesoro y relatos cortos
pegados en la pared de los vagones.
A veces entra un músico y resume
algún great hit de Dylan o el viejo Leonard
que sorprende y emociona al personal
(y les afloja el corazón y los bolsillos)

Ahora dejan viajar a los perros con sus dueños,
si mi Bart estuviera aún conmigo le llevaría en metro,
solo para que lo conociera,
y seguro montaría La Revolución
y algunos pasajeros ya no serían tan felices,
pero yo sí.

No estaría mal morirse en el metro,
un buen lugar para morir: rodeado de amor,
de gente feliz que nunca te dejarán solo,
porque en el metro no hay soledad;
... rodando, volando sobre las vías
a través de los túneles y entre publicidad
mil colores y una voz de mujer suave,
robótica -casi divina-

anunciándote amable la próxima estación.

_______
Y luego están los túneles largos y con mucho aire, y el frío que hace en ellos... es muy bonito tu poema; como la vida en el metro.
 
Y luego están los túneles largos y con mucho aire, y el frío que hace en ellos... es muy bonito tu poema; como la vida en el metro.

Nunca he recorrido los túneles fuera del tren, pero imagino que debe hacer frío en ellos. Me alegra que te pareciera bonito el poema, Maroc. Gracias, poeta. Un saludo.
 
Va una canción mu bonita para acompañar el pancho, buen provecho ;)


José María Granados, no le conocí de nada (mentira, iba mucho por el Penta).

Esta canción me pasó textualmente (amor y metro; como tu poema). La conocí en 198... Los envidiosos la llamaban guarra, llevaba ropa muy ajustada, porque podía lucir tipo... pasó una noche, luego otra, los domingos por la mañana íbamos al Rastro, a desayunar a La Bobia, era madrileña.

Diez años después, o más (“hora punta en el metro”). Se sentó frente a mí... claro que me reconoció, conversamos un rato, no recuerdo la conversación pero me acuerdo muy bien de lo que me dijo para despedirse: “a ver cuando me vuelves a dar uno de esos besos bonitos que tú sabes dar” (un amor de mujer, cajera de un supermercado, esa se vestía por los pies)o_O.
 
Última edición:
José María Granados, no le conocí de nada (mentira, iba mucho por el Penta).

Esta canción me pasó textualmente (amor y metro; como tu poema). La conocí en 198... Los envidiosos la llamaban guarra, llevaba ropa muy ajustada, porque podía lucir tipo... pasó una noche, luego otra, los domingos por la mañana íbamos al Rastro, a desayunar a La Bobia, era madrileña.

Diez años después, o más (“hora punta en el metro”). Se sentó frente a mi... claro que me reconoció, conversamos un rato, no recuerdo la conversación pero me acuerdo muy bien de lo que me dijo para despedirse: “a ver cuando me vuelves a das uno de esos besos bonitos que tú sabes dar” (un amor de mujer, cajera de un supermercado, esa se vestía por los pies)o_O.

Yo conocí ya en su última época el Rockola, el Penta, etc., tenía colegas punks, rockers, mods... y a través de estos últimos escuché a Granados (Mamá), "El último bar" es una verdadera joya de LP.
Una bonita historia, Maroc. Realmente fue una época muy especial y muy divertida en Madrid. Un cordial saludo.
 
Está chula la canción, un poco en plan Bob Dylan (a lo mexicano :)). Me gustó, gracias por traerla.
Te dejo una canción de Sabina versionada genialmente por Antonio Flores (murió a los 33 por las drogas), a lo mejor la conoces. Un abrazo.

Se nota que eres madrileño y de mi generación. Conocí a Joe, el cantante de tu avatar, en el Agapo... estaba muy cerca de El Palentino (Pez, pero no en esa calle).

