( I )
Dejemos que se alargue la noche
para que sea pecado
besar el silencio de nuestros labios.
Dejemos el olor de nuestra piel
colgada en un semáforo
inmolada y harta de tristezas
como un misterioso arabesco
que se junta a morir en un lecho
de oscuras ternuras.
Me resfrían las sombras que dejan
los pájaros al amanecer
también la síntesis de tu cuerpo
que se acaba como miel entre mis dedos.
Remarcas tus besos en mi pecho
para que te ame sin recato;
mi pensamiento enfermo
no deja de llamarte.
Las sombras son estrechas
al igual que tu risa
que se envuelve en el pistilo
de una amapola sideral.
Dejemos que sea larga
la manía de mirarnos
en las tinieblas de un cuerpo
frágil y desnudo,
dejemos en las paredes impolutas
el rostro del silencio
y la entrega sosegada
de nuestras manos;
déjame ir hacia ti
y quemarme
en la sucia fragancia de tus vestidos.
Déjame en este campo
de angustia
fijar las tercas nubes del verano
que se ha ido.
Eban
Marzo de 2012( Cartagena, Chile)
para que sea pecado
besar el silencio de nuestros labios.
Dejemos el olor de nuestra piel
colgada en un semáforo
inmolada y harta de tristezas
como un misterioso arabesco
que se junta a morir en un lecho
de oscuras ternuras.
Me resfrían las sombras que dejan
los pájaros al amanecer
también la síntesis de tu cuerpo
que se acaba como miel entre mis dedos.
Remarcas tus besos en mi pecho
para que te ame sin recato;
mi pensamiento enfermo
no deja de llamarte.
Las sombras son estrechas
al igual que tu risa
que se envuelve en el pistilo
de una amapola sideral.
Dejemos que sea larga
la manía de mirarnos
en las tinieblas de un cuerpo
frágil y desnudo,
dejemos en las paredes impolutas
el rostro del silencio
y la entrega sosegada
de nuestras manos;
déjame ir hacia ti
y quemarme
en la sucia fragancia de tus vestidos.
Déjame en este campo
de angustia
fijar las tercas nubes del verano
que se ha ido.
Eban
Marzo de 2012( Cartagena, Chile)
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