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De paraísos y transcendencias

Santa Marta por ser egocéntrica, San Andrés y Cartagena por ser Colombiana, el caribe, sí una de las partes de la tierra donde nos encontramos las mujeres màs bella, ya se pasó de la raya ella.:p:D
Bares, birras y marihuana tiempos aquellos no?
Me marcho con el gusto de leerte, un abrazo, Luis.

Jajaja :D. Pues sí, Rosmery, supongo que en la vida hay momentos para todo, hasta para jugar con fuego. Nunca aconsejaría a nadie que haga todas las cosas que yo he hecho en la vida, pero siendo sincero, tampoco me arrepiento ni gota de haberlas hecho (al menos de la mitad de ellas ;))
Y sí, las mujeres caribeñas sois muy bellas, jeje. Gracias por tu visita amiga. Un gran abrazo.
 
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Recuerdo esa tarde en una isla del sur de Japón
empujando una barcaza junto a unos exhaustos
y sorprendidos pescadores nativos -parecíamos
bronceados semidioses reflotando el arca del diluvio-

En agradecimiento me llevaron gratis a otra isla
donde me alojaba y bebía cervezas asahi y dragones negros
como si fueran agua.

En una capital caribeña vi a la mujer más bella de América.
Trabajaba en un casino por un sueldo de mierda
y se ofreció a llevarme al paraíso a cambio de 20 dólares USA
Nunca he pagado por sexo (pero esa vez estuve a punto,
lo reconozco)
Fuera del casino la noche tropical sudaba su febril reggae
como si no existiera un jodido mañana.

Abdul, un marroquí que me hacía una obra en el piso,
me invitó a conocer el humilde paraíso de donde venía.
-Había mucha familia, caballos, arena fina, paredes blancas,
verdes árboles frutales y verdes plantaciones de marihuana,

y a lo lejos el mar-

Un día de febrero a principios de los 90,
mientras en el viejo Maastricht se cosía la nueva Europa,
yo llevaba al implorante Toni a comprar su dosis de polvo
de mariposa marrón a la costa de los muertos vivientes.

No había nada paradisiaco en aquella costa de barro,
flores intravenosas y delgadez horrenda
(ese día certifiqué la trampa de los paraísos en polvo)

Paraísos para recordar y no volver.
Paraísos solo para valientes, locos o kamikazes.
Paraísos que se esfuman un día de repente,
escapados de entre los dedos, en un largo instante
-como se mueren los ángeles rotos y los sueños-

No hay nada transcendente en los paraísos de este mundo
¡y para qué!
La transcendencia es un tren que siempre llega vacío y con retraso,
los paraísos ignoran vías y nunca regresan.

"La transcendencia es la mentira más cómica
de todas las mentiras,
y los paraísos solo existen a modo de anticipada y fugaz
indemnización por los infiernos por venir"


... me lo juraban Mark y Laura hace mil años
en aquel bar nocturno de Zaragoza,
filosofando como antiguos griegos borrachos
mientras compartíamos humo, rayas, rock y birras

(una pareja encantadora y con el mejor rollo de España,
les había conocido un par de bares antes)

Él se marchó al lavabo.
Laura y yo nos miramos en silencio.
Esos ojos negros...
Entonces la besé y ella me besó.
Labios y lenguas pegados durante uno o dos minutos.

¿Y esto? me preguntó.
No sé, -contesté-
Sonrió.
Luego regresó Mark y brindamos con tres chupitos de tequila.

Creo que se querían. Me gustaban.
Continuamos charlando -y riendo-
sobre la gloriosa imperfección (y levedad) de los paraísos
cuatro o cinco bares más,

hasta el último rayo de luna.

_______
Genial el poema, Luis. Y cuántos paraísos inexistentes, y cuánta trascendencia e intrascendencia entre lunas.
Recuerdos, ilusiones, encuentros y escapadas.
A mí ya me falla la memoria... cuando quiero, je, je.
Un abrazo, Luis, y me quito la gorra para el saludo.
 
Genial el poema, Luis. Y cuántos paraísos inexistentes, y cuánta trascendencia e intrascendencia entre lunas.
Recuerdos, ilusiones, encuentros y escapadas.
A mí ya me falla la memoria... cuando quiero, je, je.
Un abrazo, Luis, y me quito la gorra para el saludo.