Sabina era mi vecino del cuarto (yo del primero) en Tabernillas, cuando La Mandrágora y el "Malas compañías" (1980)... de esto sabrá algo Mamen. Antonio... a Antonio no lo conocí de nada (otra mentira), ni a Enrique Urquijo, era muy despistado (sé que te gusta mucho), dicen que murió en un portal de Malasaña, según la policía (que lo sabe todo), apareció acostado boca arriba, con las manos cruzadas sobre el abdomen y la cazadora puesta como almohada... se diría que alguien lo colocó ahí con delicadeza (mejor no fantasear; la calle es muy chivata)... aivá, y Antonio V. y su coche rojo, o a José Soto, "Sorderita", un "mindundis" que sabe "algo" de flamenco, un chaval muy discreto, buena gente... o a Pino Sambataro (batería), tocaba con él en el Café Maravillas; otro "mindundis" de la música, por allí también iba Enrique, y muchos otros... qué sé yo... los Tam-tam-go (o como se llamen, muy presumidos jajaja), y Mani Moure (o Many, no sé... "Mi aguita amarilla", dueño del Yas´ta y bajista)... Malik (saxofonista norteamericano), por el Populart, Retiro o Preciados... no era muy bueno, pero sabía el Real Book de memoria (las armonías, que es lo importante para improvisar jazz) y daba trabajo a muchos músicos españoles, como a M. A. Chastang, entre otros... en el parque decían que era peor que yo; no valía para el folk; sencillez, mayores, menores, pentatónica y algún cromatismo... se rayaba y hacía mucho ruido con su boquilla metálica (yo por entonces tocaba con una de pasta, clásica)...

El clarinetista italiano siempre tocaba la misma, con mucha cara se hacía todas las terrazas de El Retiro tocando la misma... no es saxofonista (con el alto hace ruido, al tenor no le sacó ni una nota... decía que la caña estaba blanda, claro, si tocas cuatro horas seguidas la caña tiene que ser blanda, sino te rompe los labios, salen calenturas... tocar ocho horas en un túnel o una calle no es hacer cuatro terrazas ni tocar una hora el clarinete con un cuarteto de cuerda (las he hecho, las terrazas, dan dinero pero molestas a la gente). Su lectura a primera, con el alto, es mala, la mía peor (me olvidé pero no fanfarroneo).

Los chicos de la "película"(probablemente de la "Escuela de Música Creativa", un combo) venían con un blues preparado en mi-la (donde tocan los malos guitarristas). Son tonos muy buenos para lucirse con el alto, pero malísimos para el tenor, le dije que si me lo cambiaba, no quiso, claro... ¿qué hacer...?: desafinar mucho para que se vayan lo antes posible y te dejen trabajar; sacar perras, que es a lo que se va a la calle, sino resulta tocar fuera de tono, de la armadura, y sino resulta haces como que se te rompió la caña y dejas de tocar... se fueron rápido y muy contentos (no hay que abusar de los niños), se ganaron su dinero y se tragaron el sapo.

Por cierto, el alto es para nenes de grado medio, el tenor es un saxo de verdad (preguntar a Iturralde o Stan Getz), pesa mucho, la embocadura es tela de jodida, te rompe la espalda, las cervicales y la boca (no digamos un barítono, que no se ve en la calle, ni en el metro... demasiado). Solo he conocido a dos que hicieran algo con el alto: "El Niño", de los Skarlatines?(David, de Móstoles), y un italiano hace mucho, mucho (había dado la vuelta al mundo tocando)... claro y "El Pajaro" y algún latino como Paquito de Rivera... habrá más, por si es poco.
 
Última edición:
Yo conocí ya en su última época el Rockola, el Penta, etc., tenía colegas punks, rockers, mods... y a través de estos últimos escuché a Granados (Mamá), "El último bar" es una verdadera joya de LP.
Una bonita historia, Maroc. Realmente fue una época muy especial y muy divertida en Madrid. Un cordial saludo.
Tengo el primer disco de Mamá; es un EP con cuatro canciones, sólo salieron cinco mil copias... creo que vale algo; esta descatalogado y es absolutamente imposible de encontrar.
 
Tengo el primer disco de Mamá; es un EP con cuatro canciones, sólo salieron cinco mil copias... creo que vale algo; esta descatalogado y es absolutamente imposible de encontrar.

