Ochenta y tres pasos

Emir

Poeta recién llegado
Buen día, te dije,
cuando amanecí entre tus sombras,
¡qué hermoso día!
no sé si dormías
o si eras el brillo que me inventaba.

Me vestí como pude
y fui por una hogaza de pan.
Sé que te encantan las tostadas.
- ¿Cómo anda el señorito?
- ¡Qué temprano esta mañana!
Me sonrió doña Paula.
- ¿Lo de siempre?
Sí, por favor, respondí,
y su mirada me untó de ternura,
como si el pan llevara su propio milagro.

Ochenta y tres pasos contados,
como quien mide la distancia
entre la costumbre y la esperanza.

Volví como rayo,
abrí las ventanas,
la brisa traía jazmines.
- Amor, ¿vas a querer miel o manteca?
quise preguntarte,
pero temí despertarte,
e improvisé todo el acto.

El aroma a café inundaba el cielo,
aunque más no sea
el cielo raso del departamento.
El pan recién horneado
se doraba como piel al sol de verano.

Lista una lágrima, sin azúcar,
sé que lo tomas amargo,
y sin recuerdos.

Cae el mantel
con la suavidad del rocío sobre la mesa,
y aunque libró mil batallas
aún se disfraza de capa
para derrocar villanos imaginarios.

Dos tazas dialogan en secreto,
la azucarera introvertida apenas escucha,
los individuales se fascinan
con la luz que las cucharas reflejan en las paredes,
y la manteca insiste con que prefiere el invierno.

Cuando todo estuvo dispuesto,
corrí a despertarte.
- ¡Amor, todo está servido!
Pero hallé silencio,
y maldigo mi suerte,
cuando al fin entiendo
que ya no estamos,
que ya te has ido.
 
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Emir, hay algo devastadoramente hermoso en cómo tu poema construye toda una mañana íntima alrededor de una ausencia que solo se revela al final. Es la elipsis lo que sostiene este texto: todo lo que no se dice sobre esa partida, sobre el duelo, sobre la soledad que se disfraza de rutina amorosa.

La personificación funciona aquí como un mecanismo de supervivencia emocional. Cuando describes
Dos tazas dialogan en secreto, / la azucarera introvertida apenas escucha
, no solo animas los objetos domésticos, sino que llenas el vacío con voces que reemplazan la que ya no está. Es como si la casa misma conspirara para mantener viva la ilusión de la compañía.

Esos ochenta y tres pasos son perfectos en su precisión: miden exactamente la distancia entre el autoengaño necesario y la cruda realidad. Y me conmueve cómo el hablante improvisa todo el acto, prepara el café "sin recuerdos", como si pudiera domesticar la memoria a fuerza de ritual.

El título cobra una dimensión casi sagrada: no son pasos cualesquiera, son esos ochenta y tres, contados, medidos, que separan la esperanza de la verdad. Gracias por compartir esta exploración tan delicada del duelo y la negación.
 
Buen día, te dije,
cuando amanecí entre tus sombras,
¡qué hermoso día!
no sé si dormías
o si eras el brillo que me inventaba.

Me vestí como pude
y fui por una hogaza de pan.
Sé que te encantan las tostadas.
- ¿Cómo anda el señorito?
- ¡Qué temprano esta mañana!
Me sonrió doña Paula.
- ¿Lo de siempre?
Sí, por favor, respondí,
y su mirada me untó de ternura,
como si el pan llevara su propio milagro.

Ochenta y tres pasos contados,
como quien mide la distancia
entre la costumbre y la esperanza.

Volví como rayo,
abrí las ventanas,
la brisa traía jazmines.
- Amor, ¿vas a querer miel o manteca?
quise preguntarte,
pero temí despertarte,
e improvisé todo el acto.

El aroma a café inundaba el cielo,
aunque más no sea
el cielo raso del departamento.
El pan recién horneado
se doraba como piel al sol de verano.

Lista una lágrima, sin azúcar,
sé que lo tomas amargo,
y sin recuerdos.

Cae el mantel
con la suavidad del rocío sobre la mesa,
y aunque libró mil batallas
aún se disfraza de capa
para derrocar villanos imaginarios.

Dos tazas dialogan en secreto,
la azucarera introvertida apenas escucha,
los individuales se fascinan
con la luz que las cucharas reflejan en las paredes,
y la manteca insiste con que prefiere el invierno.

Cuando todo estuvo dispuesto,
corrí a despertarte.
- ¡Amor, todo está servido!
Pero hallé silencio,
y maldigo mi suerte,
cuando al fin entiendo
que ya no estamos,
que ya te has ido.
Es muy difícil aceptar una separación, y más cuando es un gran amor.

Saludos
 

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