Brise
Poeta que considera el portal su segunda casa
A la musa de mis noches...
Hay gente que espera como una flor en la tarde,
el fuerte sol apague sus delirios.
Hay gente que no puede vivir sin los martirios
que profesan las fases de su noche...
Como una isla naviera,
como una azucena de los reproches,
con ese viejo vendaval vienes con roces
y me desarmas el alma, corazón mío.
A dónde fueron aquellos días olvidados,
donde tu pluma se perdía sin remedio.
Ahora me abandonas en este cementerio,
como si la ilusión se fugara;
me condenas a morir en esta alborada
presagiando tus últimos misterios.
Me miras a lo lejos al quebrar libre tu cabello,
y despides tu desdén en un guiño.
No me dejes morir aquí, cariño,
en el cauce solitario de los instintos.
Y reírse es lo que queda
en nuestro dramático e intempestivo lirismo.
Hay gente que espera como una flor en la tarde,
el fuerte sol apague sus delirios.
Hay gente que no puede vivir sin los martirios
que profesan las fases de su noche...
Como una isla naviera,
como una azucena de los reproches,
con ese viejo vendaval vienes con roces
y me desarmas el alma, corazón mío.
A dónde fueron aquellos días olvidados,
donde tu pluma se perdía sin remedio.
Ahora me abandonas en este cementerio,
como si la ilusión se fugara;
me condenas a morir en esta alborada
presagiando tus últimos misterios.
Me miras a lo lejos al quebrar libre tu cabello,
y despides tu desdén en un guiño.
No me dejes morir aquí, cariño,
en el cauce solitario de los instintos.
Y reírse es lo que queda
en nuestro dramático e intempestivo lirismo.