Uf, si empezamos a hablar de música no paro ;), yo pasé de los Beatles, Barón rojo y Leño, a los Siniestro, la Polla records, Kortatu y los Toy Dolls. Después y hasta ahora al rock alternativo británico y australiano (Midnight Oil son mis favoritos),
Pero sí, Mamá, Urquijo, Pistones, 091, Glutamato, el "Loco" y Antonio Vega (como los Queen o Pink Floyd) y claro, los Clash, siempre tendrán un lugar de honor en mi corazón musical. ... Y no sigo que al final me van a echar la bronca por charlar en el poema, jeje.

 
Uf, si empezamos a hablar de música no paro ;), yo pasé de los Beatles, Barón rojo y Leño, a los Siniestro, la Polla records, Kortatu y los Toy Dolls. Después y hasta ahora al rock alternativo británico y australiano (Midnight Oil son mis favoritos),
Pero sí, Mamá, Urquijo, Pistones, 091, el "Loco" y Antonio Vega (como los Queen o Pink Floyd) siempre tendrán un lugar de honor en mi corazón musical. ... Y no sigo que al final me van a echar la bronca por charlar en el poema, jeje.
Sí, mejor nos callamos porque nos pueden reportar... aventuritas de los abuelos.:rolleyes:
 
Creo que la genialidad también viaja en el metro de Madrid a través de tus letras Luis. Es curioso como la felicidad puede trasladarse por el subsuelo y crear tanta complicidad entre la condición humana en un espacio tan reducido y tan alejado de la luz solar. Es sorprendente que la soledad esté desterrada en todos esos vagones que apenas paran unos minutos en cada estación ajenos a la desdicha. Por momentos he sentido solidaridad y la sensación de ser una espectadora privilegiada sentada en la primera fila al lado de la puerta automática con el vaivén de tus letras.
Un VERDADERO placer leerte
Saludos
 
Creo que la genialidad también viaja en el metro de Madrid a través de tus letras Luis. Es curioso como la felicidad puede trasladarse por el subsuelo y crear tanta complicidad entre la condición humana en un espacio tan reducido y tan alejado de la luz solar. Es sorprendente que la soledad esté desterrada en todos esos vagones que apenas paran unos minutos en cada estación ajenos a la desdicha. Por momentos he sentido solidaridad y la sensación de ser una espectadora privilegiada sentada en la primera fila al lado de la puerta automática con el vaivén de tus letras.
Un VERDADERO placer leerte
Saludos

Muchas gracias, Valentina. Este poema surgió cuando volvía a la localidad donde resido en un cercanías (los utilizo muy rara vez), y los vagones iban casi llenos de jóvenes que se dirigían a una universidad madrileña, la verdad es que me sentí viejo, jeje, pero a la vez de cierto sentimiento de nostalgia y envidieja :) también me pareció hermoso e inspirador la alegría y el buen rollo de los chavales.
Siempre me han atraído las concentraciones urbanas, en el metro, las calles del centro, los centros comerciales, en conciertos musicales, etc., (soy muy urbanita, lo confieso ;)); ... pero también el poema tiene un punto crítico e irónico, y es que esa solidaridad y empatía que pueden existir entre grupos humanos cuando coinciden en un espacio determinado luego a menudo se diluyen cuando nos alejamos y volvemos a nuestros diferentes roles sociales y personales. Me alegra mucho que te gustara, Valentina. Un abrazo.
 
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Amo el metro y los trenes de cercanías.

Viajar en los trenes de Madrid es poesía pura
en vena.

Los prefiero con abundante pasaje
pero tampoco demasiado llenos.

Últimamente los utilizo
si toca visitar a algún doctor especialista
o para resolver algún impertinente asunto
burocrático.

