Cerrar mis ojos II ( soneto asonante)

Alfonso Espinosa

Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando llenos mis ojos de vacío
tú los cierres, pensando que te quise,
en lo eterno estaré, tendré mi sitio,
donde nunca, por fin, estaré triste.

Allí te esperaré, tal vez sin lirios,
porque todo diré cuando te mire,
pues vendrás ya vestida de los ríos
de blancura que un día tú luciste.

Tú también me dirás con la mirada
un saludo esperando eternidades
que veré reflejándose en tu cara.

En las cumbres de gozo celestiales
no hace falta decir ni una palabra
bendecidos por Dios en sus Ciudades.
 
Cuando llenos mis ojos de vacío
tú los cierres, pensando que te quise,
en lo eterno estaré, tendré mi sitio,
donde nunca, por fin, estaré triste.

Allí te esperaré, tal vez sin lirios,
porque todo diré cuando te mire,
pues vendrás ya vestida de los ríos
de blancura que un día tú luciste.

Tú también me dirás con la mirada
un saludo esperando eternidades
que veré reflejándose en tu cara.

En las cumbres de gozo celestiales
no hace falta decir ni una palabra
bendecidos por Dios en sus Ciudades.


Por todos los dioses Alfonso, que inspiración más aguda, escenificas en tu soneto un instante inevitable, que pocos queremos imaginar pero hemos de vivir, y tu lo haces elevada poesía, un matrimonio celestial, una eternidad entre dos planos que seguirán en comunión.
¡Felicidades y felicitaciones!
Mi saludo y admiración quedan contigo.
 
Cuando llenos mis ojos de vacío
tú los cierres, pensando que te quise,
en lo eterno estaré, tendré mi sitio,
donde nunca, por fin, estaré triste.

Allí te esperaré, tal vez sin lirios,
porque todo diré cuando te mire,
pues vendrás ya vestida de los ríos
de blancura que un día tú luciste.

Tú también me dirás con la mirada
un saludo esperando eternidades
que veré reflejándose en tu cara.

En las cumbres de gozo celestiales
no hace falta decir ni una palabra
bendecidos por Dios en sus Ciudades.
Excelente soneto, un abrazo Alfonso.
 
Sí, las ciudades de Dios son, tal vez, terrenales, como el Paraíso. Porque en el cielo, se sufre mucho, al no poder echar una mano, al otro ( al de más abajo ). O sea, la misión de Servicio es fuente de dicha. Fuente de disfrute, porque podemos despejar la incógnita, en la ecuación del problema de nuestro cliente. Y así, conseguir que sonría, y que parezca ilustre, otra vez. Como paciente que fue al médico. Pero lo malo de ir al cielo, es que ese médico, no puede favorecer a los que viven allá abajo ( en el plano físico de existencia ). Tan abajo, como está nuestro mundo. Muy abajo...
 
Última edición:
Cuando llenos mis ojos de vacío
tú los cierres, pensando que te quise,
en lo eterno estaré, tendré mi sitio,
donde nunca, por fin, estaré triste.

Allí te esperaré, tal vez sin lirios,
porque todo diré cuando te mire,
pues vendrás ya vestida de los ríos
de blancura que un día tú luciste.

Tú también me dirás con la mirada
un saludo esperando eternidades
que veré reflejándose en tu cara.

En las cumbres de gozo celestiales
no hace falta decir ni una palabra
bendecidos por Dios en sus Ciudades.
siempre esperandola y recordandola...
excelente soneto y bien tildada la sílaba 6-
saludos Alfonso
 
Cuando llenos mis ojos de vacío
tú los cierres, pensando que te quise,
en lo eterno estaré, tendré mi sitio,
donde nunca, por fin, estaré triste.

Allí te esperaré, tal vez sin lirios,
porque todo diré cuando te mire,
pues vendrás ya vestida de los ríos
de blancura que un día tú luciste.

Tú también me dirás con la mirada
un saludo esperando eternidades
que veré reflejándose en tu cara.

En las cumbres de gozo celestiales
no hace falta decir ni una palabra
bendecidos por Dios en sus Ciudades.

Un gozo pensado y hecho amor en esa cautivacion
excelente de tus liricas lineas que marcan la
perfecta direccion del amor infinito.
magnifico en todos los sentidos.
luzyabsenta
 
¡Hermoso poema! Celestiales versos que van iluminando su exquisita inspiración, donde el amor está en el cenit del corazón. Un placer disfrutar de su hermosa poesía, Alfonso Espinosa, reciba mi más cordial felicitación y saludo
 
Por todos los dioses Alfonso, que inspiración más aguda, escenificas en tu soneto un instante inevitable, que pocos queremos imaginar pero hemos de vivir, y tu lo haces elevada poesía, un matrimonio celestial, una eternidad entre dos planos que seguirán en comunión.
¡Felicidades y felicitaciones!
Mi saludo y admiración quedan contigo.
Me alegro te gustase; es para mí una alegría y honor recibirte.

