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Llevo por dentro
el vértigo de las nubes
y la burla del sol.
Mi piel arde en nuevas ansias,
en silencio floreciente de verdores.
Renazco en piedra y agua,
en murmullo y silencio,
extenso como el eco,
mojando manos infantiles
con rocíos cristalizados.
Soy viejo y...
Silencio
en tu grito y el mío,
en tu mirada y mis manos.
Silencio
por dentro y por fuera,
en mi caída y tu desnudez,
en la caricia fría y los labios lejanos.
Silencio
en mis libros y tu piel,
naciendo en el rencor tras los ojos,
en el sol intruso y la luna cómplice.
Silencio
en el...
Me duele la vejez de los rincones,
el silencio clausurado y enmohecido.
Sombras de ángeles decrépitos
se derrumban en hecatombes de tedio.
Me arropo en lapsos de polvo,
tiñendo mis huesos de apatía
hasta volverme piedra y sueño.
El tiempo es un círculo suicida.
Me pierdo en laberintos...
Alegrías diáfanas
en dispersión de golondrinas.
Tu boca, tu risa,
robando al sol la luz,
la frescura a la hierba.
Dentro de ti me transfiguras,
diosa verde, íntima,
vestida de céfiros nacarados.
Pero no puedo sostenerte en tu evasión,
te desvaneces en mis dedos
como un viento trenzado.
Y...
No te encuentro ya
en mis libros viejos
ni en el polvo
que murmura entre mis manos.
Las hojas mustias del jardín olvidado
ya no conservan
la caligrafía de tu nombre.
¿O seré yo el fantasma
que crepita de tedio en las paredes?
Me desnudo de terrores y recuerdos,
dejo mi rostro como herencia al...
Todos aprendemos a bailar
en las mascaradas
de nuestros fantasmas.
¿Pero aprendemos a envejecer
al ritmo del cielo?
Nos perdemos en enjambres de espejismos
bajo soles fríos y horizontes rojos,
espiando nuestra sombra en otros rostros.
Y el tiempo se nos muere de cansancio...
He perdido mi sombra
entre cielo y suelo.
La caligrafía del polvo
ha olvidado mi nombre,
enmudeciendo en la espera
de tiempos nuevos.
El frío se asienta tras las pupilas.
No siento más que
la herida abierta, envejecida
por el rencor de mil soles.
Aprendo a caer en nuevos abismos.
Seré el fuego frio
que trace tu sombra
y el silencio que amortaje
tu inmovilidad.
Seré el rodar de tu piel
sobre el talud de polvo
y la canción que te mesa
en el rigor del sepulcro.
21
Un eco
endurecido en el tiempo.
Tu nombre
negándose a morir.
22
El ultimo minuto
es arrebatado
por la sombra breve
del ave crepuscular.
23
Al final
no tendremos tiempo
ni de pedir perdón
a nuestra sombra.
24
Nunca conoceremos
el final del camino
que nos revela el...
Tres veces suspira el perro de la Muerte
expandiendo espirales de negro tedio.
El sol muestra su pasmo en pálidos espejeos
y se oculta tras nubes de lobreguez cómplice.
Por la esquina del ojo huye la cabellera del viento
con aleteo de ángeles de sombra hereje.
Palpita con...
Te veré más allá del frio,
donde la piel se vista
de horizontes nuevos.
Perderé mi nombre con placer
para ser un dios renacido
en fuego y silencio.
Llenaremos la tierra de nuestros pasos
y apagaremos estrellas una a una
para que solo tus ojos ardan.
11
Conocimos el horror del espejo
y el vahído de lo insustancial
que plaga nuestra carne.
12
Los sollozos de la luna
enhebran velos
que arropan la locura
de ciegos insomnes.
13
Las sombras se diluyen
en senderos embriagados
de ficciones suicidas...
El horror de tu rostro desvaneciéndose entre mis manos, como un rayo de luna aprisionado solo un instante, diluido entre los dedos, cayendo en el vértigo del tiempo siempre prófugo.
Siento el frío de la noche naciente helando mi espalda, haciendo doloroso el recorrido del sudor sobre mi piel...
Enmudecida la sangre
mi sino se precipita
en un talud de rumores herrumbrados.
Ciego soy al temblor de mis manos.
