Tienes razón, Jazmín, ni fechas quedarán pues el tiempo todo lo borra. A mí no me gusta lo dulcecito, más bien me gusta resaltar lo amargo en mis poemas, lo amargo que es tanto sufrir para morirse uno, como dijera el gran Miguel Hernández.
Este poema es deudor de este otro de Borges del que cogí prestadas algunas palabras y la idea de las dos fechas; mira que hermosura de soneto:
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte, y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.
(Jorge Luis Borges)
Me identifico por completo con la idea que subyace en estos versos, especialmente con esa lección de humildad final cuando dice
Pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Una vez oí una frase que venía a decir que moriremos definitivamente cuando la última persona que nos conoció o escuchó hablar de nosotros haya muerto también. Moriremos nosotros, nuestros hijos, nietos biznietos, tataranietos etc,etc, al final todos seremos polvo, estimada Jazmín, como debe ser. Ese hombre futuro que no sabrá nada de mí ni de lo que fui sobre esta Tierra es la certeza de nuestra futilidad, de cuán inanes somos.
Y enlazo este pensamiento con lo último que me dices en tu comentario, lo de no pensar en camposantos; ahí difiero también de ti; yo, que ya tengo "una edad", vengo pensando en la muerte y escribiendo versos sobre ella desde mis ya muy lejanos tiempos en la universidad : "¿qué pasará cuando venga la muerte a buscarme?", escribía allá por mis lozanos 19 años. Quizás por eso, años más adelante, me gustaron tanto los relatos de Carlos Castañeda en sus conversaciones con el brujo yaqui Juan Matus al que fue a investigar sobre los hongos alucinógenos (Las enseñanzas de Don Juan). En el libro para mí más interesante de esa saga (El viaje a Ixtlán) hay una parte en la que se desarrolla el siguiente diálogo que comienza con Don juan diciéndole a su aprendiz Carlitos Castañeda:
"- Cuando estés impaciente -prosiguió-, lo que debes hacer es voltear a la izquierda y pedir consejo a tu muerte. Una inmensa cantidad de mezquindad se pierde con sólo que tu muerte te haga un gesto, o alcances a echarle un vistazo, o nada más con que tengas la sensación de que tu compañera está allí vigilándote.
-…yo argumenté que para mí no tendría sentido seguir pensando en mi muerte, ya que eso sólo produciría desazón y miedo.
- ¡Eso es pura idiotez! -exclamó-. La muerte es la única consejera sabia que tenemos. Cada vez que sientas, como siempre lo haces, que todo te está saliendo mal y que estás a punto de ser aniquilado, vuélvete hacia tu muerte y pregúntale si es cierto. Tu muerte te dirá que te equivocas; que nada importa en realidad más que su toque. Tu muerte te dirá: “Todavía no te he tocado.”
En eso estoy con el viejo indio, Jazmín: la Muerte es la mejor consejera y nos vuelve definitivamente humildes. Es la mejor medicina contra el ego.
Un afectuoso saludo, amiga poeta.