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Si me olvidas
me extraviare en un laberinto de ecos
entre estatuas sin rostro
y rosas frías.
Si me olvidas
me hundiré en el polvo de mi sombre
enrojeciendo el crepúsculo
con la sangre de mi ira.
Si me olvidas
llenara mi cama de amaneceres helados
para...
Te encuentro en mis nostalgias y mis brumas
como un abrazo tan lejano como infinitos
y me desdoblo en ansias inacabadas
que solo acarician la arista de las sombras.
La nostalgia me llena de efluvios grises,
un vórtice de quimeras enmascaradas
mascullando con desgano nuestros...
Al final, nuestra entrega florece, rutilante,
mas allá de nombres y de mundos,
pues somos uno en nuestro abrazo,
infinitos y mortales,
frágiles en nuestra inercia,
transmutados, gloriosos de sol y verdor,
compartiendo camino y respiro
y llevando la fragancia de tu alma
a...
Me detengo ante el murmullo de tu carne,
palpitar luminiscente entre la fronda
que anuncia un amanecer eterno
de fuegos fatuos y ecos cristalizados
ungiendo mi alma de efluvios perfumados,
mesmerizandome hasta la ingravidez.
La santidad del silencio
solo debe quebrantarse
por el murmullo
suave, amable,
de la Muerte.
Desnuda tus manos,
libera tus ojos,
entrégate a la pureza
del último grito.
¡Inmólate!
La vejez, la novedad,
todo termina
en el instante que todo importa...
Transmutaciones áureas,
almas tejida en la piel.
Todo cambia.
Todo permanece,
en otras caras, en otros tiempos.
Manantiales de luz
anegan minutos insomnes.
Todo vive.
Todo muere
en otros ojos, en otros poemas.
Te soñare
tras el rigor
de mi última muerte
encontrándome
en esas arenas blanquecidas
donde casa sueño muere
y el tiempo se extiende enmudecido
en un horizonte vertical.
Siento…
muy dentro de mi grito
la equimosis simple
de este veneno.
Santísima Muerte,
señora del ósculo amargo,
ángel de piel de escarcha,
amante del abrazo helado.
¿Dónde se extravían tus pasos?
¿Por qué es tu dilación?
¿No es aun mi tiempo?
¿En vano te estoy invocando?
Esta vida, estos fardos,
Señora, me están fatigando.
Mis...
Les agradezco mucho a los moderadores de esta gran página y a las personas que siempre me alientan con sus amables comentarios, es un orgullo para que uno de mis trabajos haya sido elegido poema del mes.
Un abrazo fraternal.
La Muerte sueña que está sola,
en una angustia desgranada
sobre parcelas de sombras.
Sueña la Muerte que está sola
y llora sobre los huesos de Adán
y las petrificaciones calcinadas del Edén.
La Muerte busca a su amante
entre el enjambre sin confín de almas,
alguien...
La vida nos inunda, nos ahoga,
nos desgarra en los escollos más crueles,
fragmenta nuestro dolor en mil esquirlas.
La vida nos deforma, nos amolda,
nos enfunda la agonía más abyecta
hasta volvernos solo un grito y una herida.
La vida nos destroza, nos devora,
nos monda...
Madre, déjame partir,
ahora, en la tarde pintada de tristeza.
Llena la maleta de mis fracasos,
entierra mi primer juguete
a un lado de mi primer canario.
Úngeme los ojos de adioses
y las manos de culpas.
Ruega por mí a ese dios
en el que nunca creí.
Pon una bala en mi...
Despertares!
Pequeñas muertes inconclusas,
augurios insondable de acerbas aflicciones.
La vida duele en cada poro.
La luz se licua entre espasmos.
La tremenda agonía de sentirse vivo.
Tumbas
donde inhumar sueños
crepitaciones siniestras
de piras hirsutas de...
Cansados de inútiles combates
mis brazos se precipitan
en un dolor sin ruido
impotentes aun de convocar
la gentileza de la Muerte.
