César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
De casi 90 años “falta un mes”
me dijo
Estaba solo
En la semioscuridad agreste,
hosca
del camino que termina sin color.
En la infame blancura
del precipicio
(tanto color fundido)
Conversamos.
Lo hice hablar de pasados remotos
Los recuerda todos
con la certeza de quien los vivió.
Había una luz de neón sobre las veintidós
mil cuatrocientas noventa y seis trincheras
abiertas en su rostro
Solo y un aparato de radio
“Le dije al locutor que mencionara los autores de las canciones…”
Me contó sobre la Fiesta –prohibida- de Serrat,
sobre La Llorona de los muertos mexicanos en batalla
Tenía los ojos entrecerrados (era ya casi de noche)
“Me hicieron caso, ahora todos los locutores los nombran”.
Fue a la misa pública de ramos con una silla de madera
“me arden las plantas de los pies…”
“… La gente me la quería llevar pero yo
les decía que no, que me servía para apoyarme en ella”
Encorvado como un garfio de harina
Los minutos iban
Y lo caro de la vida, y el peor gobierno que yo nunca
y la iglesia, y el cura me dijo, después de la caída, “Dios te cuida de verdad, F…”
(Papá, nunca más te montes en una silla)
(¿Cómo te está yendo con la crema dental?)
“Bien, y dura bastante…”.
Llegó la hora de dejarlo otra vez en su soledad de emisoras de radio
(yo le había llevado una chicha)
Cuando ya me iba me dijo, con picardía de viejo muy viejo niño adulto:
“¡Voy a enchicharme…!”
No puedo recordar si le pedí la bendición.
me dijo
Estaba solo
En la semioscuridad agreste,
hosca
del camino que termina sin color.
En la infame blancura
del precipicio
(tanto color fundido)
Conversamos.
Lo hice hablar de pasados remotos
Los recuerda todos
con la certeza de quien los vivió.
Había una luz de neón sobre las veintidós
mil cuatrocientas noventa y seis trincheras
abiertas en su rostro
Solo y un aparato de radio
“Le dije al locutor que mencionara los autores de las canciones…”
Me contó sobre la Fiesta –prohibida- de Serrat,
sobre La Llorona de los muertos mexicanos en batalla
Tenía los ojos entrecerrados (era ya casi de noche)
“Me hicieron caso, ahora todos los locutores los nombran”.
Fue a la misa pública de ramos con una silla de madera
“me arden las plantas de los pies…”
“… La gente me la quería llevar pero yo
les decía que no, que me servía para apoyarme en ella”
Encorvado como un garfio de harina
Los minutos iban
Y lo caro de la vida, y el peor gobierno que yo nunca
y la iglesia, y el cura me dijo, después de la caída, “Dios te cuida de verdad, F…”
(Papá, nunca más te montes en una silla)
(¿Cómo te está yendo con la crema dental?)
“Bien, y dura bastante…”.
Llegó la hora de dejarlo otra vez en su soledad de emisoras de radio
(yo le había llevado una chicha)
Cuando ya me iba me dijo, con picardía de viejo muy viejo niño adulto:
“¡Voy a enchicharme…!”
No puedo recordar si le pedí la bendición.
Abril tenía que ser... 2023. C.G.
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