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Hijos de la lluvia(dedicado a Galicia)

penabad57

Poeta veterano en el portal
Hijos de la lluvia y del verdor amable de los montes,

pacientes como un río lento y firme que transita sin premura

entre arboledas frondosas, cabalgan el mar y cuidan la tierra

con el vigor sin límite de su naturaleza ancestral, pausados como

un árbol que desde su raíz se empina altivo hasta los cielos grises

que dan el fruto del agua, hombres de recia fe en el misterio

de las leyendas que se transmiten como un rezo en las madrugadas

de invierno, mujeres de rubia piel que esperan a sus Ulises

con el temblor en las entrañas cuando arriba la marea, viajeros

por necesidad hacia países desconocidos porque el hambre

fue una poderosa ola que los empujó inclemente, sensibles

a la añoranza desde la lejanía de otros lugares que no son el suyo,

hay música en su voz y sinceridad en el abrazo, aseguran que su tierra

la creó Dios al posar los dedos en el perfil de su costa, son hijos

de la lluvia y el verdor amable de los montes, permanecen

serenos igual que envejecidos troncos bajo la bruma del mañana.
 
Última edición:
Hijos de la lluvia y del verdor amable de los montes,

pacientes como un río lento y firme que transita sin premura

entre arboledas frondosas, cabalgan el mar y cuidan la tierra

con el vigor sin límite de su naturaleza ancestral, pausados como

un árbol que desde su raíz se empina altivo hasta los cielos grises

que dan el fruto del agua, hombres de recia fe en el misterio

de las leyendas que se transmiten como un rezo en las madrugadas

de invierno, mujeres de rubia piel que esperan a sus Ulises

con el temblor en las entrañas cuando arriba la marea, viajeros

por necesidad hacia países desconocidos porque el hambre

es una poderosa ola que los empuja, sensibles a la añoranza

desde la lejanía de otros lugares que no son el suyo, hay música

en su voz y sinceridad en el abrazo, aseguran que su tierra la creó

dios al posar los dedos en el perfil de su costa, son hijos

de la lluvia y el verdor amable de los montes, siguen aquí

igual que envejecidos troncos bajo la bruma del tiempo.

Nos pones un perfil bien certero; sin considerar lo negativo.
Gracias por tus versos.
Castro.
 
Hijos de la lluvia y del verdor amable de los montes,

pacientes como un río lento y firme que transita sin premura

entre arboledas frondosas, cabalgan el mar y cuidan la tierra

con el vigor sin límite de su naturaleza ancestral, pausados como

un árbol que desde su raíz se empina altivo hasta los cielos grises

que dan el fruto del agua, hombres de recia fe en el misterio

de las leyendas que se transmiten como un rezo en las madrugadas

de invierno, mujeres de rubia piel que esperan a sus Ulises

con el temblor en las entrañas cuando arriba la marea, viajeros

por necesidad hacia países desconocidos porque el hambre

fue una poderosa ola que los empujó inclemente, sensibles

a la añoranza desde la lejanía de otros lugares que no son el suyo,

hay música en su voz y sinceridad en el abrazo, aseguran que su tierra

la creó Dios al posar los dedos en el perfil de su costa, son hijos

de la lluvia y el verdor amable de los montes, permanecen

serenos igual que envejecidos troncos bajo la bruma del mañana.
Muy bonita representación y versar.

Saludos
 
Hijos de la lluvia y del verdor amable de los montes,

pacientes como un río lento y firme que transita sin premura

entre arboledas frondosas, cabalgan el mar y cuidan la tierra

con el vigor sin límite de su naturaleza ancestral, pausados como

un árbol que desde su raíz se empina altivo hasta los cielos grises

que dan el fruto del agua, hombres de recia fe en el misterio

de las leyendas que se transmiten como un rezo en las madrugadas

de invierno, mujeres de rubia piel que esperan a sus Ulises

con el temblor en las entrañas cuando arriba la marea, viajeros

por necesidad hacia países desconocidos porque el hambre

fue una poderosa ola que los empujó inclemente, sensibles

a la añoranza desde la lejanía de otros lugares que no son el suyo,

hay música en su voz y sinceridad en el abrazo, aseguran que su tierra

la creó Dios al posar los dedos en el perfil de su costa, son hijos

de la lluvia y el verdor amable de los montes, permanecen

serenos igual que envejecidos troncos bajo la bruma del mañana.
Muy buenas letras le dedicas a la tierra de mi crianza.

Muchas gracias, por la parte que me toca.
 
Hijos de la lluvia y del verdor amable de los montes,

pacientes como un río lento y firme que transita sin premura

entre arboledas frondosas, cabalgan el mar y cuidan la tierra

con el vigor sin límite de su naturaleza ancestral, pausados como

un árbol que desde su raíz se empina altivo hasta los cielos grises

que dan el fruto del agua, hombres de recia fe en el misterio

de las leyendas que se transmiten como un rezo en las madrugadas

de invierno, mujeres de rubia piel que esperan a sus Ulises

con el temblor en las entrañas cuando arriba la marea, viajeros

por necesidad hacia países desconocidos porque el hambre

fue una poderosa ola que los empujó inclemente, sensibles

a la añoranza desde la lejanía de otros lugares que no son el suyo,

hay música en su voz y sinceridad en el abrazo, aseguran que su tierra

la creó Dios al posar los dedos en el perfil de su costa, son hijos

de la lluvia y el verdor amable de los montes, permanecen

serenos igual que envejecidos troncos bajo la bruma del mañana.
Sentido homenaje le haces a los hijos de la lluvia. Hasta el Río de la Plata llegaron, entre otras cosas, por las razones que describes.
Un gusto pasar.
 
Última edición:
Hijos de la lluvia y del verdor amable de los montes,

pacientes como un río lento y firme que transita sin premura

entre arboledas frondosas, cabalgan el mar y cuidan la tierra

con el vigor sin límite de su naturaleza ancestral, pausados como

un árbol que desde su raíz se empina altivo hasta los cielos grises

que dan el fruto del agua, hombres de recia fe en el misterio

de las leyendas que se transmiten como un rezo en las madrugadas

de invierno, mujeres de rubia piel que esperan a sus Ulises

con el temblor en las entrañas cuando arriba la marea, viajeros

por necesidad hacia países desconocidos porque el hambre

fue una poderosa ola que los empujó inclemente, sensibles

a la añoranza desde la lejanía de otros lugares que no son el suyo,

hay música en su voz y sinceridad en el abrazo, aseguran que su tierra

la creó Dios al posar los dedos en el perfil de su costa, son hijos

de la lluvia y el verdor amable de los montes, permanecen

serenos igual que envejecidos troncos bajo la bruma del mañana.
Muy bello versar mi estimado Penabad, un abrazo con la pluma del alma. Buen domingo
 
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