Sobre la cama zozobrante
me disperso
sobre aguas acervadas
donde solo existe un dolor sin tiempo
y la angustia de aun
saberme vivo.
Efluvios necróticos
deslizándose en liquida parsimonia
de almas en mutismo granítico.
Una soledad sin horizonte
nos trae encíclicas de angustia,
ósculos amargos de labios muertos,
cantos patibularios de ansias suicidas.
Síntesis de odios añejos
gimiendo tras los...
La fragilidad de tu aliento
en mis manos
me retorno a los días
de ciego sol y risas fáciles
cuando la Muerte se entendía lejana
y el juego eterno.
Pero ahora
en tus ojos helados
solo encuentro escarcha
de crepúsculos retenidos
donde aletea, intima,
la cínica...
Arboledas de pájaros negros
se desprenden del ocaso.
Astillas enrojecidas
laceran la curvatura azul.
Ojos caen en la sombra,
ojos que ya no verán
la danza de la última hoja.
Las tumbas guardan su misterio.
Enjambres de estrellas frías
afilan su burla...
Cae en la desesperación
de un grito roto,
el grito de un dios ciego,
que no entiende
ni el temblor de sus manos.
Impotente de rencor,
impotente de miedo.
Pequeño dios muriente.
Eyacula sobre polvos y huesos
lo que resta de su nombre.
Amortajando su...
Pedazo de mí
resbalando.
Dulce hemorragia
que no se detiene.
¿Alguien responde aun
a ese nombre?
Oración petrificada.
Musa ensangrentada
sobre sábanas blancas.
Espíritus de la noche,
murmuren mi pecado
a las estrellas.
Pequeño pájaro muerto
en las manos frías
de mi niña sonámbula.
Flor crepuscular,
desnúdate de horizontes.
Sangra, niña, sangra,
en los bosques más ocultos.
¿Que dios podrá guardar
la beatitud de tu pureza?
Pequeña niña muerta
amortajada de brumas...
El punzante y frio aguijón de la nostalgia dirigió mis pies y manos hacia el lugar donde había guardado las rosas. Ahí estaban, en su quietud de siempre, acumulando polvo y años grises sobre un cúmulo de libros viejos de historias desgastadas de tanto ser leídas.
Tome la caja de plástico...
Fue un beso jodidamente bueno.
Bastante bueno.
Así es como ella besaba.
Un estallido, una tormenta, el salvaje despliegue de deseo contenido, inconcluso y dispuesto. El filo próximo de una navaja, un rojo abismo de encono tumultuoso, rabia primitiva en lubrico hervor.
Así es como ella...
Sobre la tumba la luna vela,
guarda un sueño de mármol.
Errabundo el viento gime
entre osarios olvidados.
El viento pasa descalzo
pisando estrellas petrificadas.
Adentro, una niña gravita
el sopor de los olvidados.
El tiempo se extiendo, líquido,
sobre...
Nacen estrellas
en la noche más negra,
matriz de frio nombre,
abismo pernoctante.
Sueños equidistantes
retienen el sueño de la Muerte
pero nada nos libra
de su beso inquisorial.
Bajo el agua más quieta
duerme la más dulce Muerte.
Tiempo detenido,
siempre ausente,
en el lago oscuro
reposa, infinito.
Duerme, duerme la Muerte,
ajena a toda brisa.
Imperturbable,
desprecia los siglos.
Encriptada en su nombre,
se sabe reina invicta...
Dolor.
Frio.
Muerte.
El cielo gira.
Filo sombrío
sobre entramados de gritos.
Dolor.
Frio.
Muerte.
No hay ruidos.
La oscuridad quema
en la estrechez quimérica.
Dolor.
Frio.
Muerte.
Busquen mis huesos
en el fondo
del muladar sin...
El sueño me vence. Las sombras se extienden, liquidas, sobre cada ángulo de mi habitación helada. En algún lugar, el palpitar de un reloj se sincroniza con el desgano de mi corazón.
