Dragón, aquí has comentado cuestiones que para mí ocupan un espacio importante en mi pensamiento, ya que tienen que ver con el modelo de sociedad y el comportamiento de cada uno:
Nacemos de una unión y pasamos protegidos una primera etapa
En general, de acuerdo. Hay excepciones, pero sí, la especie humana protege a sus niños.
Al ser adolescentes buscamos independizarnos al mismo tiempo que buscamos una manada que reemplace la familia
También de acuerdo. Siempre vamos a buscar la protección de un grupo. En realidad no creo que reemplace a la familia, sino que es un grupo de protección más amplio.
Pasamos un lapso compitiendo por el liderazgo de la manada y nos vamos enfocando a formar nuestra propia familia
No creo que todos busquemos el liderazgo. Lo que sí hacemos es buscar nuestro lugar en la manada, nuestro espacio de importancia, nuestra contribución a la manada, pero no tiene por qué ser el liderazgo. Hay personas que tenemos más carácter de seguidores y solo acabamos asumiendo responsabilidades de liderazgo en ausencia de otro líder que nos convenza.
Al tener vástagos tenemos la doble vida de ser derechosos de puertas afuera y zurdos de puertas adentro...
Y aquí es donde se me despierta especialmente el interés.
Desde hace tiempo pienso que hay personas que buscamos una sociedad lo más protectora posible. Queremos esa seguridad (seguramente la misma que nos daban nuestros padres) y que, en general, procederá del resto de las personas. Queremos que nos cuiden y nos atiendan cuando estamos enfermos, que no nos falte cobijo ni alimento. En general, queremos que nos traten con amabilidad y, si somos un poco coherentes, enseguida entendemos que debemos ofrecer a los demás esa misma amabilidad. La sociedad en gran medida es así, es un grupo amplio que establece relaciones de cooperación y apoyo mutuo. En la cooperación de la manada se forjó la ética humana (tengo pendiente leer más sobre esto).
Lo que no veo que tenga que ocurrir necesariamente es eso de "ser derechosos de puertas afuera". No sé muy bien qué significa. Me suena a que establecemos una relación de competencia o competitividad con los demás. Estoy de acuerdo en que estas relaciones existen en la sociedad y son necesarias hasta un cierto nivel y acaban sirviendo para que cada uno haga lo que mejor sabe hacer. Pero también creo firmemente que esa competencia debe limitarse por el reconocimiento de una serie de derechos universales y que la sociedad en su conjunto debe procurar que todos sus miembros los disfruten, ayudando a quienes por distintas circunstancias salen más desfavorecidos. En este sentido, de puertas para fuera, también creo que somos o podemos ser de izquierdas.
Tengo el convencimiento de que hay personas que aceptan el beneficio de la vida en sociedad pero al mismo tiempo ven la sociedad como un entorno de lucha entre sus miembros para conseguir el mayor beneficio personal (y para sus seres cercanos) posible, sin importarles demasiado que otras personas en esa lucha queden sin sus derechos básicos cubiertos. Creo que son personas que se sienten fuertes y aptas para esa lucha, probablemente porque parten de una posición fuerte que les permite fácilmente ese éxito.
Ese doble juego de sociedad cooperativa en la que al mismo tiempo sus individuos pueden ser muy crueles entre sí, incluso dentro de los límites legales, me genera rechazo. Aquí hay una clave importante y es establecer esos límites legales. Es donde entran en juego los gobiernos y las entidades legislativas.
Respeto la ambición, la iniciativa, la capacidad de emprendimiento, seguramente porque son cualidades muy débiles en mi persona y me es muy fácil apoyar a quienes abordan proyectos y contagiarme de su entusiasmo. Es lo que decía antes; no todos somos líderes. Pero me parece fundamental que esa ambición siempre esté moderada por el respeto de los derechos fundamentales y creo también que a medida que la sociedad vaya progresando, debemos ir ampliando esos derechos.
Si no, perdemos la garantía de la convivencia. Se generan tensiones y acabamos dedicando recursos a someter a los demás y a mantener posiciones de fuerza en vez de dedicarlos al progreso común.
Por poner un ejemplo que ilustra algo de lo que intento exponer. Me parece estupendo que alguien tenga una empresa de cultivo de fresas y se enriquezca con ello. Me parecen horribles las condiciones laborales de las jornaleras en determinados sitios. Hay una labor cooperativa (si no hay alguien que haga el trabajo de recolección no te va a funcionar la empresa) y al mismo tiempo de relación de abuso entre personas (como no tienes otra cosa te ofrezco condiciones infames y encima dame las gracias, que te doy trabajo).
Esa es la realidad, aunque nunca falta los fanáticos que dejan de ver la realidad y se estancan en una fase
No creo que sea una cuestión de estancarse en una fase, sino de qué modelo de relación entre individuos de la sociedad se quiere y qué nivel de intervención del estado o del gobierno se cree necesaria bien para garantizar esos derechos o bien con la mentalidad de la lucha. El fanatismo en cualquiera de los dos extremos es el convencimiento absoluto de la postura propia extrema sin someterlo a crítica, moderación, o aspectos prácticos realistas que muchas veces te llevan a posturas intermedias.