• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Distancia

Beache

Bertoldo Herrera Gitterman
DISTANCIA


Eran verdes esos ojos que sonrientes me miraban,

eran dulces las caricias que su amor me prodigaba,

eran suaves las caricias que mis manos le brindaban,

eran tiernas las palabras con que siempre me adulaba.


Las bellezas del entorno por sí mismo distribuyen

en las flores, en las aves y en los árboles frutales

y las horas de la tarde se deshojan lentamente

y la charla se hace amena con los temas más banales.


Pero, cierto día, un día de los años que transcurren

la sonrisa de sus labios simplemente se murió

y murieron también nuestras mutuas alegrías

las caricias y las dichas que el recuerdo se guardó.


Sus hermosos ojos verdes se han cerrado a mi mirada

el calor que ella me daba, no he de verlo nunca ya

aquella amable voz amiga, su sonar ha endurecido,

una puerta abierta que se cierra y ya nunca se abrirá.


Soy hombre triste que vaga siempre en la distancia

desde aquel aciago día en que lo nuestro terminó

solitario, desolado, infeliz, vagabundo, moribundo

como aquel árbol deshojado que la lluvia no regó.


¿Ves el mar y la montaña?, ¿ves el sol salir para venir?

¿ves el rojo anaranjado con pinta sus ocasos bellos?

¿ves la luz del mediodía cuanto tiñe rosas y claveles

o los reflejos de la luna, del lucero y sus destellos?

Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial, 13 06 24
 
El poeta reflexiona profundamente sobre un amor perdido que marcó su vida de manera irreversible. En los primeros versos, evoca con nostalgia la intensidad y la dulzura de la relación que tuvo. Describe los ojos verdes de su amada, las caricias mutuas y las palabras tiernas que compartieron, relacionándolas con la belleza del entorno natural. Este amor parece haber sido una fuente de alegría, calidez y plenitud que llenaba su existencia de significado.

Sin embargo, el poema da un giro hacia el dolor cuando el poeta menciona la "muerte" de la sonrisa de su amada, que simboliza el final de la relación. Este evento no solo representa la pérdida de una persona importante, sino también de la conexión emocional que le daba sentido a su vida. A partir de este momento, el poeta se encuentra atrapado en un vacío emocional, sintiéndose desolado y solitario, como un árbol deshojado que carece de la lluvia que lo revitaliza.

Aunque el poeta menciona las bellezas del mundo natural —como el mar, la montaña y el sol—, estas imágenes no logran consolarlo. Más bien, resaltan su sentimiento de aislamiento, ya que la vida sigue siendo hermosa, pero para él ha perdido su esencia sin la presencia de su amada. La naturaleza, que antes compartían juntos, ahora parece distante e inalcanzable.

En última instancia, el poeta expresa un estado de resignación melancólica. Se siente como un vagabundo emocional, sin rumbo y cargando con el peso del recuerdo de un amor que ya no puede recuperar. A través de esta reflexión, el poema se convierte en un lamento por la fragilidad del amor y la inevitable pérdida que puede transformar profundamente la percepción de la vida.
 
DISTANCIA


Eran verdes esos ojos que sonrientes me miraban,

eran dulces las caricias que su amor me prodigaba,

eran suaves las caricias que mis manos le brindaban,

eran tiernas las palabras con que siempre me adulaba.


Las bellezas del entorno por sí mismo distribuyen

en las flores, en las aves y en los árboles frutales

y las horas de la tarde se deshojan lentamente

y la charla se hace amena con los temas más banales.


Pero, cierto día, un día de los años que transcurren

la sonrisa de sus labios simplemente se murió

y murieron también nuestras mutuas alegrías

las caricias y las dichas que el recuerdo se guardó.


Sus hermosos ojos verdes se han cerrado a mi mirada

el calor que ella me daba, no he de verlo nunca ya

aquella amable voz amiga, su sonar ha endurecido,

una puerta abierta que se cierra y ya nunca se abrirá.


Soy hombre triste que vaga siempre en la distancia

desde aquel aciago día en que lo nuestro terminó

solitario, desolado, infeliz, vagabundo, moribundo

como aquel árbol deshojado que la lluvia no regó.


¿Ves el mar y la montaña?, ¿ves el sol salir para venir?

¿ves el rojo anaranjado con pinta sus ocasos bellos?

¿ves la luz del mediodía cuanto tiñe rosas y claveles

o los reflejos de la luna, del lucero y sus destellos?

Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial, 13 06 24

El amor siempre es ardiente y nos absorbe completamente, pero llega un momento que quizás la rutina y otros factores hace que se vaya extinguiendo y es ese preciso momento cuando nuestro sol se apaga y todo aquello que florecia se marchita.
Un placer pasear entre tus letras amigo Bertoldo.
Fuerte abrazo desde los cielos poéticos de este halcón.

 
El poeta reflexiona profundamente sobre un amor perdido que marcó su vida de manera irreversible. En los primeros versos, evoca con nostalgia la intensidad y la dulzura de la relación que tuvo. Describe los ojos verdes de su amada, las caricias mutuas y las palabras tiernas que compartieron, relacionándolas con la belleza del entorno natural. Este amor parece haber sido una fuente de alegría, calidez y plenitud que llenaba su existencia de significado.

Gracias por el comentario.
En realidad, este es un poema bastante biográfico, personal.
Aunque, por suerte, ocurre por intervalos de tiempo. Y cuando la "distancia" se va, tenemos una relación muy bonita y llena de cariño.
 
El amor siempre es ardiente y nos absorbe completamente, pero llega un momento que quizás la rutina y otros factores hace que se vaya extinguiendo y es ese preciso momento cuando nuestro sol se apaga y todo aquello que florecia se marchita.
Un placer pasear entre tus letras amigo Bertoldo.
Fuerte abrazo desde los cielos poéticos de este halcón.

