Hay días en que todo luce muerto,
sin un móvil o fuerza que de impulso
al paisaje de mi ánimo desierto,
de un interior que raya con lo insulso.
Mientras vegeto con la mayoría,
en una hoguera mis ideas arden
por enquistarse solo en teoría
y donde lo imposible las resguarden.
Allí duermen, en su rincón mental,
burlándose de mí con saña y quietas.
El tiempo es mi enemigo principal.
En el ahora es cuando logro metas.
Digo adiós al mediano y largo plazo
de pompas de jabón con un plumazo.