José Benito
Poeta fiel al portal
Horadado hasta el fondo por la llama
que, hecha espada afilada, hirió mi carne,
tu suerte perseguí cuando en la noche
me hice a la mar en busca de tu cielo;
el viento de los sueños, a mi nave
impulsaba en la nube de su vela.
Refulgían tus ojos como vela
cuyo tanto poder ganó la llama
que eran el faro que guïó a mi nave,
como antes fuego que quemó mi carne
con un dolor de infierno que era el cielo…
después llegó tu ausencia y vi la noche.
Crucé la puerta oscura de tal noche
luchando por seguir aquella vela
que, hecha estrella Polar en aquel cielo,
daba guía a mi ruta con su llama.
Al rompiente arrastró mi pobre carne,
como faro engañoso, en mi fiel nave.
Zozobrar en su amor pudo la nave:
testimonio dio Venus en la noche.
Hubo carne de ser contra otra carne,
mientras el desengaño con su vela
daba a mi razón luz con triste llama:
triunfaba ya el infierno sobre el cielo.
Buscando otro horizonte, lugar, cielo
con distintas estrellas, ya mi nave
sola a las olas fue. Tal como llama
fanal a mariposa en fatal noche,
a otra constelación se hinchó mi vela.
Restañaron su mal mi alma y mi carne.
Cicatrizó la herida de esta carne.
A otra voz respondí: fue ella mi cielo;
de otra luz me alumbré: fue ella mi vela.
Otra mar navegué sobre mi nave,
y el beleño a mi sueño en otra noche
la dicha del olvido avivó en llama.
Primera llama que alumbró mi carne:
tarde acuerdas que el cielo está en mi nave;
y ahora, al mar de la noche abre tu vela.
José Benito Freijanes Martínez
que, hecha espada afilada, hirió mi carne,
tu suerte perseguí cuando en la noche
me hice a la mar en busca de tu cielo;
el viento de los sueños, a mi nave
impulsaba en la nube de su vela.
Refulgían tus ojos como vela
cuyo tanto poder ganó la llama
que eran el faro que guïó a mi nave,
como antes fuego que quemó mi carne
con un dolor de infierno que era el cielo…
después llegó tu ausencia y vi la noche.
Crucé la puerta oscura de tal noche
luchando por seguir aquella vela
que, hecha estrella Polar en aquel cielo,
daba guía a mi ruta con su llama.
Al rompiente arrastró mi pobre carne,
como faro engañoso, en mi fiel nave.
Zozobrar en su amor pudo la nave:
testimonio dio Venus en la noche.
Hubo carne de ser contra otra carne,
mientras el desengaño con su vela
daba a mi razón luz con triste llama:
triunfaba ya el infierno sobre el cielo.
Buscando otro horizonte, lugar, cielo
con distintas estrellas, ya mi nave
sola a las olas fue. Tal como llama
fanal a mariposa en fatal noche,
a otra constelación se hinchó mi vela.
Restañaron su mal mi alma y mi carne.
Cicatrizó la herida de esta carne.
A otra voz respondí: fue ella mi cielo;
de otra luz me alumbré: fue ella mi vela.
Otra mar navegué sobre mi nave,
y el beleño a mi sueño en otra noche
la dicha del olvido avivó en llama.
Primera llama que alumbró mi carne:
tarde acuerdas que el cielo está en mi nave;
y ahora, al mar de la noche abre tu vela.
José Benito Freijanes Martínez
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