Dibujando fantasmas sobre los muros
las horas mueren de abulia
tras el helor de mis pupilas.
El tiempo es un marjal de ansias muertas.
Sepulto entre las grietas
la nostalgia de...
1
Somos torvos muertos
henchidos de tumba,
prófugos del viento
con vocación de árbol.
2
Polvo ahora,
grito de estrella,
renaceremos
en nuevos soles.
3
Gato,
pequeño dios durmiente,
secreto placer
de acariciar un arcano.
4
Resonamos...
Seguí el rumor
de unas alas eclipsadas
en paramos de frio y bruma
donde el viento murmura con desgano
nombres de dioses muertos.
Me aleje de la luz y de la hierba
siguiendo el fantasma ensombrecido
de unos ojos negros,
de unos pies ligeros,
de una piel de tibieza inmaculada,
hasta marcar las...
¿Quién puede
calibrar la angustia
que petrifica la sangre
en un grito contenido?
¿Quién puede narrar la soledad del sepulcro?
¿Quién puede entender
el rigor de la tierra
y conocer el final
de la caminata en la niebla?
¿Quién puede soportar la sonrisa de Dios?
En nuestra prisión de carne
los...
No pude entender
la amplitud de tu nombre,
se me escapa en la comba cristalina
que abarca el giro del horizonte.
Soy pequeño en mis círculos crepusculares
que siembran cenizas en las manos.
Tú, hermana del sol,
expandes tus alas sobre las aguas,
pero yo muero de sed bajo tu sombra.
En mis...
Canta la lluvia el despertar del mundo,
proliferan los ecos de gris nostalgia.
Las calles se vuelven viejas
con temblor de perro ciego.
Pero tras los muros nos sentimos eternos,
inmutables ante el tiempo y la tristeza.
Minotauros emasculados en laberintos complacientes.
Pero la lluvia canta...
Muero en cada luz,
en cada espejo.
Renazco en el eco de tu voz,
bajo tu aliento
Soy un fuego fatuo
sobre senderos rotos.
Intermitente grito
sobre lienzos de angustia.
Pero me renuevo
en el frescor de tu mirada.
Diosa de verdor inmaculado.
El ocaso se cristaliza en tus ojos,
en tu cabello se maraña la luz.
El tiempo se vuelve infinito
en el frescor de tus manos.
La noche llega con su tropel de ecos.
Tú siembras flores de luz en cada paso,
como estrella errante de místicas riberas.
Vestida de ósculos lunares
rebulles...
Bajo la opacidad del cielo
risas infantiles
quebrándose con rumor
de cristales.
El tiempo se derrama
en manos nuevas
con frescor de niebla.
Y yo muero un poco
en esta tarde empedrada
de nostalgias,
padeciendo el rigor
de años extraviados
y sueños fenecidos.
Cerca, los niños juegan...
Busqué el horizonte
en la lejanía de tus ojos,
abandonando mis ansias
en la tranquilidad de tus orillas.
Me encontré disperso
en un cielo más amplio,
bajo la indulgencia de tu luz.
Sumergí mi alma
en el abismo de reverberaciones
musicales de tu voz.
Te encontré en mi propia piel,
en tu...
Somos nuestro sacramento,
el exordio de la inmortalidad.
Música transparente
en combas de fuego.
¡Trascendemos!
Siembro en ti el génesis
de una nueva carne.
Toda profecía se anula.
Somos raigambre de lo eterno.
Paso altanero
de reina destronada,
extendiendo el juego
místico de las sombras.
En tus ojos crepita
un fuego azul
lejano e insondable
de dioses arcanos
que aun respiran
en tu calidez benévola.
¿En qué selvas nocturnas
te pierdes, pequeña efigie?
¿Cuántos secretos anidan
tras tu...
Arde la noche
en mis manos.
Se respira
la inmortalidad.
Hay un brillo íntimo
en el silencio coincidente.
Todos somos dioses
de nuestro edén.
El viento teje
sobre mi carne verde
barahúndas
de misterios.
Danzan las gotas
en la paráfrasis del viento,
sembrando astilla de luz
en urdimbre vertical.
La calle se tiñe de gris
y desganada melancolía,
de perros huyendo de su sombra
y sonoridades vaporosas.
Danzan las hojas
en tolvaneras lunares,
incandescencia argentina...
