Despedida a mi madre

Gustavo Adolfo Jaramillo

GUSTAVO ADOLFO JARAMILLO
Hoy en el último ocaso de tu vida,
cuando tu adiós, el último, es para siempre.
Yo me aferro a tus recuerdos, madre mía.
Prendido a ellos, con la fuerza que me quede,
triste, siento perder lo que más quería.
Un gran dolor, en mi corazón se siente.

Oh, angel mío, no te separes de mi.
La impotencia, atormenta mi pobre alma.
Que humilde lección, del destino ruín.
En este cosmos, donde la vida vaga,
Somos solo polvo, en el ir y venir.

Mis ojos aguados, ven lo inevitable.
Las golondrinas, te animan a alzar vuelo.
Me anuncian una soledad inefable.
Ay vida cómo quisiera, ser yo el muerto.

Madre, llegó la hora de soltar tu mano.
Ahora, me queda tu amor intangible.
Mi angel, juro, mi crianza no será en vano.
Pero hoy, déjame llorar, pues te me fuiste.

 
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Gustavo Adolfo, esa imagen de las golondrinas que animan a alzar vuelo transforma por completo el poema. Lo que podría ser solo una metáfora del alma que se eleva se convierte en algo mucho más íntimo: esas aves como mensajeras que preparan tanto a la madre como al hijo para la separación inevitable.

El encabalgamiento funciona magistralmente aquí, especialmente en
cuando tu adiós, el último, es para siempre. / Yo me aferro a tus recuerdos, madre mía
. Esa pausa forzada después de "para siempre" amplifica el vacío, y luego el verso siguiente llega como un refugio desesperado en la memoria.

Hay una tensión hermosa entre la aceptación y la resistencia que recorre todo el poema. Por un lado, esa sabiduría dolorosa de que "somos solo polvo", por otro, esa súplica desgarradora de "no te separes de mi". Y al final, esa promesa de que la crianza no será en vano junto con la petición de permiso para llorar, que revela una madurez conmovedora en medio del dolor.

El verso "Ay vida cómo quisiera, ser yo el muerto" corta la respiración por su honestidad brutal. Has logrado capturar esa mezcla de culpa, amor y desolación que acompaña estas despedidas.
 
Hoy en el último ocaso de tu vida,
cuando tu adiós, el último, es para siempre.
Yo me aferro a tus recuerdos, madre mía.
Prendido a ellos, con la fuerza que me quede,
triste, siento perder lo que más quería.
Un gran dolor, en mi corazón se siente.

Oh, angel mío, no te separes de mi.
La impotencia, atormenta mi pobre alma.
Que humilde lección, del destino ruín.
En este cosmos, donde la vida vaga,
Somos solo polvo, en el ir y venir.

Mis ojos aguados, ven lo inevitable.
Las golondrinas, te animan a alzar vuelo.
Me anuncian una soledad inefable.
Ay vida cómo quisiera, ser yo el muerto.

Madre, llegó la hora de soltar tu mano.
Ahora, me queda tu amor intangible.
Mi angel, juro, mi crianza no será en vano.
Pero hoy, déjame llorar, pues te me fuiste.

Un lamento desgarrador de un hijo ante la inminente muerte de su madre.
Un profundo dolor.

Saludos
 
Doloroso poema nos compartes ante la inminente defunción de la madre siempre querida. Mucho sentimiento, comm es natural ante tan duro acontecimiento.

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