José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Oculta, con ojos entreabiertos
la flor duerme,
empujando al rocío donde no llega la luz,
despierta.
Oyendo cosas de hondo abismo
con música de agua quieta
cuando el aliento,
aún no ha desayunado
y las risas de las auroras
permanecen silenciadas.
Yo he bebido de ese néctar
compartiéndolo contigo,
en el aroma de azahar de limonero
que brotaba de tus labios previo a las horas
que la arena se despierta con la sal de tu mirada.
Antes que el sol se comiese a dentelladas los luceros,
antes que el pájaro despierte a la isla de su sueño,
yo saboreaba en silencio tus secretos
con la complicidad de la luna
y los párpados callados
en el reducto de seno permitido.
Turbulencias de cometas nacen,
para pararnos donde el oráculo enciende
el vestido de la madrugada
y la aguja cose con esmero
los círculos de los bordes del cielo.
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