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Después de varios días sin comida

Chema Ysmer

Poeta que considera el portal su segunda casa

Perro-de-Luna-1973.jpg


El perro ladra en una esquina de la calle


después de varios días sin comida,

el hambre, un enjambre de abejas

culebrea como llama de hoguera en el estómago;

un badajo de campana pone notas al silencio.



El perro solía correr detrás de los balones de los niños,

de cualquier forma esférica, grande o pequeña,

de cualquier lagarto que se tostara al sol sobre las piedras

y sonriera, si así se le puede llamar,

a las hormigas, antes de comérselas.

No sé si era el negro

de esos esqueletos minúsculos

lo que le hacía gracia,

si era la sombra de algo más blanco

pero invisible.

El lagarto reía, mientras sacando la lengua

se las iba comiendo, a las hormigas;

persecución del perro antes del hambre,

en ocasiones le arrancaba la cola

que seguía sin ojos, dando latigazos ciegos.



Cuantas veces, a lo largo de una vida,

damos manotazos al vacío

que precisamente por eso, por estar vacío,

nos ahoga.



El perro pone huesos en un plato de aceitunas

para que la luna se los coma por la noche,

son huesos blancos, escasamente nutridos,

sin nada con que asirse, con algo de rojo en los extremos,

sin rostro,

mirando a todas partes y a ninguna.



El perro sufre el dolor de las ventanas cerradas

la falta de visión más allá de sus marcos

el límite impreciso de las ausencias mutuas

lo que queda del agua cuando la lluvia cesa.



Fiel a la huella de sus patas en el barro

se revuelca en él y deja:

manojos de pelusas y de pelos,

hojas de calendario,

caricaturas de familiares sin olfato.



Todos los perros, sin excepciones,

que ladran en las esquinas de la calle

tienen la garganta seca.
 
Perro-de-Luna-1973.jpg


El perro ladra en una esquina de la calle


después de varios días sin comida,

el hambre, un enjambre de abejas

culebrea como llama de hoguera en el estómago;

un badajo de campana pone notas al silencio.



El perro solía correr detrás de los balones de los niños,

de cualquier forma esférica, grande o pequeña,

de cualquier lagarto que se tostara al sol sobre las piedras

y sonriera, si así se le puede llamar,

a las hormigas, antes de comérselas.

No sé si era el negro

de esos esqueletos minúsculos

lo que le hacía gracia,

si era la sombra de algo más blanco

pero invisible.

El lagarto reía, mientras sacando la lengua

se las iba comiendo, a las hormigas;

persecución del perro antes del hambre,

en ocasiones le arrancaba la cola

que seguía sin ojos, dando latigazos ciegos.



Cuantas veces, a lo largo de una vida,

damos manotazos al vacío

que precisamente por eso, por estar vacío,

nos ahoga.



El perro pone huesos en un plato de aceitunas

para que la luna se los coma por la noche,

son huesos blancos, escasamente nutridos,

sin nada con que asirse, con algo de rojo en los extremos,

sin rostro,

mirando a todas partes y a ninguna.



El perro sufre el dolor de las ventanas cerradas

la falta de visión más allá de sus marcos

el límite impreciso de las ausencias mutuas

lo que queda del agua cuando la lluvia cesa.



Fiel a la huella de sus patas en el barro

se revuelca en él y deja:

manojos de pelusas y de pelos,

hojas de calendario,

caricaturas de familiares sin olfato.



Todos los perros, sin excepciones,

que ladran en las esquinas de la calle

tienen la garganta seca.
Perder los espacios en esa locura, los dias han marcado una definicion, nosotros mismos
perdemos el olfato y en ese arrastre las tonalidades deserticas nos producen, sin excepcion,
como un fluir de garganta que ansia humedad. las ausencias asi nos aclimatan a un
desierto de temores.excelente. saludos amable sde luzyabsenta
 
Perro-de-Luna-1973.jpg


El perro ladra en una esquina de la calle


después de varios días sin comida,

el hambre, un enjambre de abejas

culebrea como llama de hoguera en el estómago;

un badajo de campana pone notas al silencio.



El perro solía correr detrás de los balones de los niños,

de cualquier forma esférica, grande o pequeña,

de cualquier lagarto que se tostara al sol sobre las piedras

y sonriera, si así se le puede llamar,

a las hormigas, antes de comérselas.

No sé si era el negro

de esos esqueletos minúsculos

lo que le hacía gracia,

si era la sombra de algo más blanco

pero invisible.

El lagarto reía, mientras sacando la lengua

se las iba comiendo, a las hormigas;

persecución del perro antes del hambre,

en ocasiones le arrancaba la cola

que seguía sin ojos, dando latigazos ciegos.



Cuantas veces, a lo largo de una vida,

damos manotazos al vacío

que precisamente por eso, por estar vacío,

nos ahoga.



El perro pone huesos en un plato de aceitunas

para que la luna se los coma por la noche,

son huesos blancos, escasamente nutridos,

sin nada con que asirse, con algo de rojo en los extremos,

sin rostro,

mirando a todas partes y a ninguna.



El perro sufre el dolor de las ventanas cerradas

la falta de visión más allá de sus marcos

el límite impreciso de las ausencias mutuas

lo que queda del agua cuando la lluvia cesa.



Fiel a la huella de sus patas en el barro

se revuelca en él y deja:

manojos de pelusas y de pelos,

hojas de calendario,

caricaturas de familiares sin olfato.



Todos los perros, sin excepciones,

que ladran en las esquinas de la calle

tienen la garganta seca.

Me fascinó, la forma que tienes para mutar las imágenes y crear momentos implícitos, haciendo que se cree una intensidad y atmósfera. Atrapante y cadente que en el desarrollo de la idea principal, las imágenes son ese apoyo que genera, profundidad. ¡ Buen poema! Me gustó mucho leerte, saludos desde Colombia.
 
