Son todas las mañanas que te llevas
simiente de los versos que te escribo.
Ya no estaré detrás de la ventana
sospechando en el aire tu perfume,
ni me verás andando calle abajo
rondando tu presencia de caricias.
Serán ahora los altos nubarrones,
borrones de palabras despedidas,
caídas al costado del abrazo
donde un silencio brota, distraído,
por los muros del mundo que ignoramos.
Si todo lo entregamos noblemente
será el espejo amable con los años.
Sabemos que fue amor,
y es lo que importa.
Después será el después
con lo que quede
escrito en el vestigio de los pasos.
Es toda esta distancia indispensable,
cimiento de un latir para el olvido.
Es todo lo que tocan los recuerdos,
los sueños, las palabras, los caminos,
tu sonrisa brillante en llamarada,
la tinta del ocaso, los sentidos,
un viento que me acerca
amablemente,
a verte entre las páginas que escribo.
simiente de los versos que te escribo.
Ya no estaré detrás de la ventana
sospechando en el aire tu perfume,
ni me verás andando calle abajo
rondando tu presencia de caricias.
Serán ahora los altos nubarrones,
borrones de palabras despedidas,
caídas al costado del abrazo
donde un silencio brota, distraído,
por los muros del mundo que ignoramos.
Si todo lo entregamos noblemente
será el espejo amable con los años.
Sabemos que fue amor,
y es lo que importa.
Después será el después
con lo que quede
escrito en el vestigio de los pasos.
Es toda esta distancia indispensable,
cimiento de un latir para el olvido.
Es todo lo que tocan los recuerdos,
los sueños, las palabras, los caminos,
tu sonrisa brillante en llamarada,
la tinta del ocaso, los sentidos,
un viento que me acerca
amablemente,
a verte entre las páginas que escribo.
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