Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
En la tenue luz del crepúsculo espera,
Penélope, cuyo tejido desvela
un corazón partido por promesas lejanas,
en los hilos de la luna su esperanza emana.
Con cada hebra, un suspiro se entreteje,
historias de un héroe que el viento le aleje.
El mar susurra secretos de su amado ausente,
y ella, firme en su fe, espera paciente.
Las estrellas son testigos de su amor inquebrantable,
en el telar de su vida, su fuerza inestimable.
Noche tras noche, su amor deshace y crea,
en la urdimbre del destino, su alma no sea.
Penélope, princesa de paciencia infinita,
cuyo amor es un faro que ninguna tormenta agita.
Su lealtad, un poema que el tiempo recitará,
en la odisea de esperar, su amor nunca cesará.
Así, en su silencio, teje su vida y su leyenda,
esperando a que el alba le traiga la encomienda
de brazos que rodean su espera concluida,
y un corazón que regrese a la morada prometida.
Penélope, cuyo tejido desvela
un corazón partido por promesas lejanas,
en los hilos de la luna su esperanza emana.
Con cada hebra, un suspiro se entreteje,
historias de un héroe que el viento le aleje.
El mar susurra secretos de su amado ausente,
y ella, firme en su fe, espera paciente.
Las estrellas son testigos de su amor inquebrantable,
en el telar de su vida, su fuerza inestimable.
Noche tras noche, su amor deshace y crea,
en la urdimbre del destino, su alma no sea.
Penélope, princesa de paciencia infinita,
cuyo amor es un faro que ninguna tormenta agita.
Su lealtad, un poema que el tiempo recitará,
en la odisea de esperar, su amor nunca cesará.
Así, en su silencio, teje su vida y su leyenda,
esperando a que el alba le traiga la encomienda
de brazos que rodean su espera concluida,
y un corazón que regrese a la morada prometida.