El gobierno se ha empeñado en jubilar mi coche
y ambos nos lo tomamos con resignación.
-Ay compañero, "amico firmo nil emi melius"
que lo sepas-


Antes de Cristo, antes de mi Opel Corsa gti
-que corría como el diablo sin abs y sin airbags
y sin radares y sin controles de alcoholemia-
y antes de mi primer invierno nuclear
yo viajaba mucho en metro y buses,
¡jóder, cuánto ha llovido de eso!

Sí, amo viajar bajo las calles
y los edificios de la ciudad;
todos son felices en los andenes y vagones
en esta nación de luz led y ratas discretas,
de felicidad y amor subterráneos.

Solo faltan los pájaros,
si hubiera pájaros sería la nación perfecta.

Los jóvenes conversan y ríen
en parejas o grupos,
con sus teléfonos móviles, todos
teclean religiosamente y a la velocidad de la luz,

teclean, ríen, hablan y aman sin parar
abducidos por sus silícicos apéndices,
finos y modernos, Apple, japoneses o coreanos.
Jóvenes y teléfonos móviles son uno
en este inquieto siglo.

Y es que todos los jóvenes son hermosos,
todos los jóvenes son buena gente,
todos los jóvenes son poetas en potencia.

En el metro todos los pasajeros son felices
hasta los que tienen caras serias y se miran
en el cristal de las ventanas de los vagones
o leen un libro o el periódico o sus contratos
de trabajo o los resultados de sus analíticas de sangre.

Miles de almas ateas, creyentes, agnósticas,
diestras, zurdas, veletas, eólicas,
chicas con deportivas más grandes que ellas,
viejos con mirada tan cansada
como los hepatocitos de España,
almas internacionales, sin gluten,
con arena de mar, espías de Andrómeda...

Todos son felices y yo tan feliz.

Y son felices porque en el metro no existe la soledad.
Y son felices porque si de repente uno se desmaya
si te da una lipotimia o te da un infarto
incluso si saltas a las vías en un ataque
de supremo bajón existencial
todos te van a ayudar, van a pedir ayuda
con sus bonitos y modernos teléfonos móviles;

van a ponerse nerviosos
algunos van a llorar a gritar a preocuparse por ti
van a detener el tren
y van a dejar de reír y de guasapear
y de charlar alegremente sobre sus cosas.
Te van a ayudar a ti, te van a amar a ti.
Porque si Dios existe, no lo dudes, va en metro.

El metro y los trenes de cercanías
son el verdadero ministerio de la Solidaridad
de este puto mundo.

Si nos bombardeara la Aviación enemiga,
si hubiera un terremoto devastador,
o una guerra y a los dos meses un terremoto de 7,6
todos, juntos, en magnánima comunión
habitando los inexpugnables pasillos del metro,
ayudándose unos a otros como hermanos
como hermanos que antes, arriba, no lo eran.

Aunque aquí no hay guerras ni terremotos
devastadores, esas cosas ocurren en lugares
donde no hay metro ni suerte,
pero ahora estamos hablando del metro de Madrid.

Falsos mapas del tesoro y relatos cortos
ilustran el interior de los vagones.
A veces entra un músico y resume
algún great hit de Dylan o el viejo Leonard
que sorprende y emociona al personal
(y les afloja el corazón y los bolsillos)

Ahora dejan viajar a los perros con sus dueños,
si mi Bart estuviera aún conmigo le llevaría en metro
solo para que lo conociera,
y seguro montaría La Revolución
y algunos pasajeros ya no serían tan felices,
pero yo sí.

No estaría mal morirse en el metro,
un buen lugar para morir: rodeado de amor
de gente feliz que nunca te dejarán solo,
porque en el metro no hay soledad;
... rodando, volando sobre las vías
a través de los túneles y entre publicidad
mil colores y una voz de mujer suave,
robótica -casi divina-

anunciándote amable la próxima estación.

