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  • Herramienta de Métrica Española mejorada

    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

Aloha

musador

esperando...
Desvelado en un jardín
de recuerdos va nutrido
un velero:
algún yuyo le da vida
a ese casco abandonado
al sereno.

Varios años quedó allí
albergando su nostalgia
y sus sueños,
evocando con su proa
locas olas y su baile
en el viento.

Era niño entonces yo:
era barco de piratas
en mis juegos,
profanando su pasado
en regatas y olimpíadas
sin respeto.

Supe después de sus años
en hermosa intimidad
con mis viejos,
de como lo navegaban
al contarse sus amores
y deseos.

El pasado de mis padres
que imagino conmovido
con esfuerzo
a mis ojos vuelve en lágrimas
cuando, Aloha, navegando,
te recuerdo.

Cosas que tiene el destino:
con un barco muy famoso
un museo
hoy conserva con tu casco
esas trazas de la vida
de mis versos.

Nota. La Aloha, un velero de cinco metros de eslora perteneciente a la clase «yola olímpica» (se llama así porque fue durante un tiempo una de las clases que participaron en las olimpíadas de navegación a vela), está hoy en el Museo Naval de Tigre, en la Argentina, a pocos metros del muy famoso velero Legh II.
 
Última edición:
Así es, Carmen, es un poema emotivo. ¡Cómo se encariña uno con los barcos! En este caso recuerdo el cariño que mis padres le tenían, yo no llegué a navegarlo. Hubo un episodio relacionado con otro barco en el que sí navego actualmente, el Tormentín, que motivó estos recuerdos. Seguramente ya hablaré del Tormentín en otro romance, jajaja.

beso
Jorge
 
Gracias, Miguel. Los veleros son nostalgiosos, quizás. Hace menos de una semana pariticipé en una regata cruzando nuestro río, el de la Plata, hasta el Uruguay (unas treinta millas marinas). ¡Es tan lindo sentirse una vela más entre sesenta velas que cruzan el río! Y uno se encariña mucho con los barcos, es notable.

abrazo
J.
 
Un romance de pie quebrado hecho a la "musadora manera" como ya te dije en otra ocasión con otro de igual estructura.

Has hecho un muy hermoso recorrido por recuerdos nostálgicos que se emparentan muy directamente con un afecto tan vital para ti como es el amor a la navegación que, por lo que nos explicas, te viene desde la infancia.

Buena poesía nos has dejado, amigo.

Te dejo estrellas.

Un abrazo.
 
Última edición:
Como bien te dice Capasa, se nota que hay mucho de ti en estos versos, puro sentimiento se palpa en ellos Jorge y eso prende en el lector. Muy bello lo que cuentas y la formula que usas para contarlo.
Un abrazo con estrellas.
Isabel.
 
Siento placer y gran ternura leyéndote, ahora bien, lo musical es evidente. Seguiremos por hoy navegando en ese velero, que nos mostró mas que tu corazón sincero. Un fuerte abrazo y encantado de leerte.
 
Como ya he comentado antes, Juan, es curioso el aspecto afectivo de la relación con los barcos. Uno vive tantas cosas lindas entre esas maderas... Yo soy el octavo hijo de mis padres, con lo que los conocí ya grandes y no vi esta primer etapa más juvenil de su pareja, cuando navegaban en esta yola. Sin embargo, me han contado que de bebé me llevaban, incluso hay una anécdota de que nos sorprendió un pampero (un viento muy fuerte del suroeste) y me resguardaron dentro de la bolsa de la vela para que no me mojara. Estas anécdotas, recuerdos de cosas que nos contaron de nuestra propia vida, tienen una gran carga emocional que he querido plasmar en este romance.

abrazo
Jorge
 
Encantada de leer tu bello poema. La verdad yo tome unas pocas clases para guiar un velero y me encanto. No llegue a aprender bien pero se siente muy bien estando en el. El agua salpicaba mi rostro. Me gusto mucho leerte. Mira lo que me hizo recordar mi aventura. Y bueno, ya despues fui en un crucero por varios dias y me toco ir en el piso 6 (tenia muchos mas pisos) con balcon y esa eperiencia fue bella tambien. Es un poema hermoso y emotivo. Saludos y Bendiciones.
 
