Évano
Libre, sin dioses.
Faroliforos, ojidentros, prisaceras
prisocorren ciudades de almalatas,
carámbanos más allá de simismos.
Solo se lamen cuando les inoculan
el mandato de arrojarse voces
que por tan dichas y tan inánimes
vienen de tumbas vomitadas.
De vez en cuando un Cómo te va,
escrito y arrojado como voz de Júpiter,
Inocuo, lejano como silencio de acera
tan falta de zapateado flamenco.
Paseo a Flai con gorra de muermo,
tan muermo ya como la gente obnubilada
por el más allá de ellos mismos.
¡Quizá ya estamos muertos, Flai!
-Flai me mira porque me quiere mirar-
y prosigue alzando la pata al árbol,
husmeando, paciente-mente, el celo
de las perritas de la Tierra que le gustan.
¡Y yo entre siluetas carámbanos!,
adictos dedeando lucimuertes,
siluetas titilantes de Plutón
oyendo lo dicho dicho; viendo
y transmitiendo lo visto visto.
Camino hablándole a Flai.
-Flai me escucha porque quiere escuchar-
y continúa alzando su pata a otro árbol,
husmeando luego el celo elegido.
Nos sentamos bajo los árboles
del parque de siempre, junto
a miles de lucialmas mendigas.
Hoy es Viernes Santo, Flay,
dos mil veintiséis años después.
-Y Flai me mira mira
porque quiere mirarme-.
Gracias por leer
y por pensar.
prisocorren ciudades de almalatas,
carámbanos más allá de simismos.
Solo se lamen cuando les inoculan
el mandato de arrojarse voces
que por tan dichas y tan inánimes
vienen de tumbas vomitadas.
De vez en cuando un Cómo te va,
escrito y arrojado como voz de Júpiter,
Inocuo, lejano como silencio de acera
tan falta de zapateado flamenco.
Paseo a Flai con gorra de muermo,
tan muermo ya como la gente obnubilada
por el más allá de ellos mismos.
¡Quizá ya estamos muertos, Flai!
-Flai me mira porque me quiere mirar-
y prosigue alzando la pata al árbol,
husmeando, paciente-mente, el celo
de las perritas de la Tierra que le gustan.
¡Y yo entre siluetas carámbanos!,
adictos dedeando lucimuertes,
siluetas titilantes de Plutón
oyendo lo dicho dicho; viendo
y transmitiendo lo visto visto.
Camino hablándole a Flai.
-Flai me escucha porque quiere escuchar-
y continúa alzando su pata a otro árbol,
husmeando luego el celo elegido.
Nos sentamos bajo los árboles
del parque de siempre, junto
a miles de lucialmas mendigas.
Hoy es Viernes Santo, Flay,
dos mil veintiséis años después.
-Y Flai me mira mira
porque quiere mirarme-.
Gracias por leer
y por pensar.
Última edición: