Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
"Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño...
...las puertas de portales sin salida,
los pianos mellados de la vida,
Las uñas de los ojos de las gatas."
(Joaquín Sabina)
Lo bueno de la vida es estar vivo;
lo malo, no saber ni para qué.
Lo bueno de ser hombre es no creérselo,
lo malo es que hay creencias que lo ignoran de corrido.
Lo bueno de ser o de no ser
es el silencio;
lo malo, que no sea comprendido.
Lo bueno de los foros, un momento
que existe en los renglones,
después se desvanece.
Lo malo es el orgullo,
la sapiencia de quien cree
en sus letras, no en sus obras,
la ignorancia del mar,
la credulidad de los peces.
Lo malo de la prisa es tropezarse;
lo mejor del tropiezo,
un alto en el camino.
Lo bueno de la prisa es no saberse
en la urgencia del vivo
mientras tanto.
Lo mejor, lo peor,
es poderlo contar.
Y hablando de estropicios y aliados,
qué mejor que existir, entre paréntesis,
hasta el punto final de nuestro relato.
Lo peor de lo mejor es el presidio
y extrañar que no te saquen de juicio,
que te dejen solo con todas tus espinas
clavadas en la piel o el corazón
que aun, aun te da cobijo.
Lo que rige es un yo, al día de hoy,
que no atiende a las conjugaciones
ni en persona, ni en número, ni en modos.
Lo malo no es el pronombre,
sino las posturas para un selfie
que apenas nos reconoce.
Lo bueno de tenerse es ir dejándose.
Lo malo, las envidias que no olvidan.
Pero lo mejor de lo mejor es
que aquí estamos,
codo con codo,
mano con mano,
por si el futuro solo fuera un desconcierto.
que embalsaman los pájaros del sueño...
...las puertas de portales sin salida,
los pianos mellados de la vida,
Las uñas de los ojos de las gatas."
(Joaquín Sabina)
Lo bueno de la vida es estar vivo;
lo malo, no saber ni para qué.
Lo bueno de ser hombre es no creérselo,
lo malo es que hay creencias que lo ignoran de corrido.
Lo bueno de ser o de no ser
es el silencio;
lo malo, que no sea comprendido.
Lo bueno de los foros, un momento
que existe en los renglones,
después se desvanece.
Lo malo es el orgullo,
la sapiencia de quien cree
en sus letras, no en sus obras,
la ignorancia del mar,
la credulidad de los peces.
Lo malo de la prisa es tropezarse;
lo mejor del tropiezo,
un alto en el camino.
Lo bueno de la prisa es no saberse
en la urgencia del vivo
mientras tanto.
Lo mejor, lo peor,
es poderlo contar.
Y hablando de estropicios y aliados,
qué mejor que existir, entre paréntesis,
hasta el punto final de nuestro relato.
Lo peor de lo mejor es el presidio
y extrañar que no te saquen de juicio,
que te dejen solo con todas tus espinas
clavadas en la piel o el corazón
que aun, aun te da cobijo.
Lo que rige es un yo, al día de hoy,
que no atiende a las conjugaciones
ni en persona, ni en número, ni en modos.
Lo malo no es el pronombre,
sino las posturas para un selfie
que apenas nos reconoce.
Lo bueno de tenerse es ir dejándose.
Lo malo, las envidias que no olvidan.
Pero lo mejor de lo mejor es
que aquí estamos,
codo con codo,
mano con mano,
por si el futuro solo fuera un desconcierto.