Ranita
Poeta recién llegado
Perder mis trenes tengo por costumbre.
Del reloj se detienen las manillas
y se acurrucan tras las ventanillas
los sueños recubiertos por la herrumbre.
No hay nadie en la estación, la única lumbre
iluminando andenes con colillas
crepita en un ocaso de amarillas
estrellas muertas sobre fría cumbre.
No quiso la fortuna que ejecuta
conmigo su dictamen caprichoso
la dicha concederme cuando muta.
Vuelvo a perder un tren que deja el poso
de un agridulce trago de cicuta:
vuelve este estoico otoño a ser hermoso.
Del reloj se detienen las manillas
y se acurrucan tras las ventanillas
los sueños recubiertos por la herrumbre.
No hay nadie en la estación, la única lumbre
iluminando andenes con colillas
crepita en un ocaso de amarillas
estrellas muertas sobre fría cumbre.
No quiso la fortuna que ejecuta
conmigo su dictamen caprichoso
la dicha concederme cuando muta.
Vuelvo a perder un tren que deja el poso
de un agridulce trago de cicuta:
vuelve este estoico otoño a ser hermoso.
Última edición: