F. Noctívago
Poeta recién llegado
Al alba,
la calle huele a pan,
y la luz de lunas bajas
mece mi sombra.
Voces salen de ventanas,
y el viento trae campanas
donde reconozco mi nombre.
El asfalto guarda la lluvia
que el camión cuba vertió,
limpiando las huellas
de la gente y las máquinas,
y cada charco es un espejo
que refleja el trajín de los años.
donde aún alcanzo a mirarme.
Cada esquina parece un puerto,
y la luz de los balcones
parece faros encendidos
para navegantes.
Las plazas huelen a hierba y verano.
Me gusta cerrar los ojos
e imaginar que puedo nadar
en este mar de asfalto
donde aprendí a respirar.