Mis manos, desmayadas sobre un libro más viejo que yo, de temas que ya nadie trata; se ven impotentes de...
-“¿Qué miras tanto?”-
Su pregunta cayo con un eco húmedo que no logro perturbar el vértigo que me envolvía. La inmensidad de cielo nocturno, en que giraban miles de estrellas que parecerían querer precipitarse a la tierra en cualquier instante; aunada la silencio casi sólido, apenas roto por...
Mascarada de penumbras
en giros de luna roja.
Revivientes ennegrecidos
cantan las tragedias
de su rígido exilio.
Sobre el silencio petrificado
danzan dioses muertos.
Las horas se tiñen de suicidio.
Los prófugos de la tumba
se pierden en brumas añejas...
¿Puedo morir contigo?
En esta noche tan fría
donde el silencio quema
y una roja luna insomne
las tinieblas desgarra.
¿Puedo morir contigo?
El camino que se abre
es tan solitario.
Déjame morir contigo,
déjame desdoblarme en ti,
en tu dolor, en tu final.
Aunque al...
Muchas gracias amigo Paco y amiga Jazmín, por sus palabras de apoyo. En ciertas poesías me gusta imponer un ambiente lúgubre y sobrenatural y es grato saber que a alguien le gusta.
Un abrazo fraterno.
Les agradezco a todos sus amables palabras. Me siento honrado por que ustedes consideren que lo que escribo tiene una calidad aceptable.
Un abrazo fraternal.
En el infierno siempre se cae solo.
Toda culpa es privada.
Todo dolor es mudo.
Camina, alma mía, por el valle rojo.
Camina, ansiando esa muerte
que nunca llegará.
El infierno es el lugar más solitario.
Las nueve lunas rojas
nunca verán un amanecer.
El silencio es una lápida que oculta tu...
El espejo se desmenuza en cien gritos.
Se abre el telón para el desfile de fantasmas.
Rotando mascaras según el baile.
Cambiando nombre según la música.
Danza macabra entre tumbas abiertas.
Festival de sombras bajo luz ajena.
Blanco sobre negro impostando almas.
Pero dentro, muy dentro
un...
La luz nos trae el espanto
del diario despertar.
La agonía de la carne.
La mentira de la sangre.
El crepitar de nuestro dolor
resuena en las catedrales
del más duro silencio.
Devorados por la vida,
regurgitados en nuestro infierno privado.
La esperanza se desdibuja...
Bajo el agua más quieta
se desdobla la sonrisa
de la niña muerta.
¡Cuánta belleza detenida
en tus labios inviolados,
en tus ojos clausurados,
en tu pecho sin tocar!
Bajo el estandarte de Lesbos
la Muerte te rapto
celosa del aire,
envidiosa del sol...
He aquí que ya no caben en mí más muertes,
estoy tan lleno de soledades que ya no existo.
Una tumba abierta en un páramo helado,
una lápida sin mentiras ajenas,
la marchita matriz de una vieja prostituta,
es mi existencia, roca desgarrada por tiempos fríos.
En una angustia que...
En el glaciar nimbo de la Muerte
con la delicia de saberse ignoto,
lejos del bullicio de la sangre,
en el arcano abrazo del polvo,
a salvo de los ojos de Dios;
floto en la negra pupila
de la inexistencia más absoluta.
-“Cada tumba tiene una historia”- suspiro el viejo sepulturero, dejando caer su sombra sobre las hojas secas que agitaba el viento.
Yo mire la tristeza gris de las derruidas lapidas y erosionadas cruces. Un gusto de melancólica amargura se sentía emerger en la garganta. Silencio. ¡Hay tanto...
De nueva cuenta, la nostalgia me besa con sus fríos y etéreos labios, dejando un acre sabor en el erial de mis labios.
¿En dónde estás?
El viento no me trae la suavidad de tu perfume, ni la calidez que emana tu piel. Solo el espectral abrazo de la soledad.
