Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Dicen que los ojos no saben quedarse,
que caminan por la calle de la mirada larga
y, con algo de suerte,
se pegan con insolencia a un talle que pasa,
a un escote sonriente,
o, mejor aún, a otra mirada.
Mirar es construir la residencia momentánea
del camino que trepa a tus ojos
y se hace precipicio al caer por la espalda.
Por eso te advierten que es peligroso
mirar hacia atrás,
que solo puedes correr de frente,
que la tentación acecha si aparcas.
Hay fuentes de agua ardiente,
hay vientres de agua amarga;
el reposo sin sueño del amor,
el sueño sin reposo de la muerte.
—o al revés, pero lo mismo—.
Existe el riesgo de que al extender la mano
en un saludo se te pasen los trenes
o en un adiós se te escapen los pájaros,
pero para saber que has llegado
a donde no sabías que querías llegar
alguna vez tendrás que detenerte.
que caminan por la calle de la mirada larga
y, con algo de suerte,
se pegan con insolencia a un talle que pasa,
a un escote sonriente,
o, mejor aún, a otra mirada.
Mirar es construir la residencia momentánea
del camino que trepa a tus ojos
y se hace precipicio al caer por la espalda.
Por eso te advierten que es peligroso
mirar hacia atrás,
que solo puedes correr de frente,
que la tentación acecha si aparcas.
Hay fuentes de agua ardiente,
hay vientres de agua amarga;
el reposo sin sueño del amor,
el sueño sin reposo de la muerte.
—o al revés, pero lo mismo—.
Existe el riesgo de que al extender la mano
en un saludo se te pasen los trenes
o en un adiós se te escapen los pájaros,
pero para saber que has llegado
a donde no sabías que querías llegar
alguna vez tendrás que detenerte.
5 de enero de 2015