Con cariño

Alfonso
 
Cuando llenos mis ojos de vacío
tú los cierres, pensando que te quise,
en lo eterno estaré, tendré mi sitio,
donde nunca, por fin, estaré triste.

Allí te esperaré, tal vez sin lirios,
porque todo diré cuando te mire,
pues vendrás ya vestida de los ríos
de blancura que un día tú luciste.

Tú también me dirás con la mirada
un saludo esperando eternidades
que veré reflejándose en tu cara.

En las cumbres de gozo celestiales
no hace falta decir ni una palabra
bendecidos por Dios en sus Ciudades.
 
Impresionante soneto. Me encantó. Lo leí varias veces. Describe el amor imperecedero pero sin tristeza ni desilusión. Muy hermoso. Lástima que siendo tantos los hermosos poemas que se publican, no pueda uno mas que ver unos cuantos, pero los demás no se pierden sino se eternizan.
 
Cuando llenos mis ojos de vacío
tú los cierres, pensando que te quise,
en lo eterno estaré, tendré mi sitio,
donde nunca, por fin, estaré triste.

Allí te esperaré, tal vez sin lirios,
porque todo diré cuando te mire,
pues vendrás ya vestida de los ríos
de blancura que un día tú luciste.

Tú también me dirás con la mirada
un saludo esperando eternidades
que veré reflejándose en tu cara.

En las cumbres de gozo celestiales
no hace falta decir ni una palabra
bendecidos por Dios en sus Ciudades.
Muy bello poema, sensibilidad y talento en tus bellas letras amigo Alfonso. Me ha encantado. Un abrazo. Paco.
 
Sí, las ciudades de Dios son, tal vez, terrenales, como el Paraíso. Porque en el cielo, se sufre mucho, al no poder echar una mano, al otro ( al de más abajo ). O sea, la misión de Servicio es fuente de dicha. Fuente de disfrute, porque podemos despejar la incógnita, en la ecuación del problema de nuestro cliente. Y así, conseguir que sonría, y que parezca ilustre, otra vez. Como paciente que fue al médico. Pero lo malo de ir al cielo, es que ese médico, no puede favorecer a los que viven allá abajo ( en el plano físico de existencia ). Tan abajo, como está nuestro mundo. Muy abajo...
Estimado Nommo el Cielo, en todas las religiones es un lugar de paz y felicidad que me inspiraron este poema.

Gracias por tu amable visita y comentario
 
Cuando llenos mis ojos de vacío
tú los cierres, pensando que te quise,
en lo eterno estaré, tendré mi sitio,
donde nunca, por fin, estaré triste.

Allí te esperaré, tal vez sin lirios,
porque todo diré cuando te mire,
pues vendrás ya vestida de los ríos
de blancura que un día tú luciste.

Tú también me dirás con la mirada
un saludo esperando eternidades
que veré reflejándose en tu cara.

En las cumbres de gozo celestiales
no hace falta decir ni una palabra
bendecidos por Dios en sus Ciudades.
Ayyy Alfonso, qué versos más llenos de fervor y de cariño. La muerte es contemplada de una manera dulce y silenciosa, como el inicio de una nueva vida donde reina la paz y el amor. Me ha encantado leerte, mi amigo del alma. Besazos próximos alhambricados y llenos de admiración y de cariño....muááááćksss....
 
Eternas vestiduras que han sido bordadas con la llama del amor y la esperanza que sin una palabra los seguirá uniendo en alma. Me encantó tu soneto, Alfonso. Es precioso. Un gran gusto poder disfrutarlo. Un abracito tierno y feliz fin de semana.

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Cuando llenos mis ojos de vacío
tú los cierres, pensando que te quise,
en lo eterno estaré, tendré mi sitio,
donde nunca, por fin, estaré triste.

Allí te esperaré, tal vez sin lirios,
porque todo diré cuando te mire,
pues vendrás ya vestida de los ríos
de blancura que un día tú luciste.

Tú también me dirás con la mirada
un saludo esperando eternidades
que veré reflejándose en tu cara.

En las cumbres de gozo celestiales
no hace falta decir ni una palabra
bendecidos por Dios en sus Ciudades.
Con mucho romanticismo llegan estos melancólicos y bellos versos haciendo énfasis en esa característica esencial del amor eterno. Me ha gustado mucho, saludos y abrazos.
 
Cuando llenos mis ojos de vacío
tú los cierres, pensando que te quise,
en lo eterno estaré, tendré mi sitio,
donde nunca, por fin, estaré triste.

Allí te esperaré, tal vez sin lirios,
porque todo diré cuando te mire,
pues vendrás ya vestida de los ríos
de blancura que un día tú luciste.

Tú también me dirás con la mirada
un saludo esperando eternidades
que veré reflejándose en tu cara.

En las cumbres de gozo celestiales
no hace falta decir ni una palabra
bendecidos por Dios en sus Ciudades.
Precioso soneto asonante, querido Alfonso, pleno de amor incluso después de la muerte. Efectivamente, allí no hacen falta ni palabras ni lirios.
Con mi abrazo, querido amigo.
 

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