Ermenegildo Tiraboschi
Poeta que considera el portal su segunda casa
I. Agua
Acusa el río el rodaje.
Globos de sílice inquietos
se desinflan por decretos
de espumas y de oleaje.
Que la mar, con su bagaje,
sea quien les dicte arenas.
¿Es la ausencia de cadenas
ser -hasta un estado crítico-
libre del peso granítico
de toda arista y sus penas?
II. Tierra
La gravidez de la vida
ejemplifica la tierra.
Ella, minuciosa, encierra
mi plica de despedida
su cincel y la temida
cursilería indeleble.
Porque la tierra es un mueble
multigeneracional;
nada escapa a su total:
piedra, prado y quien la pueble.
III. Fuego
Desde los tiempos de Cristo
se insiste frecuentemente
que, por oculto y candente,
derrota al fuego el flogisto.
No considero estar listo
para el burdo sacrilegio.
El fuego es como el arpegio
que se encuentra en Para Elisa.
Es tu cintura, la brisa
y aquel amor del colegio.
IV. Aire
El aire le eleva altares
a un sol de estío, y las nubes
muestran formas de querubes,
lenguas y hongos nucleares.
Solo esquizoides juglares
le podrán seguir el tren.
El aire es diestro en desdén
por las cosas terrenales.
Como mujeres fatales,
nos huye en un santiamén.
Acusa el río el rodaje.
Globos de sílice inquietos
se desinflan por decretos
de espumas y de oleaje.
Que la mar, con su bagaje,
sea quien les dicte arenas.
¿Es la ausencia de cadenas
ser -hasta un estado crítico-
libre del peso granítico
de toda arista y sus penas?
II. Tierra
La gravidez de la vida
ejemplifica la tierra.
Ella, minuciosa, encierra
mi plica de despedida
su cincel y la temida
cursilería indeleble.
Porque la tierra es un mueble
multigeneracional;
nada escapa a su total:
piedra, prado y quien la pueble.
III. Fuego
Desde los tiempos de Cristo
se insiste frecuentemente
que, por oculto y candente,
derrota al fuego el flogisto.
No considero estar listo
para el burdo sacrilegio.
El fuego es como el arpegio
que se encuentra en Para Elisa.
Es tu cintura, la brisa
y aquel amor del colegio.
IV. Aire
El aire le eleva altares
a un sol de estío, y las nubes
muestran formas de querubes,
lenguas y hongos nucleares.
Solo esquizoides juglares
le podrán seguir el tren.
El aire es diestro en desdén
por las cosas terrenales.
Como mujeres fatales,
nos huye en un santiamén.
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