Así es, Isabel. Nunca vi navegar esta yola, pero los recuerdos que me fueron relatando mis familiares impregnaron su casco de nostalgias. Es curioso eso de que esté allí, guardado en un museo, un objeto tan caro de mi infancia...

abrazo
Jorge
 
Te agradezco tu paso, Luis Pragmah. En este poema he sido, seguro, más sincero que en otros, por lo menos en el sentido de que la ficción es menor.

abrazo
J.
 
Encantada de leer tu bello poema. La verdad yo tome unas pocas clases para guiar un velero y me encanto. No llegue a aprender bien pero se siente muy bien estando en el. El agua salpicaba mi rostro. Me gusto mucho leerte. Mira lo que me hizo recordar mi aventura. Y bueno, ya despues fui en un crucero por varios dias y me toco ir en el piso 6 (tenia muchos mas pisos) con balcon y esa eperiencia fue bella tambien. Es un poema hermoso y emotivo. Saludos y Bendiciones.
Todavía estás a tiempo de aprender a navegar, querida Lourdes, como yo estuve a tiempo de contestar tu comentario.

abrazo
Jorge
 
Tremenda historia con buenas pinceladas de intimismo, y tremendo periplo el del velero. Mis pocas navegaciones a vela las he hecho con mi suegro. Nunca me voy a olvidar un intento de salida del puerto. En la boca, la primer ola nos lleva a su cresta y arroja al velerito desde unos 4 o cinco metros. Le hizo sonar el casquito, por poco. La segunda, igual de grande, nos agarra con el velero "achanchado" y nos pasa por arriba. Pegamos la vuelta sin demora.

De vuelta, veo que te esfuerzas por lograr un balance interestrófico, a mi juicio, o tal vez te salga naturalmente. No veo giros ni lingüísticos ni discursivos que te saquen de la progresión a la que uno se sube en su lectura.

Abrazo.

Desvelado en un jardín
de recuerdos va nutrido
un velero:
algún yuyo le da vida
a ese casco abandonado
al sereno.

Varios años quedó allí
albergando su nostalgia
y sus sueños,
evocando con su proa
locas olas y su baile
en el viento.

Era niño entonces yo:
era barco de piratas
en mis juegos,
profanando su pasado
en regatas y olimpíadas
sin respeto.

Supe después de sus años
en hermosa intimidad
con mis viejos,
de como lo navegaban
al contarse sus amores
y deseos.

El pasado de mis padres
que imagino conmovido
con esfuerzo
a mis ojos vuelve en lágrimas
cuando, Aloha, navegando,
te recuerdo.

Cosas que tiene el destino:
con un barco muy famoso
un museo
hoy conserva con tu casco
esas trazas de la vida
de mis versos.

Nota. La Aloha, un velero de cinco metros de eslora perteneciente a la clase «yola olímpica» (se llama así porque fue durante un tiempo una de las clases que participaron en las olimpíadas de navegación a vela), está hoy en el Museo Naval de Tigre, en la Argentina, a pocos metros del muy famoso velero Legh II.
 
Tremenda historia con buenas pinceladas de intimismo, y tremendo periplo el del velero. Mis pocas navegaciones a vela las he hecho con mi suegro. Nunca me voy a olvidar un intento de salida del puerto. En la boca, la primer ola nos lleva a su cresta y arroja al velerito desde unos 4 o cinco metros. Le hizo sonar el casquito, por poco. La segunda, igual de grande, nos agarra con el velero "achanchado" y nos pasa por arriba. Pegamos la vuelta sin demora.

De vuelta, veo que te esfuerzas por lograr un balance interestrófico, a mi juicio, o tal vez te salga naturalmente. No veo giros ni lingüísticos ni discursivos que te saquen de la progresión a la que uno se sube en su lectura.

Abrazo.
Ja, me imagino esa salida, el choque con la ola: alguna vez vi algo así en una largada de la regata Mar del Plata-Punta del Este, en la que corría mi hermano. Yo soy marinero de agua dulce... Estos días mis nietas Isabel y Faustina (16 y 13) están regateando en Mar del Plata.

Esta combinación, 884884 tiene algo especial en su métrica; he leído por ahí que consideran a las manriqueñas(ideadas por Juan de Mena, siglo XV) de las más hermosas estrofas castellanas, y creo que mucho se debe a la estructura métrica. Realza el aspecto métrico el darles rima mínima.

gracias y abrazo
Jorge
 
Desvelado en un jardín
de recuerdos va nutrido
un velero:
algún yuyo le da vida
a ese casco abandonado
al sereno.