Pues sí, Alonso, ahí vamos por esta vida de subidones y resacas existenciales, hasta que termina la fiesta.
Eso de la memoria selectiva controlada es la leche, ... todo un arte :D
Muchas gracias compa, me alegra que te gustara el poema, Un abrazo, y ponte la gorra que está el tiempo muy raro :)
 
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Hoy recuerdo esa tarde en una isla del sur de Japón
empujando una barcaza junto a unos exhaustos
y sorprendidos pescadores nativos -parecíamos

bronceados semidioses reflotando el arca del diluvio-

En agradecimiento me llevaron gratis a otra isla
donde me alojaba y bebía cervezas asahi
y dragones negros como si fueran agua.

En una capital caribeña vi a la mujer más bella de América.
Trabajaba en un casino por un escatológico sueldo
y se ofreció a llevarme al paraíso a cambio de 20 dólares USA
Nunca he pagado por sexo (pero esa vez estuve a punto,
lo reconozco)
Fuera del casino la noche tropical sudaba su febril reggae
como si no existiera un jodido mañana.

Abdul, un marroquí que me hacía una obra en el piso,
me invitó a conocer el humilde paraíso de donde venía.
-Familia inacabable, caballos en arena fina, paredes blancas,
verdes árboles frutales y verdes plantaciones de marihuana,

y a lo lejos siempre el mar-

Un día de febrero a principios de los 90,
mientras en el viejo Maastricht se cosía la nueva Europa,
yo llevaba al implorante Toni a comprar su dosis de polvo
de mariposa marrón a la costa de los muertos vivientes.

No había nada paradisiaco en aquella costa de barro,
flores intravenosas y delgadez horrenda
(ese día certifiqué la trampa de los paraísos exprés)

Paraísos para recordar y no volver.
Paraísos solo para valientes, locos o kamikazes,
que se esfuman un día de repente
escapados de entre los dedos
en un breve o largo instante,
como se mueren los ángeles rotos y los sueños.

No hay nada transcendente en los paraísos de este mundo
¡y para qué!
La transcendencia es un tren que siempre llega vacío y con retraso,
los paraísos ignoran vías y estaciones,

y nunca regresan.

"La transcendencia es la mentira más cómica
de todas las mentiras,
y los paraísos solo existen a modo de anticipada y fugaz
indemnización por los infiernos por venir"


... me lo juraban Mark y Laura hace mil años
en aquel bar nocturno de Zaragoza,
filosofando como antiguos griegos borrachos
mientras compartíamos humo, rayas, rock y birras

(una pareja encantadora y con el mejor rollo de España,
les había conocido un par de bares antes)

Él se marchó al lavabo.
Laura y yo nos miramos en silencio
(de negro cósmico sus ojos)
Entonces la besé y ella me besó.
Labios y lenguas pegados durante uno o dos minutos.

¿Y esto? me preguntó.
No sé, -contesté-
Sonrió.
Luego regresó Mark y brindamos con tres chupitos de tequila.

Creo que se querían. Me gustaban.
Continuamos charlando -y riendo-
sobre la gloriosa imperfección (y levedad) de los paraísos
cuatro o cinco bares más,

hasta el último rayo de luna.


______

En vez de “... hasta el último rayo de luna.” deberías haber puesto: “...hasta la última raya de luna”, je, je, estaría muy en consonancia con la mentada juerga del poema.

“... polvo de mariposa marrón a la costa de los muertos vivientes...”, esto es muy bueno, sí señor.

Me alegro de leer tus extraordinarios versos realistas.

Un abrazo Luis.
 
En vez de “... hasta el último rayo de luna.” deberías haber puesto: “...hasta la última raya de luna”, je, je, estaría muy en consonancia con la mentada juerga del poema.

“... polvo de mariposa marrón a la costa de los muertos vivientes...”, esto es muy bueno, sí señor.

Me alegro de leer tus extraordinarios versos realistas.

Un abrazo Luis.

Jajaja, pues sí, ese final poético estaría muy en consonancia con la fiesta que nos dimos :D
Me alegra mucho que te gustaran estos versos realistas, Alberto. Muchas gracias; feliz domingo (pasado por agua :rolleyes:) y un abrazo compañero.
 
Última edición:
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Ya la luz guardada comienza a doler
y es normal anochecernos un poco.

Hoy recuerdo esa tarde en una isla del sur de Japón
empujando una barcaza junto a unos exhaustos
y sorprendidos pescadores nativos -parecíamos
bronceados semidioses reflotando el arca del diluvio-

En agradecimiento me llevaron gratis a otra isla
donde me alojaba y bebía cervezas asahi
y dragones negros como si fueran agua.

