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Canto de sirena

FanÁngel

Poeta recién llegado
La sirena que canta con lamento estridente,

¡ay!, de una mar bravía, tristemente escondida

tras la cola escarlata en la roca subida:

el reflejo que yace en la estrella de Oriente.


El contorno apacible de la diva saliente

da su hechizo de canto, dulce ninfa dolida,

y por más harmoniosa que resulte, afligida,

insidiosa, dolosa la visión de repente...


Del ensueño los días allá lejos quedaron,

la monarca marina pagó cara la ola

de sus sueños dormidos, de aquel ser luminoso


quedó sólo la tumba, la memoria que ajaron

los deseos del amo al que amó ola tras ola

en su afán por tornarse en el mar más hermoso.
 
Última edición:
La sirena que canta con lamento estridente,

¡ay!, de una mar bravía, tristemente escondida

tras la cola escarlata en la roca subida:

el reflejo que yace en la estrella de Oriente.


El contorno apacible de la diosa saliente

da su hechizo de canto, dulce ninfa dolida,

y por más harmoniosa que resulte, afligida,

insidiosa, dolosa la visión de repente...


Del ensueño los días allá lejos quedaron,

la monarca marina pagó cara la ola

de sus sueños dormidos, de aquel ser luminoso


quedó sólo la tumba, la memoria que ajaron

los deseos del amo al que amó ola tras ola

en su afán por tornarse en el mar más hermoso.
Hermosas imágenes y profundo plano simbólico en esta poesía, me gustó mucho. Ciertamente hay mucho en juego en la lucha de poder. Saludos.
 
La sirena que canta con lamento estridente,

¡ay!, de una mar bravía, tristemente escondida

tras la cola escarlata en la roca subida:

el reflejo que yace en la estrella de Oriente.


El contorno apacible de la diosa saliente

da su hechizo de canto, dulce ninfa dolida,

y por más harmoniosa que resulte, afligida,

insidiosa, dolosa la visión de repente...


Del ensueño los días allá lejos quedaron,

la monarca marina pagó cara la ola

de sus sueños dormidos, de aquel ser luminoso


quedó sólo la tumba, la memoria que ajaron

los deseos del amo al que amó ola tras ola

en su afán por tornarse en el mar más hermoso.
Un buen soneto alejandrino. Vas corriendo a la carrera para superarte a ti mismo. El más antiguo en castellano no es cosa baladí, que es de 1611, "Como el triste piloto que por el mar incierto", de Pedro de Espinosa. Un saludo, FanÁngel.
 
Hermosas imágenes y profundo plano simbólico en esta poesía, me gustó mucho. Ciertamente hay mucho en juego en la lucha de poder. Saludos.

Muchas gracias, José Luis. El soneto en sí es una alegoría del ser y el no poder ser lo que a uno le gustaría, y el nadar en la resignación y en el aprendizaje de que esto nos ayuda a evolucionar como seres humanos y también como entes espirituales. Un placer tenerte por aquí. Un saludo
 
Un buen soneto alejandrino. Vas corriendo a la carrera para superarte a ti mismo. El más antiguo en castellano no es cosa baladí, que es de 1611, "Como el triste piloto que por el mar incierto", de Pedro de Espinosa. Un saludo, FanÁngel.

Me alegro de que te haya gustado, José Benito. Y sí, aquel poema alejandrino de Pedro de Espinosa, "A la virgen santísima", recuerdo que ya nos lo hacían recitar en el colegio entre clase y clase de catequesis. ¡Qué tiempos aquellos! Un saludo
 
La sirena que canta con lamento estridente,

¡ay!, de una mar bravía, tristemente escondida

tras la cola escarlata en la roca subida:

el reflejo que yace en la estrella de Oriente.


El contorno apacible de la diosa saliente

da su hechizo de canto, dulce ninfa dolida,

y por más harmoniosa que resulte, afligida,

insidiosa, dolosa la visión de repente...


Del ensueño los días allá lejos quedaron,

la monarca marina pagó cara la ola

de sus sueños dormidos, de aquel ser luminoso


quedó sólo la tumba, la memoria que ajaron

los deseos del amo al que amó ola tras ola

en su afán por tornarse en el mar más hermoso.
Excelentes alejandrinos nos regalas, dicen de ellos que son los versos del culto.
Un placer.
 
La sirena que canta con lamento estridente,

¡ay!, de una mar bravía, tristemente escondida

tras la cola escarlata en la roca subida:

el reflejo que yace en la estrella de Oriente.


El contorno apacible de la diosa saliente

da su hechizo de canto, dulce ninfa dolida,

y por más harmoniosa que resulte, afligida,

insidiosa, dolosa la visión de repente...


Del ensueño los días allá lejos quedaron,

la monarca marina pagó cara la ola

de sus sueños dormidos, de aquel ser luminoso


quedó sólo la tumba, la memoria que ajaron

los deseos del amo al que amó ola tras ola

en su afán por tornarse en el mar más hermoso.
Hemoso e idílico soneto entre las aguas marinas. Un gusto leerte.
 

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