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En la estación

Ranita

Poeta recién llegado
Perder mis trenes tengo por costumbre.
Del reloj se detienen las manillas
y se acurrucan tras las ventanillas
los sueños recubiertos por la herrumbre.

No hay nadie en la estación, la única lumbre
iluminando andenes con colillas
crepita en un ocaso de amarillas
estrellas muertas sobre fría cumbre.

No quiso la fortuna que ejecuta
conmigo su dictamen caprichoso
la dicha concederme cuando muta.

Vuelvo a perder un tren que deja el poso
de un agridulce trago de cicuta:
vuelve este estoico otoño a ser hermoso.
 
Última edición:
Tengo el perder mis trenes por costumbre.
Del reloj se detienen las manillas
y se acurrucan tras las ventanillas
los sueños recubiertos por la herrumbre.

No hay nadie en la estación, la única lumbre
iluminando andenes con colillas
crepita en un ocaso de amarillas
estrellas muertas sobre fría cumbre.

No quiso la fortuna que ejecuta
conmigo su dictamen caprichoso
darme la alegre dicha en su permuta.

Vuelvo a perder un tren que deja el poso
del agridulce trago de cicuta:
vuelve el estoico otoño a ser hermoso.
Tengo el perder mis trenes por costumbre.
Del reloj se detienen las manillas
y se acurrucan tras las ventanillas
los sueños recubiertos por la herrumbre.

No hay nadie en la estación, la única lumbre
iluminando andenes con colillas
crepita en un ocaso de amarillas
estrellas muertas sobre fría cumbre.

No quiso la fortuna que ejecuta
conmigo su dictamen caprichoso
darme la alegre dicha en su permuta.

Vuelvo a perder un tren que deja el poso
del agridulce trago de cicuta:
vuelve el estoico otoño a ser hermoso.
Te doy mi enhorabuena por este, a mí modo de ver "sonetazo". en todos los sentidos.

Si supieras los buenos recuerdos que me trae tu avatar.!

No te vayas muy lejos, hay que arrimar el hombro y animar este sitio.

Gracias por escribir así.
 
Última edición:
Tengo el perder mis trenes por costumbre.
Del reloj se detienen las manillas
y se acurrucan tras las ventanillas
los sueños recubiertos por la herrumbre.

No hay nadie en la estación, la única lumbre
iluminando andenes con colillas
crepita en un ocaso de amarillas
estrellas muertas sobre fría cumbre.

No quiso la fortuna que ejecuta
conmigo su dictamen caprichoso
darme la alegre dicha en su permuta.

Vuelvo a perder un tren que deja el poso
del agridulce trago de cicuta:
vuelve el estoico otoño a ser hermoso.
Uno busca la felicidad, pero a veces la realidad es amarga.

Saludos
 
Tengo el perder mis trenes por costumbre.
Del reloj se detienen las manillas
y se acurrucan tras las ventanillas
los sueños recubiertos por la herrumbre.

No hay nadie en la estación, la única lumbre
iluminando andenes con colillas
crepita en un ocaso de amarillas
estrellas muertas sobre fría cumbre.

No quiso la fortuna que ejecuta
conmigo su dictamen caprichoso
darme la alegre dicha en su permuta.

Vuelvo a perder un tren que deja el poso
del agridulce trago de cicuta:
vuelve el estoico otoño a ser hermoso.
Perder un tren alguna que otra vez en virtud de recuperar el otoño: es una buena desdicha.
Me gustó mucho tu soneto, Ranita.
Gran saludo.
 
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