edelabarra
Mod. Enseñante. Mod. foro: Una imagen, un poema
Estrofas polimétricas (Bimembres)
Extractado del libro (Mario Menéndez Bejarano, La ciencia del verso, 1904), con algunos agregados míos.
Se han utilizado desde hace muchos años en la poesía española,
estrofas formadas por versos de distinta métrica y las noticias más antiguas conocidas,
se remontan a la segunda mitad del Siglo XII;
Los más comunes en la poesía española son los que combinan siete y cinco sílabas
y los de once y siete, que prestan singular elegancia a la versificación.
Al verso de pie quebrado, cuya norma era que su longitud no superara la mitad del verso empleado en la composición,
se lo conocía por el nombre de bordó biocat, para el cual la rima no era obligatoria.
(Mario Menéndez Bejarano, La ciencia del verso, 1904).
Las estrofas polimétricas, se denominaban (bimembris o trimembris),
según mezclaran dos o tres suertes de versos (Op. Cit. Pág.161),
de las cuales la estrofa sáfico adónica nos ha llegado sin alteraciones.
El más antiguo catecismo de la península, está expresado en estrofas de pie quebrado:
Abrigándome su manto,
Padre é Fijo, Espíritu Santo
Seguiré el dulce canto
Reparable.
Abundan en la poesía popular tanto como en la erudita. Desde Berceo, Alfonso X (Cant. XLVI y otras), Juan Ruiz, etc., se entremezclan con más o menos gracia al oído popular. En el Cancionero de Baena, por ejemplo:
A aquel árbol, que mueve la foxa,
Algo se le antoxa.
Se mantiene durante todo el Siglo XVI, se reducen durante el XVII y XVIII a la mezcla de siete y once sílabas o a la combinación sáfico-adónica y recobran toda su inagotable variedad en el siglo XIX a beneficio de la ebullición romántica (Op. Cit. Pág. 162).
Espronceda y Arolas, figuran entre los más afortunados en las adaptaciones al pie quebrado, cual atestiguan El Pirata, El Mendigo, las Canciones y las Orientales, sin rival en nuestro parnaso.
Becquer utilizó con inimitable acierto los cortes bruscos del pie quebrado y Campoamor intercaló los “tropiezos” del verso corto en la marcha desigual de sus doloras.
Fue utilizada más en el campo de la lírica, ya que la épica, solemne y grandiosa, hubiera sentido vulnerado su majestuoso ritmo con el verso corto obstruccionista.
Según la opinión de Menéndez Bejarano, durante el Romanticismo, el pie quebrado no obtuvo más fruto que los menguados ovillejos del Tenorio y alguna que otra análoga hibridez. Con la combinación de siete y once sílabas, aparte de las liras, silvas y estancias, que ya se han consagrado largamente, ha solido mezclarse el tetrasílabo (tal vez porque 7 + 4 = 11), por lo que el verso de distinta medida no disuena esta mezcla de tres medidas, de manera que no sale de la cadencia de siete y once:
Nadie piense librarse de la muerte……... (11)
(La Escritura lo advierte)……………….…. (7)
Sino aquel que, con ansia verdadera,…. (11)
Constante hasta la muerte………………… (7)
Persevera………………………………………(4)(C. Fernández)
Horas antes de subir al patíbulo, condenado por ilusorio delito, el joven y lucidísimo ingenio español, Alonso Álvarez de Soria, ensayaba la mezcla de tres medidas (ocho, siete y once):
Tres horas me dan de vida (8)
Los que mi muerte pretenden, (8)
Que, como el camino es largo, (8)
Que parta temprano quieren. (8)
¡Ay qué tiempo tan breve! (7)
Poco podrá pagar quien tanto debe, etc. (11)
Desagrada al oído la mezcla de octosílabos con endecasílabos, como se puede ver en estos versos de Lafuente:
Heredero de dos montes (8)
De Nazario por su casa, (8)
En un monte los dos montes (8)
Se fueron sin quedarle ni una rama. (11)
Es preferible la combinación de endecasílabos y pentasílabos ensayada en dos formas:
1.- Una la llamada sáfico-adónica, compuesta de tres sáficos libres o rimados y un adónico final, por ejemplo:
Yo, solitario, la sedienta orilla…………………. (11)
Que Manzanares humedece apenas……….. (11)
Y el campo yermo que aridece a Mantua... (11)
Piso y detesto…………………………………………….. (5)(Reinoso)
2.- Otra, la de estancia, sustituyendo los heptasílabos con pentasílabos como en la siguiente estrofa de la Diana Enamorada de Gil Polo:
Cervantes, en el Quijote, pone en voz del cura un homenaje a su contemporáneo Gil Polo, en el capítulo del escrutinio (VI), a quien hace decir cuando salva del fuego un ejemplar de "Diana Enamorada" de este autor: "La de Gil Polo se guarde como si fuera del mismo Apolo". Vaya una estrofa de muestra:
Corrientes aguas, puras, cristalinas,
Que haciendo todo el año primavera,
Hermoseáis la próspera ribera
Con lirios y trepadas clavellinas;
El bravo ardor de Febo no escaliente
Tan fresca fuente.