_______
Nada, ya está, ya sé lo que tengo que hacer para no sentirme solo, me has iluminado.
En cuanto ponga en orden mis asuntos, que apenas tengo, voy a Madrid y de cabeza al metro.... y no me sacan de allí ni a tiros. Y venga de una punta a otra por todas las líneas con personas que me quieren de verdad. Solamente saldré al exterior en las inmediaciones del Santiago Bernabéu.... para dar vueltas alrededor del estadio los días que haya partido, porque entrar me resulta prohibitivo.
No se puede pedir más, me pongo manos a la obra. :p
Un gustazo leerte, Luis, como siempre.
Fuerte abrazo.
Javier
 
Última edición:
Soy de un país tan subdesarrollado que ni metro tenemos ,pero cuando voy en carreta tirada por bueyes, siento lo mismo viendo a la gente caminar por los senderos de la nada.
Abrazo Luis.

Me lo puedo imaginar, mi estimado Nelson, aunque nunca he viajado en una carreta de bueyes. Si un día viajara a Uruguay -ojalá- me encantaría que me invitaras a dar un paseo en una a través de esos senderos de la nada. Un abrazo compañero y gracias por tu visita.
 
Nada, ya está, ya sé lo que tengo que hacer para no sentirme solo, me has iluminado.
En cuanto ponga en orden mis asuntos, que apenas tengo, voy a Madrid y de cabeza al metro.... y no me sacan de allí ni a tiros. Y venga de una punta a otra por todas las líneas con personas que me quieren de verdad. Solamente saldré al exterior en las inmediaciones del Santiago Bernabéu.... para dar vueltas alrededor del estadio los días que haya partido, porque entrar me resulta prohibitivo.
No se puede pedir más, me pongo manos a la obra. :p
Un gustazo leerte, Luis, como siempre.
Fuerte abrazo.
Javier

Jajja eres un crack, Javier :p. ¡Pero no me jodas que eres del Madrid! jajaja. Yo he vivido algunos años cerca del Bernabéu y en esa época había muy buen ambiente por la zona, sobre todo de noche y en la Avenida de Brasil, ... pero para divertirte viendo un partido, nada como el antiguo Calderón, los del atleti somos más majetes y gente de barrio, nada que ver ;).
Y nada, amigo, cuando quieras te vienes para el foro y nos pateamos el metro :). Un fuerte abrazo colega y muchas gracias por la visita.
 
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Amo el metro y los trenes de cercanías.

Viajar en los trenes de Madrid es poesía pura
en vena.

Los prefiero con abundante pasaje
pero tampoco demasiado llenos.

Últimamente los utilizo
si toca visitar a algún doctor especialista
o para resolver algún impertinente asunto
burocrático.

El gobierno se ha empeñado en jubilar mi coche
y ambos nos lo tomamos con resignación.
-Ay compañero, "amico firmo nil emi melius"
que lo sepas-


Antes de Cristo, antes de mi Opel Corsa gti
-que corría como el diablo sin abs y sin airbags
y sin radares y sin controles de alcoholemia-
y antes de mi primer invierno nuclear
yo viajaba mucho en metro y buses,
¡jóder, cuánto ha llovido de eso!

Sí, amo viajar bajo las calles
y los edificios de la ciudad;
todos son felices en los andenes y vagones
en esta nación de luz led y ratas discretas,
de felicidad y amor subterráneos.

Solo faltan los pájaros,
si hubiera pájaros sería la nación perfecta.

Los jóvenes -ajenos aún a los big crunchs de la vida-
en parejas o grupos, conversan y ríen
con sus teléfonos móviles. Todos
teclean religiosamente y a la velocidad de la luz,

teclean, ríen, hablan y aman sin parar
abducidos por sus silícicos apéndices,
extrafinos, Apple, japoneses o coreanos.
Jóvenes y teléfonos móviles son uno
en este inquieto siglo.

Y es que todos los jóvenes son hermosos,
todos los jóvenes son buena gente,
todos los jóvenes son poetas en potencia.

En el metro todos los pasajeros son felices
hasta los que tienen caras serias y se miran
en el cristal de las ventanas de los vagones
o leen un libro o el periódico o sus contratos
de trabajo o los resultados de sus analíticas de sangre.