En una capital caribeña vi a la mujer más bella de América.
Trabajaba en un casino por un escatológico sueldo
y se ofreció a llevarme al paraíso a cambio de 20 dólares USA
Nunca pagué por sexo (pero esa vez estuve a punto,
lo reconozco)
Fuera del casino la noche tropical sudaba su febril reggae
como si no existiera un jodido mañana.

Abdul, un marroquí que me hacía una obra en el piso,
me invitó a conocer el humilde paraíso de donde venía.
-Familia inacabable, caballos en arena fina, paredes blancas,
verdes árboles frutales y verdes plantaciones de marihuana,

y a lo lejos siempre el mar-

Un día de febrero a principios de los 90,
mientras en el viejo Maastricht se cosía la nueva Europa,
yo llevaba al implorante Toni a comprar su dosis de polvo
de mariposa marrón a la costa de los muertos vivientes.

No había nada paradisiaco en aquella costa de barro,
flores intravenosas y delgadez horrenda
(ese día certifiqué la trampa de los paraísos exprés)

Paraísos para recordar y no volver.
Paraísos solo para valientes, locos o kamikazes,
que se esfuman un día de repente
escapados de entre los dedos
en un breve o largo instante,
como se mueren los ángeles rotos y los sueños.

No hay nada transcendente en los paraísos de este mundo
¡y para qué!
La transcendencia es un tren que siempre llega vacío y con retraso,
los paraísos ignoran vías y nunca regresan.

"La transcendencia es la mentira más cómica
de todas las mentiras,
y los paraísos solo existen a modo de anticipada y fugaz
indemnización por los infiernos por venir"

... me lo juraban Mark y Laura hace mil años
en aquel bar nocturno de Zaragoza,
filosofando como antiguos griegos borrachos
mientras compartíamos humo, rayas, rock y birras

(una pareja encantadora y con el mejor rollo de España,
les había conocido un par de bares antes)

Él se marchó al lavabo.
Laura y yo nos miramos en silencio
(de negro cósmico sus ojos)
Entonces la besé y ella me besó.
Labios y lenguas pegados alrededor de un minuto.

¿Y esto? me preguntó.
No sé, -contesté-
Sonrió.
Luego regresó Mark y brindamos con tres chupitos de tequila.

Creo que se querían. Me gustaban.
Continuamos charlando -y riendo-
sobre la gloriosa imperfección (y levedad) de los paraísos
cuatro o cinco bares más,

hasta el último rayo de luna.

______
Muy bueno!!!

Saludos
 
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Ya la luz guardada comienza a doler
y es normal anochecernos un poco.

Hoy recuerdo esa tarde en una isla del sur de Japón
empujando una barcaza junto a unos exhaustos
y sorprendidos pescadores nativos -parecíamos

bronceados semidioses reflotando el arca del diluvio-

En agradecimiento me llevaron gratis a otra isla
donde me alojaba y bebía cervezas asahi
y dragones negros como si fueran agua.

En una capital caribeña vi a la mujer más bella de América.
Trabajaba en un casino por un escatológico sueldo
y se ofreció a llevarme al paraíso a cambio de 20 dólares USA
Nunca pagué por sexo (pero esa vez estuve a punto,
lo reconozco)
Fuera del casino la noche tropical sudaba su febril reggae
como si no existiera un jodido mañana.

Abdul, un marroquí que me hacía una obra en el piso,
me invitó a conocer el humilde paraíso de donde venía.
-Familia inacabable, caballos en arena fina, paredes blancas,
verdes árboles frutales y verdes plantaciones de marihuana,

y a lo lejos siempre el mar-

Un día de febrero a principios de los 90,
mientras en el viejo Maastricht se cosía la nueva Europa,
yo llevaba al implorante Toni a comprar su dosis de polvo
de mariposa marrón a la costa de los muertos vivientes.

No había nada paradisiaco en aquella costa de barro,
flores intravenosas y delgadez horrenda
(ese día certifiqué la trampa de los paraísos exprés)

Paraísos para recordar y no volver.
Paraísos solo para valientes, locos o kamikazes,
que se esfuman cada amanecer
escapados de entre los dedos
en un breve o largo instante,
como se mueren los ángeles rotos y los sueños.

