En esta línea de tiempo fuimos,
somos, seremos, nada en absoluto.
El eterno derroche de un minuto
en el inmenso cosmos que perdimos,
perdemos, perderemos, cual racimos
que solo existen para dar su fruto
que crece y muere para ser tributo
a la mota de polvo en que vivimos.
Y el peligro a la vuelta de la esquina:
un agujero negro justo en medio
y un pedazo de roca se avecina.
Un ego superior y sin remedio
-que ad portas ya nos tiene de la ruina-
ignoramos por nuestro propio asedio.
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