Se enreda el crepúsculo
en tus cabellos
y el sol rutila en tus labios.
Te entregas a la lisonja del viento
que tiñe tu relieve de verdores
hasta volverte arena y silencio.
Y yo en las sombras te contemplo,
embriagado de amarga lejanía,
calibrando el rigor de tu tibieza...
Profundamente
te busco en el rumor de mis heridas
y los huecos de mi sangre.
Te espero
en mis días más inciertos
y mis noches más agobiantes.
Intolerable
el rigor de lo finito entre la carne
y tu ausencia se extiendo como un grito.
Esperare
el final de esta angustia entramada
a la vorágine...
Te mire,
vestida de luna,
llorando la epifanía
de tu mortalidad.
Hada de luz amarga,
flor eterna
de praderas perpetuas,
déjame besar
el hálito de su sombra,
- tan lejana e íntima -
para conocer el arcano
de tu piel traslucida
y ser uno contigo
y tu sed de...
Ingrávido me precipito
en tu sueño terso
de lunas prófugas
y estrellas liquidas,
entregándome al vértigo
de tu deseo impoluto.
Me disipo, fragoroso,
entre tus mareas
y espesuras,
hasta conocer la intimidad
de tu calidez oculta,
hundiendo el filo de mi ansia
en...
Te amare ahora
mientras aun galope sangre en mis venas,
pues no conozco el arcano de los tiempos
y toda promesa es vana e inconclusa.
Te amare ahora
mientras mis ojos aun hospedan luz
y me embriago de tu belleza cristalina
que sublima mi legado de barro.
Te amare...
Te encontré
en el esplendor del viento,
en la incógnita de sentirme vivo,
en la lluvia extraña
y su rumor arcano.
Te encontré
en la sombrea de un misterio verde,
en la curva ciega del cielo eterno,
en el silencio inmenso
y su intimidad fría.
Te encontré...
El dolor
es piedra vieja
entre los huecos
de mi carne.
Sobre la vejez de polvo
bebo de la escudilla de Job.
Mi sombra
se diluye en la ferocidad
de vientos negros.
En esta colina
la hierba esta quemada
por la sombra de los muertos.
Sobre los ojos
el...
Les agradezco profundamente, Ivan y Bristy. por sus amables palabras. Humildemente confieso que me hace sentir orgullo que colegas talentosos piensen estas cosas de mi arte. Es un honor que espero merecer.
Me detengo ante el murmullo de tu carne,
palpitar luminiscente entre la fronda
que anuncia un amanecer eterno
de fuegos fatuos y ecos cristalizados
ungiendo mi alma de efluvios perfumados,
mesmerizandome hasta la ingravidez.
No puedo pensar,
la mente es pradera en ardentía,
los ojos convulsión carmesí,
las manos evasión suicida.
El mundo es dédalo oscurecido,
obnubilando el tránsito de las almas
espantadas de la resonancia
de su inane y exigua existencia.
Mi cuerpo es potestad de...
Sobre el asfalto disperso mi sangre sucia
de humanidad y de humo
despreciando a los que visten de carne
y mascullan palabras huecas
perdidos en pequeños horizontes de brillo angular
y no parecen recordar que hay caducidad
para piel, para plástico, para ojos, para juegos...
Caigo
entre orbes negras
hacia
horizontes lenticulares.
Grito
sobre deidades impávidas
de atroz concavidad.
Ardo
bajo cielos feroces
hasta
ser braza silente.
Renazco
en un nuevo dios
de rencor estático.
Les agradezco profundamente, queridas amigas Brisity & Nancy, por sus amables y cariñosos comentarios hacia mi trabajo.
Le mando un enorme abrazo desde la lejanía.
Resuena la tierra
dentro de mí,
la respiro y duermo
sobre tibiezas encarnadas
en verdores luminosos.
Trocare mi carne
por la ingravidez de las nubes
para ser cómplice del sol
y la curvatura cristalizada
de la Tierra cordial.
Florece en mi
una nueva...
Luna triste,
cuna helada
mece mi alma muerta.
Noche roja,
palio amargo
arropa mi cuerpo pútrido.
Tierra negra,
madre infértil
recibe mis manos decapitadas.
Seguiré la caligrafía
del relámpago
sobre el rostro del éter.