Miles de almas ateas, creyentes, agnósticas,
diestras, zurdas, veletas, eólicas,
chicas con deportivas más grandes que ellas,
viejos con mirada tan cansada
como los hepatocitos de España,
almas internacionales, sin gluten,
con arena de mar, espías de Andrómeda...

Todos son felices y yo tan feliz.

Y son felices porque en el metro no existe la soledad.
Y son felices porque si de repente uno se desmaya
si te da una lipotimia o te da un infarto
incluso si saltas a las vías en un ataque
de supremo bajón existencial
todos te van a ayudar, van a pedir ayuda
con sus bonitos y modernos teléfonos móviles;

van a ponerse nerviosos
algunos van a llorar a gritar a preocuparse por ti
van a detener el tren
y van a dejar de reír y de guasapear
y de charlar alegremente sobre sus cosas.
Te van a ayudar a ti, te van a amar a ti.
Porque si Dios existe, no lo dudes, va en metro.

El metro y los trenes de cercanías
son el verdadero ministerio de la Solidaridad
de este puto mundo.

Si bombardeara La Aviación enemiga,
si hubiera un terremoto devastador,
o una guerra y al mes un terremoto de 7,6
todos, juntos, en magnánima comunión
habitando los inexpugnables pasillos del metro,
ayudándose unos a otros como hermanos
como hermanos que antes, arriba, no lo eran.

Aunque aquí no hay guerras ni terremotos
devastadores, esas cosas ocurren
en lugares donde no hay metro ni suerte,
pero ahora estamos hablando del metro de Madrid.

Falsos mapas del tesoro y relatos burbuja
ilustran el interior de los vagones.
A veces entra un músico y resume
algún great hit de Dylan o el maestro Leonard
que sorprende y emociona al personal
(y les afloja el corazón y los bolsillos)

Ahora dejan viajar a los perros con sus humanos,
si mi Bart estuviera aún conmigo le llevaría en metro
solo para que lo conociera,
y seguro montaría La Revolución
y algunos pasajeros ya no serían tan felices,
pero yo sí.

No estaría mal morirse en el metro,
un buen lugar para morir: rodeado de amor
de gente feliz que nunca te dejarán solo,
porque en el metro no hay soledad;
... rodando, volando sobre las vías
a través de los túneles y entre publicidad
mil colores y una voz de mujer suave,
robótica -casi divina-

anunciándote amable la próxima estación.

_______

Muy bueno!!!

Mi admiración.

Saludos.
 
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Amo el metro y los trenes de cercanías.

Viajar en los trenes de Madrid es poesía pura
en vena.

Los prefiero con abundante pasaje
pero tampoco demasiado llenos.


El gobierno se ha empeñado en jubilar mi coche
y ambos nos lo tomamos con resignación.
-Ay compañero, "amico firmo nil emi melius"

que lo sepas-

Antes de Cristo, antes de mi Opel Corsa gti
-que corría como el diablo sin abs y sin airbags
y sin radares y sin controles de alcoholemia-
y antes de mi primer invierno nuclear
yo viajaba mucho en metro y buses,
¡jóder, cuánto ha llovido de eso!

Sí, amo viajar bajo las calles
y los edificios de la ciudad;
todos son felices en los andenes y vagones
en esta nación de luz led y ratas discretas,
de felicidad y amor subterráneos.

Solo faltan los pájaros,
si hubiera pájaros sería la nación perfecta.

Los jóvenes -ajenos aún a los big crunchs de la vida-
en parejas o grupos, conversan y ríen
con sus teléfonos móviles. Todos
teclean religiosamente y a la velocidad de la luz,

teclean, ríen, hablan y aman sin parar
abducidos por sus silícicos apéndices,
extrafinos, Apple, japoneses o coreanos.
Jóvenes y teléfonos móviles son uno
en este inquieto siglo.

Y es que todos los jóvenes son hermosos,
todos los jóvenes son buena gente,
todos los jóvenes son poetas en potencia.

