Apenas una nube

Anamer

Poeta veterano en el portal
Equipo Revista "Eco y latido"



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Amaneció lento el día
abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Amaneció lento el día
abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier


lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Versos tiernos diciendo la última palabra de amor.

Saludos
 


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Amaneció lento el día
abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Precioso poema Anamer. Un abrazo con la pluma del alma
 


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Amaneció lento el día
abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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La poetisa y el amor ... y la muerte. ¡Qué dicha cuando la vida plena, las ilusiones, el darse entera, los dueños consolidados, los besos dados, las pruebas, luego el querer se arrulla, viene el atardecer juntos, veranos, otoños ... el invierno, los recuerdos, la espera, ¡qué bueno que nos queremos y nos tenemos, el amor siempre es agua nueva, me rejuveneces las manos, la cara, los labios, cuando vamos así juntos por la acera! Y llegado el momento te despides diciendo que ahí mismo me esperas, para seguir un día eterno tomados de nuevo de la mano sonriendo en un beso divino por la nueva acera...
Inspirador y bello tu poema queridísima amiga y Gran Poetisas Anamer, te mando un beso tierno mi niña que ilumine de dicha tus mejillas...

Anthua62
 


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Amaneció lento el día
abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Recordar es vivir, hermoso poema y muchas gracias por compartirlo.
 


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Amaneció lento el día
abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Tienes que volver he instalarte con todo. Un beso, Ana Mercedes.
 


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Amaneció lento el día
abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Hermosos versos... la soledad inspira al amante que espera en la distancia
Estos versos son sublimes, mi querida Anamer, porque sencillamente te brotan del alma enamorada que espera una respuesta
Gracias por compartir, mi querida poetisa
Muchos abrazos y muchas rosas
 


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Amaneció lento el día
abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Ahh que hermosas y tiernas las imágenes en tu versar querida poeta.
Me ha encantado
Genial, bello día para ti poeta.
 


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abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Parece todo un firmamento y no solo una nube. Saludos. Un gusto pasar por acá y leerte.
 
La poetisa y el amor ... y la muerte. ¡Qué dicha cuando la vida plena, las ilusiones, el darse entera, los dueños consolidados, los besos dados, las pruebas, luego el querer se arrulla, viene el atardecer juntos, veranos, otoños ... el invierno, los recuerdos, la espera, ¡qué bueno que nos queremos y nos tenemos, el amor siempre es agua nueva, me rejuveneces las manos, la cara, los labios, cuando vamos así juntos por la acera! Y llegado el momento te despides diciendo que ahí mismo me esperas, para seguir un día eterno tomados de nuevo de la mano sonriendo en un beso divino por la nueva acera...
Inspirador y bello tu poema queridísima amiga y Gran Poetisas Anamer, te mando un beso tierno mi niña que ilumine de dicha tus mejillas...

Anthua62

Preciosa tu inspiración Anthua, me honra tu compañía y esa belleza de casi poema que me dejaste.
Besitos por miles apretaditos en tus mejillas.
 


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abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Siempre es un placer leer tus versos, Anamer. Me encantó el poema.
Un beso.
 


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Amaneció lento el día
abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Maravilla, me encantó tu poema. Un gusto leerte.
 
Hermosos versos... la soledad inspira al amante que espera en la distancia
Estos versos son sublimes, mi querida Anamer, porque sencillamente te brotan del alma enamorada que espera una respuesta
Gracias por compartir, mi querida poetisa
Muchos abrazos y muchas rosas

Muchas gracias a ti Antonio, tu presencia en mis letras me llena de gran alegría.
Un lujo tener tu compañía. Besitos cariñosos vuelen a tus mejillas.
 


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abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Amiga Ana que placer poderse detener en esos versos que son todo amor. Sumergirse en ellos y disfrutar de tu pluma.
Un fuerte abrazo.

 


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Amaneció lento el día
abriéndose paso entre mis párpados,
he sentido amanecer muchas veces
días enroscados con descuido a mi desgana.

Se asoman desde la impávida
arrogancia del reloj, que sin parpadear,
completa con paciencia sus horas.

Me aferro a mi cama
con tu cuerpo ceñido a mis sueños,
tu rostro inmóvil en cualquier
lejano paisaje y tu sonrisa,
dormida en otros ojos.

Esos que yo recuerdo abrochándose amorosos
a mis pechos, a mis piernas o a mis labios,
embriagados de violetas,
en el viento cálido en que se puebla una mirada.
¿Desde qué amor llegaba esa risa
a abrillantar tus pupilas,
a inquietar mi voz inventando un balbuceo?

¿Desde qué noche me aprendiste de memoria
con tu aliento reclamando mi alma
y tus manos abriendo caminos
como inquieta presencia
que desordenaba mi estancia?

No sé cómo explicarte de este frío
que se aprieta al corazón presagiando tormenta,
no sé de encrucijadas, ni de refugios, ni de tu sombra,
solo tu voz diciendo su última palabra.

Ana Mercedes Villalobos
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Disfrute mucho tu poema, Anamer.
Un gusto saludarte.
 

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