Admito que me agrada leer estas intervenciones. Que sean coincidentes o no ya es otro vaso de medir, pero no hay forma de medir sin antes conocer su contenido.
Muchos de los criterios vertidos son más apasionamientos y jodedera que otra cosa, y sin embargo a pesar de que vengan ya de un sentimiento creado o a crear, resultan una mina de donde aprender. Aprender de otras culturas, otras visiones, otros diccionarios... y porque no, de uno mismo al forzarse a entender y encajar los criterios ajenos con los pensamientos propios.
En España las diferencias reales entre los partidos de izquierdas y de derechas están muy lejos de "comunistas" y "fascistas". Tienen que ver más con impuestos (que a veces pueden venir de acuerdos de la Unión Europea y entonces te da igual quién gobierne), con el apoyo a lo público o a lo privado, con mayor o menor regulación del Estado en cuestiones económicas, con leyes sociales (por tomar algo reciente, la ley de regulación de la eutanasia; ahí está también la ley LGTBI, a ver en qué acaba). No creo que de forma realista se pueda pensar que ningún partido vaya a acabar con la democracia en España (aunque sí la pueden ensuciar unos y otros) ni que vaya a cambiar que en España tengamos un sistema capitalista (aunque sí se puede mover entre algo más despiadado o más regulado, con más protección hacia las personas vulnerables).
Aparte tenemos el enorme problema de la corrupción.
Todo el enfrentamiento, las palabras gruesas, el miedo a los contrarios me parece una exageración, una puesta en escena para exaltar los ánimos y ganar el voto de las tripas. Pero tiene un precio de animadversión en la sociedad que creo que no debemos estar dispuestos a pagar y creo que no debemos contribuir a ello.
En la realidad lo de "izquierdas" y "derechas" es más un distintivo de fuerzas, como los estandartes de los viejos ejércitos, o los colores de uniformes de un equipo de futbol... es decir que se reducen a membretes o etiquetas.
Tema aparte es la base ideológica de tales fuerzas.
Esto me ha llamado mucho la atención. La conclusión en la que más o menos estoy ahora es lo contrario. Me parece que la compasión, entendiendo dentro de ella el identificarte con el sufrimiento de los demás, haciéndolo de alguna manera tuyo y, por tanto, haciéndote algo responsable, quizás no de provocarlo, pero sí de intentar evitarlo, me parece más propio de la ideología habitualmente asociada a la izquierda. Es el pensamiento (ideal) de que el sufrimiento de todas las personas es cosa de todas las personas y de ahí buscar una organización de sociedad que ofrezca protección a las personas para evitarlo. Ponerlo en práctica ese ideal es más difícil, pero al menos se plantea como objetivo de sociedad.
Creo que la derecha es más individualista. Se centra más en el beneficio personal o de un grupo y tiende a descartar esa responsabilidad por las personas en situación de sufrimiento. Por ejemplo, ahí tenemos esos discursos sobre el supuesto mérito, que, en general, olvidan que, además del esfuerzo, influyen muchísimo las circunstancias.
Acá el manejo del sarcasmo es clave para identificar: el concepto real, el concepto opuesto, y la intención de crear un nuevo concepto.
Luis Rubio dijo:
↑
Admito que la compasión es un sentimiento muy de derechas...
El nuevo concepto a crear en este sarcasmo es que la derecha no tiene compasión. ¿Acaso una etiqueta es capaz de tener o no un sentimiento?
Una cosa es la ideología y otra las personas que siguen dicha ideología. El membrete de derecha o izquierda se aplica a la ideología o a las personas ¿???
La realidad es que los membretes se usan a conveniencia.
Es educativo el ejercicio de intentar comprender las expresiones de cada uno, y llegado a reducir las bases de cada postura surge la vieja pugna de individualismo-colectivismo.
Sobre ese viejo choque de posiciones es que se basan el manejo de las emociones que ayudan a poner membretes y que ayudan a los políticos a conseguir poder (seguidores o votantes).
Que el viejo nudo individualismo-colectivismo ya fue desenvuelto hace milenios. Y es que la pugna se resume al peso de conveniencias momentáneas. Son momentos, solo instantes donde surge esa pugna.
De allí que el discurso, sobre todo político, extienda esos instantes por sobre la realidad, para extender la pugna, sobre la que poner etiquetas, sobre la que encender pasiones, sobre la que ganar adeptos, sobre la que obtener poder de representación...
Cada vez que un discurso alude a los más pobres, a los desprotegidos, a los desamparados, a los sin casa... trato de no caer en el sentimentalismo.
Que usar la compasión como leit motiv (música identificativa) no me suena nada compasivo.
No creo rápidamente en discursos. Esto me convierte en un ser sin compasión... pues no.
La compasión es un sentimiento que debe nacer de una certeza comprobada por uno mismo.
Si la compasión nace de un discurso, bien nos pueden embaucar... no se sabe a ciencia cierta si lo único que recibimos es una cascada de discursos.