Maroc
Alberto
Los trenes, que caminan por la vía,
parando en estaciones del destino,
vendrán y revendrán como diría
algún sabio apuntando con su tino.
Serán voces de vidas o agonía,
marcadas por un rayo de platino,
que parten lo que estuvo, habrá y había,
con brillo electrizante, cual buen vino.
¡Tendremos un fulgor en esta arenga,
tendremos agua pura de la fuente,
tendremos lo que vino y lo que venga,
tendremos pasos, risas y corriente,
tendremos poco, mucho o lo que tenga,
tendremos la caricia y la mordiente!
La caricia de Miguel:
“Tú, el más firme edificio, construido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.”
La mordiente:
“Que vienen, vienen, vienen
los lentos, lentos, lentos
los ávidos, los fúnebres
los aéreos carniceros.”
parando en estaciones del destino,
vendrán y revendrán como diría
algún sabio apuntando con su tino.
Serán voces de vidas o agonía,
marcadas por un rayo de platino,
que parten lo que estuvo, habrá y había,
con brillo electrizante, cual buen vino.
¡Tendremos un fulgor en esta arenga,
tendremos agua pura de la fuente,
tendremos lo que vino y lo que venga,
tendremos pasos, risas y corriente,
tendremos poco, mucho o lo que tenga,
tendremos la caricia y la mordiente!
La caricia de Miguel:
“Tú, el más firme edificio, construido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.”
La mordiente:
“Que vienen, vienen, vienen
los lentos, lentos, lentos
los ávidos, los fúnebres
los aéreos carniceros.”
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