Atardeceres romanos

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ATARDECERES ROMANOS

A Natsumi, mi flor de nube,

desde aquel único verano.



En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Fugaz amor de verano

sobre acordes de pïano

y atardeceres romanos

bebiendo de fuente en fuente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Tu figura leve y clara

en mi corazón entrara:

feliz acomodo hallara

en ese lecho latiente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Roma, un piano y un sueño;

y un beso, mortal beleño,

me hicieron de tu amor dueño

y enamorado doliente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Cálida noche romana,

no tuvo nunca mañana.

Tíber te llevó lejana.

Yo, soñándo en tu Oriente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.
 
Con buen ritmo de zéjel nos dejas y compartes ese amor de pasajero de un verano. Disfruté leyéndolo y casi cantando al recitar.

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ATARDECERES ROMANOS

A Natsumi, mi flor de nube,

desde aquel único verano.



En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Fugaz amor de verano

sobre acordes de pïano

y atardeceres romanos

bebiendo de fuente en fuente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Tu figura leve y clara

en mi corazón entrara:

feliz acomodo hallara

en ese lecho latiente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Roma, un piano y un sueño;

y un beso, mortal beleño,

me hicieron de tu amor dueño

y enamorado doliente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Cálida noche romana,

no tuvo nunca mañana.

Tíber te llevó lejana.

Yo, soñándo en tu Oriente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.
Hermoso poema, esperaré hasta que ella esté presente. FELIZ FINDE
 
Hola, Guadalupe: Realmente las palabras con las que comentas mis versos son tan elogiosas que, a veces, pienso que no son mi a quien las diriges. Nunca llegué a creer que algún poema mío tuviese tan cálida respuesta. Pero es grato leer palabras tan entusiastas. Mi agradecimiento, querida amiga, es proporcional al encomio que demuestras. Un muy cordial abrazo,
miguel
 
Muchas gracias, querido compañero Maramín, por esta nueva y cariñosa visita a mis versos, a la que añades esa nota de cálida amistad, casi intimidad, con la que compartes tu emoción por la lectura. Un zéjel, casi nada... Abrazos.
miguel
 
Última edición:
Hola, Desirée: Me alegra que me acompañes en la espera de Natsumi, ese efímero e intenso amor de verano que nunca sucedió. Imaginación de poeta... trataré de amenizar la espera con nuevos versos... Con mi cariño,
miguel
 
ATARDECERES ROMANOS

A Natsumi, mi flor de nube,

desde aquel único verano.



En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Fugaz amor de verano

sobre acordes de pïano

y atardeceres romanos

bebiendo de fuente en fuente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Tu figura leve y clara

en mi corazón entrara:

feliz acomodo hallara

en ese lecho latiente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Roma, un piano y un sueño;

y un beso, mortal beleño,

me hicieron de tu amor dueño

y enamorado doliente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Cálida noche romana,

no tuvo nunca mañana.

Tíber te llevó lejana.

Yo, soñándo en tu Oriente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.

Bella noche romana del amor, que no obstante tropieza con ese desgarro de la ausencia... con el adiós posterior... obra trabajada con mucha maestría un placer la lectura. Un cálido saludo, querido amigo Miguel.
 
ATARDECERES ROMANOS

A Natsumi, mi flor de nube,

desde aquel único verano.



En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Fugaz amor de verano

sobre acordes de pïano

y atardeceres romanos

bebiendo de fuente en fuente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Tu figura leve y clara

en mi corazón entrara:

feliz acomodo hallara

en ese lecho latiente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Roma, un piano y un sueño;

y un beso, mortal beleño,

me hicieron de tu amor dueño

y enamorado doliente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.



Cálida noche romana,

no tuvo nunca mañana.

Tíber te llevó lejana.

Yo, soñándo en tu Oriente.


En una lágrima ardiente

quedaste, oh amor ausente.
Bello poema... "oh amor ausente", me ha encantado. Gracias por tus letras.
 

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