En el metro todos los pasajeros son felices
hasta los que tienen caras serias y se miran
en el cristal de las ventanas de los vagones
o leen un libro o el periódico o sus contratos
de trabajo o los resultados de sus analíticas de sangre.

Miles de almas ateas, creyentes, agnósticas,
diestras, zurdas, veletas, eólicas,
chicas con deportivas más grandes que ellas,
viejos con mirada tan cansada
como los hepatocitos de España,
almas internacionales, sin gluten,
con arena de mar, espías de Andrómeda...

Todos son felices y yo tan feliz.

Y son felices porque en el metro no existe la soledad.
Y son felices porque si de repente uno se desmaya
si te da una lipotimia o te da un infarto
incluso si saltas a las vías en un ataque
de supremo bajón existencial
todos te van a ayudar, van a pedir ayuda
con sus bonitos y modernos teléfonos móviles;

van a ponerse nerviosos
algunos van a llorar a gritar a preocuparse por ti
van a detener el tren
y van a dejar de reír y de guasapear
y de charlar alegremente sobre sus cosas.
Te van a ayudar a ti, te van a amar a ti.
Porque si Dios existe, no lo dudes, va en metro.

El metro y los trenes de cercanías
son el verdadero ministerio de la Solidaridad
de este puto mundo.

Si bombardeara La Aviación enemiga,
si hubiera un terremoto devastador,
o una guerra y al mes un terremoto de 7,6
todos, juntos, en magnánima comunión
habitando los inexpugnables pasillos del metro,
ayudándose unos a otros como hermanos
como hermanos que antes, arriba, no lo eran.

Aunque aquí no hay guerras ni terremotos
devastadores, esas cosas ocurren
en lugares donde no hay
ni se imagina metro ni suerte,
pero ahora estamos hablando del metro de Madrid.

Falsos mapas del tesoro y relatos burbuja
ilustran el interior de los vagones.
A veces entra un músico y resume
algún great hit de Dylan o el maestro Leonard
que sorprende y emociona al personal
(y les afloja el corazón y los bolsillos)

Ahora dejan viajar a los perros con sus humanos,
si mi Bart estuviera aún conmigo le llevaría en metro
solo para que lo conociera,
y seguro montaría La Revolución
y algunos pasajeros ya no serían tan felices,
pero yo sí.

No estaría mal morirse en el metro,
un buen lugar para morir: rodeado de amor
de gente feliz que nunca te dejarán solo,
porque en el metro no hay soledad;
... rodando, volando sobre las vías
a través de los túneles y entre publicidad
mil colores y una voz de mujer suave,
robótica -casi divina-

anunciándote amable la próxima estación.


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Qué buen relato, indudablemente hay muchas historias/anécdotas que se podría contar de lo que sucede en el metro/trenes, es un mundo aparte. Y es muy posible que existan diferencias entre un lugar/país y otro, según vivencias y mentalidades. Me das una buena idea, quizas me animo hacer un relato sobre las curiosidades en este medio de transporte. Placer leerte, un abrazo
 
Qué buen relato, indudablemente hay muchas historias/anécdotas que se podría contar de lo que sucede en el metro/trenes, es un mundo aparte. Y es muy posible que existan diferencias entre un lugar/país y otro, según vivencias y mentalidades. Me das una buena idea, quizas me animo hacer un relato sobre las curiosidades en este medio de transporte. Placer leerte, un abrazo

Pues sí, el metro guarda infinitas historias y anécdotas, tod@s l@s que hemos vivido en grandes ciudades damos fe de ello y tenemos alguna/s propia/s. También siempre ha sido un potente inspirador de canciones, relatos, poemas... pues este medio de transporte urbano tiene un encanto especial. Yo solo he conocido el de Madrid, el de Londres y el de Tokio (y me quedo con el de Madrid ;)), pero me han contado que, por ejemplo, el de Moscú es una verdadera maravilla.
Y sí, anímate y escribe algo sobre el tuyo, me encantará leerlo.
Muchas gracias por tu lectura, Bristy. Un abrazo, compañera.
 

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