musador
esperando...
Ni siquiera en nuestra lengua
se comete la osadía
de nombrarte,
censurada la palabra
que al dolor le ponga nombre:
solo madre.
No eres huérfana ni viuda
de ese hijo cuya muerte
en tu sangre
es un grito que convoca
de su voz que silenciada
allí arde.
No hubo toro en la tragedia
ni las cinco eran en punto
de la tarde,(*)
mas la muerte se llevaba
en los cuernos de sus brazos
nuestras carnes.
Barro cruel de las trincheras
que en la carne como propia
te complaces,
esa bala de un anónimo
a la voz de su poeta
fue tu parte.
Madre ignota que sufriste
el desierto de su ausencia
en tu talle,
la grandeza del silencio
hoy no cesa con su grito
de mentarte.
(*)Obvia referencia a Federico García Lorca.
Nota. En un poema anterior con esta estructura la llamé, a falta de nomenclatura conocida, «romance de pie quebrado». Vuelvo hoy a ella, pero he hallado además un ilustre antecedente de esta idea de la rima asonante cada tres versos (no corresponde a mi idea de pensar al quebrado como integrado al verso que lo precede, pero bien valga como ejemplo):
Yo no sé como saltar
desde la orilla de hoy
a la orilla de mañana.
El río se lleva, mientras,
la realidad de esta tarde,
a mares sin esperanza.
Miro al oriente, al poniente,
miro al sur y miro al norte...
Toda la verdad dorada
que cercaba el alma mía
cual con un cielo completo
se cae, partida y falsa.
... Y no sé como saltar
desde la orilla de hoy
a la orilla de mañana.
(Del libro «Estío»(1915) de Juan Ramón Jiménez)
se comete la osadía
de nombrarte,
censurada la palabra
que al dolor le ponga nombre:
solo madre.
No eres huérfana ni viuda
de ese hijo cuya muerte
en tu sangre
es un grito que convoca
de su voz que silenciada
allí arde.
No hubo toro en la tragedia
ni las cinco eran en punto
de la tarde,(*)
mas la muerte se llevaba
en los cuernos de sus brazos
nuestras carnes.
Barro cruel de las trincheras
que en la carne como propia
te complaces,
esa bala de un anónimo
a la voz de su poeta
fue tu parte.
Madre ignota que sufriste
el desierto de su ausencia
en tu talle,
la grandeza del silencio
hoy no cesa con su grito
de mentarte.
(*)Obvia referencia a Federico García Lorca.
Nota. En un poema anterior con esta estructura la llamé, a falta de nomenclatura conocida, «romance de pie quebrado». Vuelvo hoy a ella, pero he hallado además un ilustre antecedente de esta idea de la rima asonante cada tres versos (no corresponde a mi idea de pensar al quebrado como integrado al verso que lo precede, pero bien valga como ejemplo):
Yo no sé como saltar
desde la orilla de hoy
a la orilla de mañana.
El río se lleva, mientras,
la realidad de esta tarde,
a mares sin esperanza.
Miro al oriente, al poniente,
miro al sur y miro al norte...
Toda la verdad dorada
que cercaba el alma mía
cual con un cielo completo
se cae, partida y falsa.
... Y no sé como saltar
desde la orilla de hoy
a la orilla de mañana.
(Del libro «Estío»(1915) de Juan Ramón Jiménez)
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