LAS RUEDAS
A la espera, sentado en mi consulta,
hoy contaba las ruedas que veía,
las sillas empujadas
con la fuerza y amor de las familias.
Veía a los ancianos
llevando su vejez como podían:
la cruz, la cruz, la cruz,
en el camino angosto cuesta arriba.
La Vía Dolorosa,
de nuevo en mis pupilas.
Algunos sin cabello
tiraban con esfuerzo de sus vidas,
bastones y muletas
cansancios y dolores sostenían.
Y a mí, con mi columna
aún fuerte y erguida,
cuánto ejemplo me daban,
pues sin queja, en silencio todos iban,
observándolos yo con impaciencia,
porque allí cualquier tiempo se eterniza.
Y al final, un atisbo de esperanza:
El capazo de ruedas de una niña
rebosando salud
y su madre llevándola tranquila.
Sin palabras, por dentro, debí darle,
por ellos y por mí, por las caricias
del olor de las rosas,
también por sus espinas,
por las ruedas, pérdida ya la cuenta,
las gracias sin medida.
Salva Glez. Moles
Agosto, 2025.
A la espera, sentado en mi consulta,
hoy contaba las ruedas que veía,
las sillas empujadas
con la fuerza y amor de las familias.
Veía a los ancianos
llevando su vejez como podían:
la cruz, la cruz, la cruz,
en el camino angosto cuesta arriba.
La Vía Dolorosa,
de nuevo en mis pupilas.
Algunos sin cabello
tiraban con esfuerzo de sus vidas,
bastones y muletas
cansancios y dolores sostenían.
Y a mí, con mi columna
aún fuerte y erguida,
cuánto ejemplo me daban,
pues sin queja, en silencio todos iban,
observándolos yo con impaciencia,
porque allí cualquier tiempo se eterniza.
Y al final, un atisbo de esperanza:
El capazo de ruedas de una niña
rebosando salud
y su madre llevándola tranquila.
Sin palabras, por dentro, debí darle,
por ellos y por mí, por las caricias
del olor de las rosas,
también por sus espinas,
por las ruedas, pérdida ya la cuenta,
las gracias sin medida.
Salva Glez. Moles
Agosto, 2025.
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