Ni de ganado
Sea enturbiado
Licor tan claro
Sabroso y raro
Ni del amante triste el lloro infame
Sobre tan lindas aguas se derrame.
(GilPolo,1530-1584,DianaEnamorada)
Esta estructura, del tipo:
11 A
11 B
11 B
11 A
11 C
5 C
5 D
5 D
5 E
5 E
11 F
11 F
es bastante poco usada y me he tomado la libertad de hacer un poema así:
La luz de tu alma
Como la luz del sol por la ventana,
me alumbras con tu imagen cada día,
del mismo modo en rauda travesía
vuela mi mente a ti por la mañana.
Si yo creyera, al cielo pediría,
que tu alegría
nada mancille,
por siempre brille
la luz de tu alma,
reine la calma
sin un temor que lo mejor mereces,
porque tu amor ya lo pagó, con creces.
Eduardo León de la Barra (septiembre 2011)
Pérez de Hita, se valió de la misma estrofa para las ocho estancias que pone en labios de la Sultana (G.c. de Gr. 1º, cap. XIV)
La estrofa sáfica se halla en Horacio, en Cátulo, Ausonio, Prudencio y otros poetas, aparece alterada en Séneca, que coloca ocho sáficos delante del adónico.
La combinación de once y cinco versos se utilizó primero en Cataluña, su autor, Anthoni Valmanya las llamó coblas, constan de un cuarteto endecasílabo de rimas cruzadas, un pareado pentasílabo y otro endecasílabo.
Un saludo cordial,
Eduardo de la Barra
Extractado del libro (Mario Menéndez Bejarano, La ciencia del verso, 1904), con algunos agregados míos.
Se han utilizado desde hace muchos años en la poesía española,
estrofas formadas por versos de distinta métrica y las noticias más antiguas conocidas,
se remontan a la segunda mitad del Siglo XII;
Los más comunes en la poesía española son los que combinan siete y cinco sílabas
y los de once y siete, que prestan singular elegancia a la versificación.
Al verso de pie quebrado, cuya norma era que su longitud no superara la mitad del verso empleado en la composición,
se lo conocía por el nombre de bordó biocat, para el cual la rima no era obligatoria.
(Mario Menéndez Bejarano, La ciencia del verso, 1904).
Las estrofas polimétricas, se denominaban (bimembris o trimembris),
según mezclaran dos o tres suertes de versos (Op. Cit. Pág.161),
de las cuales la estrofa sáfico adónica nos ha llegado sin alteraciones.
El más antiguo catecismo de la península, está expresado en estrofas de pie quebrado:
Abrigándome su manto,
Padre é Fijo, Espíritu Santo
Seguiré el dulce canto
Reparable.
Abundan en la poesía popular tanto como en la erudita. Desde Berceo, Alfonso X (Cant. XLVI y otras), Juan Ruiz, etc., se entremezclan con más o menos gracia al oído popular. En el Cancionero de Baena, por ejemplo:
A aquel árbol, que mueve la foxa,
Algo se le antoxa.
Se mantiene durante todo el Siglo XVI, se reducen durante el XVII y XVIII a la mezcla de siete y once sílabas o a la combinación sáfico-adónica y recobran toda su inagotable variedad en el siglo XIX a beneficio de la ebullición romántica (Op. Cit. Pág. 162).
Espronceda y Arolas, figuran entre los más afortunados en las adaptaciones al pie quebrado, cual atestiguan El Pirata, El Mendigo, las Canciones y las Orientales, sin rival en nuestro parnaso.
Becquer utilizó con inimitable acierto los cortes bruscos del pie quebrado y Campoamor intercaló los “tropiezos” del verso corto en la marcha desigual de sus doloras.
