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Cuidado con el fuego.
Cuidado con el punzón
que esconde en su pecho la belleza;
cuidado si un relámpago ilumina
tus ojos palpitantes en sus manos.
Cuidado cuando encuentres
el clavel de la alambrada y confundas,
con eco de sollozos,
los duros arpegios del canto de la libertad.
Cuidado...
Cuando el rayo del bosque echó por tierra sin vida a su hermano Ciro, Marco se encerró en la más apartada torre de su palacio para sajar con su espada los impasibles días, hasta que el viento inmóvil fuera más poderoso que el acero. En el goteo continuo de las horas, el príncipe imploró a los...
Vengo herido de flecha, mi corcel
ha muerto en la batalla.
Mintieron con vesania nuestros dioses:
ya los bárbaros
devastan la ciudad.
Sin duda manos piadosas
saltarán de mi cara
los ojos que contemplaron tanto horror.
Para mi tumba había
arrancado una violeta;
debí perderla en las...
La Herida vino a mí por primera vez cuando aún era un niño. Ese amanecer, una horda vecina pretendió arrebatarnos el fuego. Pudimos repelerlos, pero mi muslo derecho quedó abierto y sangrante, y todos, pese a que me dieron por muerto, desbrozaron los entresijos de un oscuro ritual que trajo...
Por las madrugadas me visita un hombre de Pripiat que murió en mayo de 1986. Me cuenta de las mañanas de invierno, canta, me habla de sus hijos, de los planes quinquenales. De su infancia en la guerra. Se ríe al ver el agua, y me ruega que lo mate. Todas las noches le disparo en la frente...
En el último balcón del miedo,
donde la mañana anidó
sin pronunciar tu nombre,
en este tu lado del mundo,
hermoso y brutal,
como la arena que duerme
en el destino de la roca,
tú,
desnuda en las raíces del viento,
has buscado el perdón de la lluvia,
los caminos de la noche en el mar...
Hola, gracias por la aclaración. Sin embargo, la idea nunca fue describir de manera precisa un hospital militar o de campaña, ni que este estuviera ubicado en una época determinada. La idea parte de una experiencia personal en el hospital militar de mi ciudad, a la que, como es obvio...
En este, quizás el último
valladar de la tristeza,
donde ha quedado un espacio
vacío entre mi huella y el silencio,
aquí,
ante todas las pesadillas incubadas por el mar,
aquí en donde el aire
se inflama con tu voz y resplandecen
los incendios en el cielo de octubre,
aquí bajo tu herida...
Naceré para contarte
la historia de un horror,
para escuchar tu voz
en la voz del crucifijo,
para que siembres
semillas podridas y se confundan
tus manos sin dedos
con los gusanos de la tierra,
hospital militar,
solo el murmullo de tus ratas,
obesas por devorar
los coágulos del suelo,
conoce...
Ya sé que es tarde,
pero hablemos de la luna.
Del río que nace en la sangre del clavel.
Del agua sin paz
donde reposan tus manos.
Es tarde para que llames,
de nuevo,
a la puerta de mis ojos.
Por eso es de noche,
y lo será mañana.
Por eso ahora
he encendido mi antorcha:
hablemos del fuego
y...