Varios años quedó allí
albergando su nostalgia
y sus sueños,
evocando con su proa
locas olas y su baile
en el viento.

Era niño entonces yo:
era barco de piratas
en mis juegos,
profanando su pasado
en regatas y olimpíadas
sin respeto.

Supe después de sus años
en hermosa intimidad
con mis viejos,
de como lo navegaban
al contarse sus amores
y deseos.

El pasado de mis padres
que imagino conmovido
con esfuerzo
a mis ojos vuelve en lágrimas
cuando, Aloha, navegando,
te recuerdo.

Cosas que tiene el destino:
con un barco muy famoso
un museo
hoy conserva con tu casco
esas trazas de la vida
de mis versos.

Nota. La Aloha, un velero de cinco metros de eslora perteneciente a la clase «yola olímpica» (se llama así porque fue durante un tiempo una de las clases que participaron en las olimpíadas de navegación a vela), está hoy en el Museo Naval de Tigre, en la Argentina, a pocos metros del muy famoso velero Legh II.
Muy bonito, Jorge. Se disfruta.
Abrazo.
 
Desvelado en un jardín
de recuerdos va nutrido
un velero:
algún yuyo le da vida
a ese casco abandonado
al sereno.

Varios años quedó allí
albergando su nostalgia
y sus sueños,
evocando con su proa
locas olas y su baile
en el viento.

Era niño entonces yo:
era barco de piratas
en mis juegos,
profanando su pasado
en regatas y olimpíadas
sin respeto.

Supe después de sus años
en hermosa intimidad
con mis viejos,
de como lo navegaban
al contarse sus amores
y deseos.

El pasado de mis padres
que imagino conmovido
con esfuerzo
a mis ojos vuelve en lágrimas
cuando, Aloha, navegando,
te recuerdo.

Cosas que tiene el destino:
con un barco muy famoso
un museo
hoy conserva con tu casco
esas trazas de la vida
de mis versos.

Nota. La Aloha, un velero de cinco metros de eslora perteneciente a la clase «yola olímpica» (se llama así porque fue durante un tiempo una de las clases que participaron en las olimpíadas de navegación a vela), está hoy en el Museo Naval de Tigre, en la Argentina, a pocos metros del muy famoso velero Legh II.
Maravillosos versos, Jorge... Tú, que me conoces, sabes bien que son de mi gusto.
Siempre he pensado que el sentimiento (hablo de ese estremecimiento casi fuera de ti) es catalizador necesario para la creación de un buen poema. Estos versos me parecen un ejemplo de ello.
¡Un abrazo, amigo! ¡Y que viva el Aloha en las pupilas del futuro!
 
Última edición:
Desvelado en un jardín
de recuerdos va nutrido
un velero:
algún yuyo le da vida
a ese casco abandonado
al sereno.

Varios años quedó allí
albergando su nostalgia
y sus sueños,
evocando con su proa
locas olas y su baile
en el viento.

Era niño entonces yo:
era barco de piratas
en mis juegos,
profanando su pasado
en regatas y olimpíadas
sin respeto.

Supe después de sus años
en hermosa intimidad
con mis viejos,
de como lo navegaban
al contarse sus amores
y deseos.

El pasado de mis padres
que imagino conmovido
con esfuerzo
a mis ojos vuelve en lágrimas
cuando, Aloha, navegando,
te recuerdo.

Cosas que tiene el destino:
con un barco muy famoso
un museo
hoy conserva con tu casco
esas trazas de la vida
de mis versos.

Nota. La Aloha, un velero de cinco metros de eslora perteneciente a la clase «yola olímpica» (se llama así porque fue durante un tiempo una de las clases que participaron en las olimpíadas de navegación a vela), está hoy en el Museo Naval de Tigre, en la Argentina, a pocos metros del muy famoso velero Legh II.
Precioso poema Jorge, yo que soy de mar me lleno de imagenes, un fuerte abrazo.
 
Desvelado en un jardín
de recuerdos va nutrido
un velero:
algún yuyo le da vida
a ese casco abandonado
al sereno.

Varios años quedó allí
albergando su nostalgia
y sus sueños,
evocando con su proa
locas olas y su baile
en el viento.

