
/A Ana Mercedes (soneto alejandrino)/
Y ya que en mis mejillas me dejas apretados
dos besos que me saben a pura miel y a gloria,
pregunto, Ana Mercedes, ¿por qué no son dejados
poemas de otra métrica, igual de meritoria?
Observo en los sonetos, o en otros presentados,
¡medida endecasílaba!, y no en otra notoria:
catorce por ejemplo, medidos y rimados,
que con tu fina pluma, hablaran de tu historia.
No quiero que me taches de ingenuo libertino…
Lo bello que sería, -de sobra sé que puedes-,
vibrar con la grandeza de un verso alejandrino.
En román paladino, si tal placer concedes,
“en el qual suele el pueblo fablar a su vecino”,
pero esta vez que fuera, conmigo, Ana Mercedes.
Deogracias González de la Aleja
Gracias a mi querido
amigo y poeta Gonzaleja
por su gentil
compartimento en mi soneto
Tu nombre se ha prendado de mi alma, de mi beso,
de mi anhelo que anida jilgueros en mi boca.
Un tornado es tu amor, volcán, ardiente broca
atravesó mi pecho sin compasión, obseso.
En este cruel naufragio espero tu regreso,
aspiro tu perfume, mi corazón lo evoca,
mi voz amanecida te llama, te convoca,
quiero apretarte fuerte, sentir tu abrazo, es eso.
Y tú con tus silencios inventas mil siluetas.
Mi espalda aún espera tu trazo delicado,
naciendo las caricias de tus manos inquietas.
Te sueño a todas horas tendido aquí a mi lado
floreciendo en mi cuerpo gardenias y violetas,
mi rostro entre tus labios se entrega enamorado.
Ana Mercedes Villalobos