No hay nada transcendente en los paraísos de este mundo
¡y para qué!
La transcendencia es un tren que siempre llega vacío y con retraso,
los paraísos ignoran vías y nunca regresan.

"La transcendencia es la mentira más cómica
de todas las mentiras,
y los paraísos solo existen a modo de anticipada y fugaz
indemnización por los infiernos por venir"


... me lo juraban Mark y Laura hace mil años
en aquel bar nocturno de Zaragoza,
filosofando como antiguos griegos borrachos
mientras compartíamos humo, rayas, rock y birras,

una pareja encantadora con acordes grunge
y el mejor rollo de España,
les había conocido un par de bares antes.

Él se marchó al lavabo.
Laura y yo nos miramos en silencio
(de negro cósmico sus ojos)
Entonces la besé y ella me besó.
Labios y lenguas pegados alrededor de un minuto.

¿Y esto? me preguntó.
No sé, -contesté-
Sonrió.
Luego regresó Mark y brindamos con tres chupitos de tequila.

Creo que se querían. Me gustaban.
Continuamos charlando -y riendo-
sobre la gloriosa imperfección (y levedad) de los paraísos
cuatro o cinco bares más,

hasta el último rayo de luna.


______
Este poema es de los mejores que te he leído, y mira que tú no te andas con ejercicios de estilo de medio pelo, carnalito Luis. Es como un viaje ya mitológico a esos lugares, rostros y circunstancias interiorizados; todo eso que nos constituye y que debiera trascender luego que del humo no quede nada. Ese el propósito de todo lo que intentamos con la filosofía, con el arte, con la ciencia y la religión... y con los paraísos artificiales de los que hablaba de Baudelaire y De Quincey. Y como en todo paraíso, al final somos expulsados. No sé si te son familiares los trascendentalistas norteamericanos del siglo XIX, tan adorados por muchos. La neta, no pasé de un capítulo de Emerson antes de sentir que estaba leyendo a un Coehlo un poco más imaginativo.

Vamos por otro.
 
Este poema es de los mejores que te he leído, y mira que tú no te andas con ejercicios de estilo de medio pelo, carnalito Luis. Es como un viaje ya mitológico a esos lugares, rostros y circunstancias interiorizados; todo eso que nos constituye y que debiera trascender luego que del humo no quede nada. Ese el propósito de todo lo que intentamos con la filosofía, con el arte, con la ciencia y la religión... y con los paraísos artificiales de los que hablaba de Baudelaire y De Quincey. Y como en todo paraíso, al final somos expulsados. No sé si te son familiares los trascendentalistas norteamericanos del siglo XIX, tan adorados por muchos. La neta, no pasé de un capítulo de Emerson antes de sentir que estaba leyendo a un Coehlo un poco más imaginativo.

Vamos por otro.

Creo, carnalito, que los humanos por alguna razón necesitamos convertir en mitológicos episodios pasados de nuestra vida, episodios que a menudo "reeditamos", adornamos y embellecemos, cuando el a menudo compasivo paso del tiempo elimina los testigos y testimonios que los podrían poner en duda y chafar en buena medida su brillo... Supongo que es un modo de trascender "en vida" y/o de "enmarcar" nuestras comunes e intrascendentes existencias; y es que, ¡qué coño!, todos deberíamos saborear en algún momento la eternidad y la gloria de la vida (como diría el gran poeta Vilas) ;). Y no, no he leído mucho a los trascendentalistas americanos, pero sí, creo que su filosofía cuadraría bien con el "cohelismo" o el mindfulness actual, jeje. Hablando de Emerson te voy a dejar una cita o reflexión suya que me gustó mucho, y que viendo como está la actualidad de nuestro mundo (sigue) viniendo a cuento hablando de nuestra "adorable" especie humana :):
"Dejemos de hablar hipócritamente de las masas. Las masas son groseras, insulsas, incultas, perniciosas en sus exigencias e influencia, y no necesitan que las halaguen, sino que las eduquen. No quiero concederles nada, sino domesticarlas, adiestrarlas, dividirlas, desmembrarlas y sacar de ellas a individuos individuales".
Muchas gracias siempre por tu geniales comentarios, bro, son todo un lujo y un honor. Un gran abrazo amigo.
 
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Ya la luz guardada comienza a doler
y es normal anochecernos un poco.