Era niño entonces yo:
era barco de piratas
en mis juegos,
profanando su pasado
en regatas y olimpíadas
sin respeto.

Supe después de sus años
en hermosa intimidad
con mis viejos,
de como lo navegaban
al contarse sus amores
y deseos.

El pasado de mis padres
que imagino conmovido
con esfuerzo
a mis ojos vuelve en lágrimas
cuando, Aloha, navegando,
te recuerdo.

Cosas que tiene el destino:
con un barco muy famoso
un museo
hoy conserva con tu casco
esas trazas de la vida
de mis versos.

Nota. La Aloha, un velero de cinco metros de eslora perteneciente a la clase «yola olímpica» (se llama así porque fue durante un tiempo una de las clases que participaron en las olimpíadas de navegación a vela), está hoy en el Museo Naval de Tigre, en la Argentina, a pocos metros del muy famoso velero Legh II.
Saludos Jorge!
Hace mucho tiempo que no navego por estos mares con frecuencia, hoy me detuve en esta preciosa obra tuya llena de nostalgias y admiración quizá por esa pieza de museo que bien vale la pena un poema, me ha dado mucho gusto volver a leerte esta obra viejita pero con la misma maestría de siempre, un lujo pasar, un fuerte abrazo, Jorge, con todo respeto,

ligiA
 
Desvelado en un jardín
de recuerdos va nutrido
un velero:
algún yuyo le da vida
a ese casco abandonado
al sereno.

Varios años quedó allí
albergando su nostalgia
y sus sueños,
evocando con su proa
locas olas y su baile
en el viento.

Era niño entonces yo:
era barco de piratas
en mis juegos,
profanando su pasado
en regatas y olimpíadas
sin respeto.

Supe después de sus años
en hermosa intimidad
con mis viejos,
de como lo navegaban
al contarse sus amores
y deseos.

El pasado de mis padres
que imagino conmovido
con esfuerzo
a mis ojos vuelve en lágrimas
cuando, Aloha, navegando,
te recuerdo.

Cosas que tiene el destino:
con un barco muy famoso
un museo
hoy conserva con tu casco
esas trazas de la vida
de mis versos.

Nota. La Aloha, un velero de cinco metros de eslora perteneciente a la clase «yola olímpica» (se llama así porque fue durante un tiempo una de las clases que participaron en las olimpíadas de navegación a vela), está hoy en el Museo Naval de Tigre, en la Argentina, a pocos metros del muy famoso velero Legh II.

Bello poema Jorge hasta se me hace un nudo en garganta, lástima que lo escribiste en el 1014. Da igual felcitaciones.-
 
Maravillosos versos, Jorge... Tú, que me conoces, sabes bien que son de mi gusto.
Siempre he pensado que el sentimiento (hablo de ese estremecimiento casi fuera de ti) es catalizador necesario para la creación de un buen poema. Estos versos me parecen un ejemplo de ello.
¡Un abrazo, amigo! ¡Y que viva el Aloha en las pupilas del futuro!
Bueno, es tal la variedad de las especies de sentimiento, que parece muy difícil negar tu aserto. Encima. el sentimiento del actor es también sentimiento, y del bueno... Ok. Sí, estos versos se originan en una auténtica melancolía.

gracias y abrazo
Jorge
 
Precioso poema Jorge, yo que soy de mar me lleno de imagenes, un fuerte abrazo.
Ah, qué: ¿le decís mar a ese charco mediterráneo? Nosostros tenemos uno parecido, color león, y le decimos río... (es broma, Ramón, nuestro Río de la Plata es mucho más chico que vuestro Mediterráneo).

gracias y abrazo
Jorge
 
Saludos Jorge!
Hace mucho tiempo que no navego por estos mares con frecuencia, hoy me detuve en esta preciosa obra tuya llena de nostalgias y admiración quizá por esa pieza de museo que bien vale la pena un poema, me ha dado mucho gusto volver a leerte esta obra viejita pero con la misma maestría de siempre, un lujo pasar, un fuerte abrazo, Jorge, con todo respeto,

ligiA
Gracias, Ligia. Me causó gracias lo de «obra viejita pero con la maestría de siempre»; parece que cuando decimos siempre nos referimos al futuro...

abrazo
Jorge
 

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