Seré el eco
del...
Como siempre, es una grata emoción leer tus comentarios tan amables. Te agradezco mucho lo que piensas sobre mis humildes letras, querida Nancy. Un gran abrazo.
El lago gris
se mece
en la curvatura
del horizonte.
La ciudad lejana
es enjambre
de luces infértiles.
El campo azul
resuena
de sustancia
y respiros secretos.
La soledad
trae nostalgias
de paraísos ajenos.
Muchas gracias querida Bristy por tus palabras de animo. Pues así, algo sombríos, me salen la mayoría de los poemas que escribo, digamos que es algo que se me da natural.
Un abrazo desde la distancia.
El caballero
de la armadura rota
sangra su gloria
en tierras ciegas.
Una dama pálida
duerme su tibieza
en camas ajenas,
sobre monedas doradas.
El caballero yace
contando estrellas
mientras ignora la danza
negra de los cuervos.
Una dama pálida...
Mirare el ojo
de la tormenta,
hasta sentir mi carne
parte del vértigo.
Esperare la caída
del cielo caduco
para quemar la ceniza
de ángeles fallidos.
Honrare el canto
de aves suicidas
para trazar en sangre
mi última elegía.
Buscare la sombra
que...
El verdor tránsfugo
que se cuela
tras mis pupilas
me trae evocaciones
de paraísos extraviados.
El rumor de la serpiente
no ahuyenta
la sombra de Dios
y el fruto prohibido
se marchita de hastío.
Dejare mis huesos
de herencia a las flores
más amargas...
Giros azules
bajo el cielo desteñido
llevan a mi alma
a una marejada infinita
que transmuta
mis labios y ojos
en astros prófugos
hambrientos de reposo
pero penado
a errar eternamente
entre constelaciones dolientes
que aúllan en la oquedad
de la eternidad.
Muy interesante y reflexivo poema sobre la erosión sistemática que la presencia del ser humando ha causado a nuestro planeta madre.
Te mando un gran abrazo desde la distancia, querida amiga.
Luces lejanas
en la férrea penumbra.
¿Es el abatimiento
de un sol terminal?
El viendo endurece
en torno a mi decrepitud.
La ciudad se desvanece
entre brumas demacradas.
Y yo aquí, rezumando
mi mortalidad por las venas.
La ultima luz decrece...
Muere la última flor
en el árbol más triste.
El libro envejece de tedio
en mis manos extenuadas.
Ensordezco de silencio.
Y los remanentes de tu sombra
aun escuecen mis heridas.
Los muros interpelan
mi inmovilidad.
Desperdigo mi alma al grito de los...
Un fuego
en la lejanía.
Aves traslucidas
dibujan el ocaso.
Verde silencio.
Un niño ríe
a mis espaldas.
La ciudad
se respira y eleva.
El sol se mece
sobre filos carmesí.
Me siento en paz,
purificado.
Los últimos cantos...
Tu sombra baila
sobre mi palma.
Tu perfume se esparce
sobre la hierba.
Te vuelves verdor
entre las rocas,
agua fresca
para mi exilio.
Eres espejo de sol,
que planea sobre las aguas
del lago oculto
al que revelaste tu nombre.
Dejas siempre...
Piedras viejas
disgregan las voces muertas
de tragedias añejas
que ya nadie importa.
En la ciudad de oriente
las almas niegan sus velos
y aun entonan cantos
que no blanden ecos.
Ni las sombras de los ahorcados
admiten reposo,
bailando tétricas danzas...
La ultima ave
del crepúsculo
se posa sobre mi pecho
y entorna
la canción
de los derrotados.
Los arboles
del parque frio
ríen a mi espalda
recordándome
el sino de Judas
y la cruz furiosa.
El ave negra
yace muerta
entre el temblor
de mis manos...
Sobre los montes azules
pasa tu sombra verde
opacando un cielo terso
límpido y líquido.
El mar nos promete
nuevas renunciaciones
y un sol oculto, que florece
en nuestro latido.
Somos uno, indivisibles,
como el cielo y el mar,
espejos que siempre miran
el...
Les agradezco mucho queridas Bristy, Nancy, por comentar de forma tan amable y dulce mi poesía.
Les mando un enorme y cariñoso abrazo desde la distancia.