Es bueno de vez en cuando
rectificar donde se pisa,
y no estropear con la caricia
lo que ya agotó la mirada:
la negritud de la tierra,
la inmensidad de la noche.
A veces debe ser bueno
parecerse al paisaje,
y al esmalte que deja
la nostalgia después de junio,
y a la estatura de no ser vistos,
y a la jactancia propia
de los lugares ventosos,
y revisar este anzuelo,
como si fuera un país
atrapado entre las piedras,
acaso una espina
-entre la pampa y la selva-
dorsal de olvido,
pastizal de nadie,
murmullo pastoril contra el mar, una punta
de flecha perdida en el campo.
Ah, puñado de sal
nivelado por la savia
de todos los ríos.
Sí, tiene que ser bueno
tomar referencia,
y ajustarse al destello,
frugal, macilento,
de farola discreta,
de dios involuntario,
de peldaño que no tiene
rumbo siquiera.
Flor sin nombre, todavía;
inventario de mis huesos;
por aquí pienso estar
cuando sólo quede
la herrumbre impertinente de los días.
rectificar donde se pisa,
y no estropear con la caricia
lo que ya agotó la mirada:
la negritud de la tierra,
la inmensidad de la noche.
A veces debe ser bueno
parecerse al paisaje,
y al esmalte que deja
la nostalgia después de junio,
y a la estatura de no ser vistos,
y a la jactancia propia
de los lugares ventosos,
y revisar este anzuelo,
como si fuera un país
atrapado entre las piedras,
acaso una espina
-entre la pampa y la selva-
dorsal de olvido,
pastizal de nadie,
murmullo pastoril contra el mar, una punta
de flecha perdida en el campo.
Ah, puñado de sal
nivelado por la savia
de todos los ríos.
Sí, tiene que ser bueno
tomar referencia,
y ajustarse al destello,
frugal, macilento,
de farola discreta,
de dios involuntario,
de peldaño que no tiene
rumbo siquiera.
Flor sin nombre, todavía;
inventario de mis huesos;
por aquí pienso estar
cuando sólo quede
la herrumbre impertinente de los días.
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