A veces imagino
mis otras vidas
posibles.
Pude ser profesor de filosofía
o juez
o alpinista
o empresario de pompas fúnebres.
Pero me casé contigo
que eras multimillonaria
y fui, simplemente, esposo.
Es cierto que a tu lado
no me faltó de nada
y que conocí el lujo
y sus bondades.
Engordé más y más y me quedé calvo,
ya no era aquel joven
que un día conquistó tu corazón.
Te divorciaste al final de mí
-sin que yo cobrara un duro
ya que teníamos separación de bienes-
y en la proximidad de la vejez
te paseabas de la mano
con uno de veinte
que tenía un curioso parecido
a mi persona.
Debí haber sido profesor de filosofía
o juez
o alpinista
o empresario de pompas fúnebres.
Mi único consuelo resultó descubrir
que aún me querías
aunque fuera
en el cuerpo
de otro.
Qué ilusa eres.
mis otras vidas
posibles.
Pude ser profesor de filosofía
o juez
o alpinista
o empresario de pompas fúnebres.
Pero me casé contigo
que eras multimillonaria
y fui, simplemente, esposo.
Es cierto que a tu lado
no me faltó de nada
y que conocí el lujo
y sus bondades.
Engordé más y más y me quedé calvo,
ya no era aquel joven
que un día conquistó tu corazón.
Te divorciaste al final de mí
-sin que yo cobrara un duro
ya que teníamos separación de bienes-
y en la proximidad de la vejez
te paseabas de la mano
con uno de veinte
que tenía un curioso parecido
a mi persona.
Debí haber sido profesor de filosofía
o juez
o alpinista
o empresario de pompas fúnebres.
Mi único consuelo resultó descubrir
que aún me querías
aunque fuera
en el cuerpo
de otro.
Qué ilusa eres.
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