MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando llegas así, de pronto de la calle,
y la palidez se te pinta en la cara,
y torpe y apagada
echas con rabia repentina
encima de la mesa la cartera,
redonda de papeles.
Y sacas de los bolsillos mil justificaciones
sobre todo lo ausente, pendiente,
y las llamadas no respondidas
por el asunto de la maldita batería.
De lo excesivo del calor
y del aire y del tránsito,
y de las calles repletas de parásitos,
y el gordo de la puerta,
y la vieja de enfrente,
y la mala enfermera,
y los malditos inyectables,
y los racimos de burócratas inútiles,
rechonchos de estampillas,
y las salas de espera,
y el cansancio...
Y todo ese cansancio
que viene del asfalto
y sube por los pies
hasta la frente y pesa.
Y te baja la guardia.
Y se te caen las manos encima del silencio.
Y llegas al sofá.
Y te hundes.
Y tus ojos me buscan...
Y juntos lanzamos una carcajada incontenible
que hace temblar el tiempo,
que corre las cortinas
y nos saca del mundo
al menos por un rato.
y la palidez se te pinta en la cara,
y torpe y apagada
echas con rabia repentina
encima de la mesa la cartera,
redonda de papeles.
Y sacas de los bolsillos mil justificaciones
sobre todo lo ausente, pendiente,
y las llamadas no respondidas
por el asunto de la maldita batería.
De lo excesivo del calor
y del aire y del tránsito,
y de las calles repletas de parásitos,
y el gordo de la puerta,
y la vieja de enfrente,
y la mala enfermera,
y los malditos inyectables,
y los racimos de burócratas inútiles,
rechonchos de estampillas,
y las salas de espera,
y el cansancio...
Y todo ese cansancio
que viene del asfalto
y sube por los pies
hasta la frente y pesa.
Y te baja la guardia.
Y se te caen las manos encima del silencio.
Y llegas al sofá.
Y te hundes.
Y tus ojos me buscan...
Y juntos lanzamos una carcajada incontenible
que hace temblar el tiempo,
que corre las cortinas
y nos saca del mundo
al menos por un rato.
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