Fue utilizada más en el campo de la lírica, ya que la épica, solemne y grandiosa, hubiera sentido vulnerado su majestuoso ritmo con el verso corto obstruccionista.
Según la opinión de Menéndez Bejarano, durante el Romanticismo, el pie quebrado no obtuvo más fruto que los menguados ovillejos del Tenorio y alguna que otra análoga hibridez. Con la combinación de siete y once sílabas, aparte de las liras, silvas y estancias, que ya se han consagrado largamente, ha solido mezclarse el tetrasílabo (tal vez porque 7 + 4 = 11), por lo que el verso de distinta medida no disuena esta mezcla de tres medidas, de manera que no sale de la cadencia de siete y once:
Nadie piense librarse de la muerte……... (11)
(La Escritura lo advierte)……………….…. (7)
Sino aquel que, con ansia verdadera,…. (11)
Constante hasta la muerte………………… (7)
Persevera………………………………………(4)(C. Fernández)
Horas antes de subir al patíbulo, condenado por ilusorio delito, el joven y lucidísimo ingenio español, Alonso Álvarez de Soria, ensayaba la mezcla de tres medidas (ocho, siete y once):
Tres horas me dan de vida (8)
Los que mi muerte pretenden, (8)
Que, como el camino es largo, (8)
Que parta temprano quieren. (8)
¡Ay qué tiempo tan breve! (7)
Poco podrá pagar quien tanto debe, etc. (11)
Desagrada al oído la mezcla de octosílabos con endecasílabos, como se puede ver en estos versos de Lafuente:
Heredero de dos montes (8)
De Nazario por su casa, (8)
En un monte los dos montes (8)
Se fueron sin quedarle ni una rama. (11)
Es preferible la combinación de endecasílabos y pentasílabos ensayada en dos formas:
1.- Una la llamada sáfico-adónica, compuesta de tres sáficos libres o rimados y un adónico final, por ejemplo:
Yo, solitario, la sedienta orilla…………………. (11)
Que Manzanares humedece apenas……….. (11)
Y el campo yermo que aridece a Mantua... (11)
Piso y detesto…………………………………………….. (5)(Reinoso)
2.- Otra, la de estancia, sustituyendo los heptasílabos con pentasílabos como en la siguiente estrofa de la Diana Enamorada de Gil Polo:
Cervantes, en el Quijote, pone en voz del cura un homenaje a su contemporáneo Gil Polo, en el capítulo del escrutinio (VI), a quien hace decir cuando salva del fuego un ejemplar de "Diana Enamorada" de este autor: "La de Gil Polo se guarde como si fuera del mismo Apolo". Vaya una estrofa de muestra:
Corrientes aguas, puras, cristalinas,
Que haciendo todo el año primavera,
Hermoseáis la próspera ribera
Con lirios y trepadas clavellinas;
El bravo ardor de Febo no escaliente
Tan fresca fuente.
Ni de ganado
Sea enturbiado
Licor tan claro
Sabroso y raro
Ni del amante triste el lloro infame
Sobre tan lindas aguas se derrame.
(GilPolo,1530-1584,DianaEnamorada)
Esta estructura, del tipo:
11 A
11 B
11 B
11 A
11 C
5 C
5 D
5 D
5 E
5 E
11 F
11 F
es bastante poco usada y me he tomado la libertad de hacer un poema así:
La luz de tu alma
Como la luz del sol por la ventana,
me alumbras con tu imagen cada día,
del mismo modo en rauda travesía
vuela mi mente a ti por la mañana.
Si yo creyera, al cielo pediría,
que tu alegría
nada mancille,
por siempre brille
la luz de tu alma,
reine la calma
sin un temor que lo mejor mereces,
porque tu amor ya lo pagó, con creces.
Eduardo León de la Barra (septiembre 2011)
Pérez de Hita, se valió de la misma estrofa para las ocho estancias que pone en labios de la Sultana (G.c. de Gr. 1º, cap. XIV)
La estrofa sáfica se halla en Horacio, en Cátulo, Ausonio, Prudencio y otros poetas, aparece alterada en Séneca, que coloca ocho sáficos delante del adónico.
La combinación de once y cinco versos se utilizó primero en Cataluña, su autor, Anthoni Valmanya las llamó coblas, constan de un cuarteto endecasílabo de rimas cruzadas, un pareado pentasílabo y otro endecasílabo.
Un saludo cordial,
Eduardo de la Barra
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