Miro el sol agonizando en el...
En la teofanía fúnebre
de mi tristeza encenagada,
entre el pletórico vendaval
de mis mustias remembranzas,
te busco.
En la negrura de otros versos
extendidos sobre el tálamo
de una muerte arraigada,
donde bebo entre los muslos de mi angustia
tu recuerdo en una rabia...
Campiñas carmesí
bajo soles necrosados.
Dioses putrefactos
sobre caminos turbios.
Cenizas sobre cenizas,
polvo invoca polvo.
Ángeles sonámbulos
bajo lunas verdes.
Ya ni los muertos
entierran a los muertos.
Un niño agoniza
masticando carne de su madre.
Ya ni...
¿Qué hay detrás de tus ojos?
¿Por qué me da miedo saberlo?
Tantos años
compartimos piel y tiempo
y aun no conozco
el límite de tu sombra
ni el código silencioso
de tus manos.
¿Por qué aun te amo
cuando mi corazón es pasto
de las piedras
y ni mi nombre recuerdo?
¿Por qué aun habitas...
Una lagrima
cae de la luna,
un filo argentino
desgarrando la nostalgia.
En alguna parte
alguien muere,
alguien nace.
¿Esto es superstición
o el amargo gusto
de lo inevitable?
Muero un poco hoy
como lo hice ayer.
La verticalidad me devora
y llena mis ojos de noches,
teñidas de...
En las habitaciones de mi mente
hospeda el fantasma de tu ausencia.
Guardo en la esquina de mi ojo izquierdo
el eco de tu último grito
y en la piel tatué con frio
el trazo del roce postrer.
Paseo entre mis ruinas murmurantes
la amargura de mi sombra, ya nunca compartida,
que se...
Fuego ciego.
Un miedo repta
sobre pieles frías.
No puedo nacer
en otros ojos,
me han enclaustrado
en un nombre ajeno.
Padezco, enmudecido,
la verticalidad de mi carne,
esperando el signo
que libere el tiempo
de su círculo cortante.
No muero,
aunque lo...
El aire se duerme
bajo mis manos quietas
humedecidas
en un silencio maternal.
(No hay más que el redoble de mi sangre
en este instante sacramental)
El sol cae vertical
sobre un horizonte líquido,
embriagado de tonos rojos,
arropándome en tintas mortuorias
con que las que...
Me he detenido
en el filo del crepúsculo
para preguntar
a la quietud del viento
cuál será el fin
de mi verticalidad
pero el silencio,
en mudo estruendo,
lleno cada hueco de mi fuga
y me instauro en un canto fijo
donde, en horizontes circulares,
nunca veré la culminación
de mi grito.
Muchas gracias amigo Arponero. No había pensando en la arquitectura poética como tal, pero me gusta escribir de forma diversa. Te agradezco profundamente tu comentario.
Deja caer el grito
en la soledad vertical
que ignora los ángulos
de todo horizonte.
Deja manos y ojos
en el abandono más intimo
para renacer
en un pétalo del viento.
Deja tu canto
a la herencia del eco
donde enraizara
en un testamento petrificado...
Me he detenido
en el filo del crepúsculo
para preguntar
a la quietud del viento
cuál será el fin
de mi verticalidad
pero el silencio
en su suave estruendo
llena cada hueco de mi fuga
y me instaura en un canto fijo
donde, en horizontes circulares
nunca veré la...
Y al final
todo cae
en un toque elíptico
que gravita
entre constelaciones amargas,
ajenas a toda redención
y que nos entrega
-viles despojos-
a un paraíso
de falsedad vertical.
(La voz se apacigua, muda de tanto vacio)
No culpemos al polvo
por su mueca profética.
No culpemos al viento
por el rencor con que muerde.
No culpemos al silencio
por guardar tantos secretos.
No culpemos a la sangre
por su galope enloquecido.
No culpemos a la carne
por la debilidad de nuestro...