Hoy recuerdo esa tarde en una isla del sur de Japón
empujando una barcaza junto a unos exhaustos
y sorprendidos pescadores nativos -parecíamos

bronceados semidioses reflotando el arca del diluvio-

En agradecimiento me llevaron gratis a otra isla
donde me alojaba y bebía cervezas asahi
y dragones negros como si fueran agua.

En una capital caribeña vi a la mujer más bella de América.
Trabajaba en un casino por un escatológico sueldo
y se ofreció a llevarme al paraíso a cambio de 20 dólares USA
Nunca pagué por sexo (pero esa vez estuve a punto,
lo reconozco)
Fuera del casino la noche tropical sudaba su febril reggae
como si no existiera un jodido mañana.

Abdul, un marroquí que me hacía una obra en el piso,
me invitó a conocer el humilde paraíso de donde venía.
-Familia inacabable, caballos en arena fina, paredes blancas,
verdes árboles frutales y verdes plantaciones de marihuana,

y a lo lejos siempre el mar-

Un día de febrero a principios de los 90,
mientras en el viejo Maastricht se cosía la nueva Europa,
yo llevaba al implorante Toni a comprar su dosis de polvo
de mariposa marrón a la costa de los muertos vivientes.

No había nada paradisiaco en aquella costa de barro,
flores intravenosas y delgadez horrenda
(ese día certifiqué la trampa de los paraísos exprés)

Paraísos para recordar y no volver.
Paraísos solo para valientes, locos o kamikazes,
que se esfuman cada amanecer
escapados de entre los dedos
en un breve o largo instante,
como se mueren los ángeles rotos y los sueños.

No hay nada transcendente en los paraísos de este mundo
¡y para qué!
La transcendencia es un tren que siempre llega vacío y con retraso,
los paraísos ignoran vías y nunca regresan.

"La transcendencia es la mentira más cómica
de todas las mentiras,
y los paraísos solo existen a modo de anticipada y fugaz
indemnización por los infiernos por venir"


... me lo juraban Mark y Laura hace mil años
en aquel bar nocturno de Zaragoza,
filosofando como antiguos griegos borrachos
mientras compartíamos humo, rayas, rock y birras,

una pareja encantadora con acordes grunge
y el mejor rollo de España,
les había conocido un par de bares antes.

Él se marchó al lavabo.
Laura y yo nos miramos en silencio
(de negro cósmico sus ojos)
Entonces la besé y ella me besó.
Labios y lenguas pegados alrededor de un minuto.

¿Y esto? me preguntó.
No sé, -contesté-
Sonrió.
Luego regresó Mark y brindamos con tres chupitos de tequila.

Creo que se querían. Me gustaban.
Continuamos charlando -y riendo-
sobre la gloriosa imperfección (y levedad) de los paraísos
cuatro o cinco bares más,

hasta el último rayo de luna.


______
Pequeños paraísos que eventualmente nos hacen partícipes de la gloria. Sí, la fortuna existe (no así su retención)
Preservarlos en la memoria (y tunnearlos, claro) ya es otro paraíso en sí mismo.
Un texto completo, de los que dan ganas de volver a cada tanto.
Felicitaciones, Luis.
Gran saludo.
 
Última edición:
Aveces me compro una botella de pisco, y leo, otras escribo, otras lloro, otras contemplo
el alma humana
es mi escape
mi ventana a mi propio mundo,}
en la manaña regreso ... puntual
y todo pasó
 
Pequeños paraísos que eventualmente nos hacen partícipes de la gloria. Sí, la fortuna existe (no así su retención)
Preservarlos en la memoria (y tunnearlos, claro) ya es otro paraíso en sí mismo.
Un texto completo, de los que dan ganas de volver a cada tanto.
Felicitaciones, Luis.
Gran saludo.

Así es Nico, la gloria de la vida, como diría el gran poeta Manuel Vilas; y sí, generosamente tuneados se convierten casi en antológicos (sobre todo para el que los disfrutó) ... o batallitas de viejales (dependiendo de la calidad del "tunning") :D
Muchas gracias por acercarte a mis locuras "poéticas", compa. Un gran abrazo.
 
Aveces me compro una botella de pisco, y leo, otras escribo, otras lloro, otras contemplo
el alma humana
es mi escape
mi ventana a mi propio mundo,}
en la manaña regreso ... puntual
y todo pasó

Esos "escapes" también son pequeños (y necesarios) paraísos. Gracias, Ves. Un cordial saludo.
 
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