Juan Jose Aceves
Poeta recién llegado
Llegué a este mundo con mis labios cosidos,
con la lengua pegada y el paladar hundido.
Traigo atorada en la garganta una madeja de hilos viejos,
costura de siglos que el padre de mi padre no quiso romper.
Soy el heredero de un grito que se quedó ahogado,
la última versión de una estirpe de mudos
que aprendieron a tragar el aire sin hacer ruido.
En mi sangre no fluye la vida, solo corren secretos,
transportando las palabras que mi abuelo se calló.
Me entregaron una genealogía de dientes apretados.
En mi casa, la verdad era un bulto bajo la alfombra,
un quiste en la lengua que nadie se atrevía a tocar.
Crecí alimentado con el caldo rancio de los secretos,
masticando el vacío que dejaron los que se fueron sin decir adiós.
Hoy intento mover la mandíbula y cruje el pasado.
Cada vez que intento hablar, siento el tirón del hilo:
Un tirón en la encía que me ancla a la tumba de los míos.
Esta voz no es mía, es el eco de una casa familiar que no se atreve a caer.
con la lengua pegada y el paladar hundido.
Traigo atorada en la garganta una madeja de hilos viejos,
costura de siglos que el padre de mi padre no quiso romper.
Soy el heredero de un grito que se quedó ahogado,
la última versión de una estirpe de mudos
que aprendieron a tragar el aire sin hacer ruido.
En mi sangre no fluye la vida, solo corren secretos,
transportando las palabras que mi abuelo se calló.
Me entregaron una genealogía de dientes apretados.
En mi casa, la verdad era un bulto bajo la alfombra,
un quiste en la lengua que nadie se atrevía a tocar.
Crecí alimentado con el caldo rancio de los secretos,
masticando el vacío que dejaron los que se fueron sin decir adiós.
Hoy intento mover la mandíbula y cruje el pasado.
Cada vez que intento hablar, siento el tirón del hilo:
Un tirón en la encía que me ancla a la tumba de los míos.
Esta voz no es mía, es el eco de una casa familiar que no se atreve a caer.