Última edición:
Perder los espacios en esa locura, los dias han marcado una definicion, nosotros mismos
perdemos el olfato y en ese arrastre las tonalidades deserticas nos producen, sin excepcion,
como un fluir de garganta que ansia humedad. las ausencias asi nos aclimatan a un
desierto de temores.excelente. saludos amable sde luzyabsenta
Las ausencias crean esa necesidad, ese hambre y esa sed mayúscula que ningún grito por prolongado que sea puede acallar. Gracias por tu comentario, saludos cordiales para ti.
 
Me fascinó, la forma que tienes para mutar las imágenes y crear momentos implícitos, haciendo que se cree una intensidad y atmósfera. Atrapante y cadente que en el desarrollo de la idea principal, las imágenes son ese apoyo que genera, profundidad. ¡ Buen poema! Me gustó mucho leerte, saludos desde Colombia.
La imagen de un perro ladrando de noche a la luna está llena de significado, en ella se deja ver esa necesidad de entrega, ese deseo de alimentar no sólo su cuerpo, de buscar nuevos caminos en apariencia imposibles. Me ha gustado mucho tu comentario. Gracias y saludos desde España.
 
Las ausencias crean esa necesidad, ese hambre y esa sed mayúscula que ningún grito por prolongado que sea puede acallar. Gracias por tu comentario, saludos cordiales para ti.
Chema. Agradecido sencillamente desde las materias de un lector que
en tus versos siempre encuentra algo que atrapa. mis saludos amables
a tu respuesta y encuentros. saludos de luzyabsenta
 
Chema. Agradecido sencillamente desde las materias de un lector que
en tus versos siempre encuentra algo que atrapa. mis saludos amables
a tu respuesta y encuentros. saludos de luzyabsenta
Más que atrapar deseo, a veces con mayor y otras con menor fortuna, cautivar con mis poemas, si lo logro, aunque sea sólo en un verso, me doy por satisfecho. Muchas gracias, querido compañero, por estar siempre en mis intentos. Saludos afectuosos.
 
Perro-de-Luna-1973.jpg


El perro ladra en una esquina de la calle


después de varios días sin comida,

el hambre, un enjambre de abejas

culebrea como llama de hoguera en el estómago;

un badajo de campana pone notas al silencio.



El perro solía correr detrás de los balones de los niños,

de cualquier forma esférica, grande o pequeña,

de cualquier lagarto que se tostara al sol sobre las piedras

y sonriera, si así se le puede llamar,

a las hormigas, antes de comérselas.

No sé si era el negro

de esos esqueletos minúsculos

lo que le hacía gracia,

si era la sombra de algo más blanco

pero invisible.

El lagarto reía, mientras sacando la lengua

se las iba comiendo, a las hormigas;

persecución del perro antes del hambre,

en ocasiones le arrancaba la cola

que seguía sin ojos, dando latigazos ciegos.



Cuantas veces, a lo largo de una vida,

damos manotazos al vacío

que precisamente por eso, por estar vacío,

nos ahoga.



El perro pone huesos en un plato de aceitunas

para que la luna se los coma por la noche,

son huesos blancos, escasamente nutridos,

sin nada con que asirse, con algo de rojo en los extremos,

sin rostro,

mirando a todas partes y a ninguna.



El perro sufre el dolor de las ventanas cerradas

la falta de visión más allá de sus marcos

el límite impreciso de las ausencias mutuas

lo que queda del agua cuando la lluvia cesa.



Fiel a la huella de sus patas en el barro

se revuelca en él y deja:

manojos de pelusas y de pelos,

hojas de calendario,

caricaturas de familiares sin olfato.



Todos los perros, sin excepciones,

que ladran en las esquinas de la calle

tienen la garganta seca.

Excelente! maravilloso y certero poema, acerca de los que pasan necesidad... un bello trabajo, acorde con la conciencia, para no dejar de aplaudir, esta obra. Enhorabuena. Un cálido saludo, y mis mejores deseos.
 
Excelente! maravilloso y certero poema, acerca de los que pasan necesidad... un bello trabajo, acorde con la conciencia, para no dejar de aplaudir, esta obra. Enhorabuena. Un cálido saludo, y mis mejores deseos.
En mayor o menor medida, todos padecemos algún tipo de necesidad y en los tiempos que corren parecen multiplicarse. Me alegro muchísimo que te haya gustado tanto. Saludos afectuosos para ti.
 
Nos regalas un poema con unas imágenes realmente impactantes. Me recuerda la novela de Herman Hesse El Lobo Estepario. No me gusta decir este tipo de comentarios porque creo que cada obra del autor es lo mejor que dan, pero este poema es uno de los mejores que has aportado. Mis aplausos y toda mi admiración que has tenido desde el principio. Te quiero.

Besos desde la margarita que me dijo que “sí”

Porque me obseciono...ja ja ja


 
Última edición:
Nos regalas un poema con unas imágenes realmente impactantes. Me recuerda la novela de Herman Hesse El Lobo Estepario. No me gusta decir este tipo de comentarios porque creo que cada obra del autor es lo mejor que dan, pero este poema es uno de los mejores que has aportado. Mis aplausos y toda mi admiración que has tenido desde el principio. Te quiero.

Besos desde la margarita que me dijo que “sí”

Porque me obseciono...ja ja ja


Supongo que habrás sobornado a tu nieto para que te diera la contraseña para entrar, quizás con alguno de los caramelos míos del otro día.
Me alegro horrores sin ser gótico, que te gustara este poema que surge de esa necesidad aún no satisfecha de verte.
Besos y siempre más.
 

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