Cosas de niños

penabad57

Poeta veterano en el portal
Aquel perro cojo apedreado hasta morir,
un círculo de fuego alrededor del alacrán,
el gato negro y su cicatriz en la concavidad de un ojo vacío,
el pájaro agonizante víctima de una piedra ensangrentada.

Son niños que en una tarde aburrida
se divierten viendo sufrir a un animal.

Cuando sean adultos recordarán al perro cojo que un día apalearon,
al alacrán que no pudo escapar del círculo de fuego,
el ojo azul del gato tirado en la cuneta como un desperdicio,
la inocencia del pájaro que dejó de volar para siempre.

Y aún hoy, con tristeza, se preguntarán por qué lo hicieron.
 
Aquel perro cojo apedreado hasta morir,
un círculo de fuego alrededor del alacrán,
el gato negro y su cicatriz en la concavidad de un ojo vacío,
el pájaro agonizante víctima de una piedra ensangrentada.

Son niños que en una tarde aburrida
se divierten viendo sufrir a un animal.

Cuando sean adultos recordarán al perro cojo que un día apalearon,
al alacrán que no pudo escapar del círculo de fuego,
el ojo azul del gato tirado en la cuneta como un desperdicio,
la inocencia del pájaro que dejó de volar para siempre.

Y aún hoy, con tristeza, se preguntarán por qué lo hicieron.
Suele ocurrir mucho.
Es bueno que usted recuerde estos pasajes que cuando niños, uno atroz comete.

Saludos
 
Yo, que crecí en un pueblo muy cerrado y "prehistórico", pude comprobar de cerca esa brutalidad infantil para con los animales. Eran otros tiempos y otra sociedad, y los niños sencillamente hacían lo que se les permitía hacer. En una España que aún no había "ingresado" en el primer mundo, con unas costumbres y tradiciones bárbaras y primitivas (que aún hoy son protegidas y promovidas en nuestro país), pues no era demasiado extraño que los niños ejercieran de jóvenes salvajes con los seres más débiles...
Actualmente las redes sociales también pueden ser una mecha para prender los peores instintos de muchos jóvenes con déficits educacionales y/o desequilibrios psicológicos, aunque afortunadamente algo está cambiando en nuestras sociedades.
En fin, lo malo es que esos niños de los que hablas en tu poema sigan sin arrepentirse de esos actos cuando sean adultos...
Buenas letras, Ramón. Un abrazo.
 
Última edición:
Yo, que crecí en un pueblo muy cerrado y "prehistórico", pude comprobar de cerca esa brutalidad infantil para con los animales. Eran otros tiempos y otra sociedad, y los niños sencillamente hacían lo que se les permitía hacer. En una España que aún no había "ingresado" en el primer mundo, con unas costumbres y tradiciones bárbaras y primitivas (que aún hoy son protegidas y promovidas en nuestro país), pues no era demasiado extraño que los niños ejercieran de jóvenes salvajes con los seres más débiles...
Actualmente las redes sociales también pueden ser una mecha para prender los peores instintos de muchos jóvenes con déficits educacionales y/o desequilibrios psicológicos, aunque afortunadamente algo está cambiando en nuestras sociedades.
En fin, lo malo es que esos niños de los que hablas en tu poema sigan sin arrepentirse de esos actos cuando sean adultos...
Buenas letras, Ramón. Un abrazo.
Ese punto de crueldad de los niños sigue dentro de, al menos, algunos de ellos. Con otras formas, claro, redes sociales como apuntas, bullying en las escuelas, etc. Eran otros tiempos sí y otras maneras más obvias de expresar esa crueldad, aún hoy en día en las aldeas más recónditas seguro que todavía se realizan prácticas similares con animales inocentes. La culpa no es universal, habrá quien se arrepienta y habrá quien añore incluso la impunidad de no poder seguir siendo niños. Gracias por comentar. Un abrazo, Luis.
 
Aquel perro cojo apedreado hasta morir,
un círculo de fuego alrededor del alacrán,
el gato negro y su cicatriz en la concavidad de un ojo vacío,
el pájaro agonizante víctima de una piedra ensangrentada.

Son niños que en una tarde aburrida
se divierten viendo sufrir a un animal.

Cuando sean adultos recordarán al perro cojo que un día apalearon,
al alacrán que no pudo escapar del círculo de fuego,
el ojo azul del gato tirado en la cuneta como un desperdicio,
la inocencia del pájaro que dejó de volar para siempre.

Y aún hoy, con tristeza, se preguntarán por qué lo hicieron.

Están muy bien tus versos. Hay quien se dedica a hacer sufrir a los animales como si fueran seres superiores y lo único que son es estúpidos y no creo que, muchos de ell@s, se pregunten por qué lo hicieron... hay mucho h. p. suelto.

Abrazos Ramón.
 

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