Yo creo que es una gran bendición sobre aquellas parejas que pueden tener amores perdurables. Seguramente se sustenta en grandes valores donde cada uno pone permanentemente lo mejor de sí.
 
Es la historia de mi vida
Casi me hiciste llorar, compañero
Un saludo
Gracias

Me disculpo. Me equivoqué con otro poema que publiqué hace poquito. En verdad, esta es la historia de muchos, por desgracia. Acá, suele pasar más de lo que debiera ser.
Te deseo que todo mejore con el tiempo.
 
DISTANCIA


Eran verdes esos ojos que sonrientes me miraban,

eran dulces las caricias que su amor me prodigaba,

eran suaves las caricias que mis manos le brindaban,

eran tiernas las palabras con que siempre me adulaba.


Las bellezas del entorno por sí mismo distribuyen

en las flores, en las aves y en los árboles frutales

y las horas de la tarde se deshojan lentamente

y la charla se hace amena con los temas más banales.


Pero, cierto día, un día de los años que transcurren

la sonrisa de sus labios simplemente se murió

y murieron también nuestras mutuas alegrías

las caricias y las dichas que el recuerdo se guardó.


Sus hermosos ojos verdes se han cerrado a mi mirada

el calor que ella me daba, no he de verlo nunca ya

aquella amable voz amiga, su sonar ha endurecido,

una puerta abierta que se cierra y ya nunca se abrirá.


Soy hombre triste que vaga siempre en la distancia

desde aquel aciago día en que lo nuestro terminó

solitario, desolado, infeliz, vagabundo, moribundo

como aquel árbol deshojado que la lluvia no regó.


¿Ves el mar y la montaña?, ¿ves el sol salir para venir?

¿ves el rojo anaranjado con pinta sus ocasos bellos?

¿ves la luz del mediodía cuanto tiñe rosas y claveles

o los reflejos de la luna, del lucero y sus destellos?

Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial, 13 06 24

Todo en esta vida tiene fecha de caducidad amigo Bertoldo. Aunque hay momentos en los que quisiéramos que el tiempo no pasará, todo fluye a una velocidad vertiginosa y esos momentos ya solo quedan para el recuerdo.
Siempre es un placer detenerse en tus letras poeta.
Un fuerte abrazo desde los poéticos cielos de este halcon.

 
Todo en esta vida tiene fecha de caducidad amigo Bertoldo. Aunque hay momentos en los que quisiéramos que el tiempo no pasará, todo fluye a una velocidad vertiginosa y esos momentos ya solo quedan para el recuerdo.
Siempre es un placer detenerse en tus letras poeta.
Un fuerte abrazo desde los poéticos cielos de este halcon.

Muy cierto.
Gracias por la visita
 
DISTANCIA


Eran verdes esos ojos que sonrientes me miraban,

eran dulces las caricias que su amor me prodigaba,

eran suaves las caricias que mis manos le brindaban,

eran tiernas las palabras con que siempre me adulaba.


Las bellezas del entorno por sí mismo distribuyen

en las flores, en las aves y en los árboles frutales

y las horas de la tarde se deshojan lentamente

y la charla se hace amena con los temas más banales.


Pero, cierto día, un día de los años que transcurren

la sonrisa de sus labios simplemente se murió

y murieron también nuestras mutuas alegrías

las caricias y las dichas que el recuerdo se guardó.


Sus hermosos ojos verdes se han cerrado a mi mirada

el calor que ella me daba, no he de verlo nunca ya

aquella amable voz amiga, su sonar ha endurecido,

una puerta abierta que se cierra y ya nunca se abrirá.


Soy hombre triste que vaga siempre en la distancia

desde aquel aciago día en que lo nuestro terminó

solitario, desolado, infeliz, vagabundo, moribundo

como aquel árbol deshojado que la lluvia no regó.


¿Ves el mar y la montaña?, ¿ves el sol salir para venir?

¿ves el rojo anaranjado con pinta sus ocasos bellos?

¿ves la luz del mediodía cuanto tiñe rosas y claveles

o los reflejos de la luna, del lucero y sus destellos?

Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial, 13 06 24

Aprendemos a vivir con la tristeza a cuestas
sonriendo a los demás, con el alma herida.
Grato pasar por tu bello poema
Saludos cordiales
Un abrazo
Alfredo
 
DISTANCIA


Eran verdes esos ojos que sonrientes me miraban,

eran dulces las caricias que su amor me prodigaba,

eran suaves las caricias que mis manos le brindaban,

eran tiernas las palabras con que siempre me adulaba.


Las bellezas del entorno por sí mismo distribuyen

en las flores, en las aves y en los árboles frutales

y las horas de la tarde se deshojan lentamente

y la charla se hace amena con los temas más banales.


Pero, cierto día, un día de los años que transcurren

la sonrisa de sus labios simplemente se murió

y murieron también nuestras mutuas alegrías

las caricias y las dichas que el recuerdo se guardó.


Sus hermosos ojos verdes se han cerrado a mi mirada

el calor que ella me daba, no he de verlo nunca ya

aquella amable voz amiga, su sonar ha endurecido,

una puerta abierta que se cierra y ya nunca se abrirá.


Soy hombre triste que vaga siempre en la distancia

desde aquel aciago día en que lo nuestro terminó

solitario, desolado, infeliz, vagabundo, moribundo

como aquel árbol deshojado que la lluvia no regó.


¿Ves el mar y la montaña?, ¿ves el sol salir para venir?

¿ves el rojo anaranjado con pinta sus ocasos bellos?

¿ves la luz del mediodía cuanto tiñe rosas y claveles

o los reflejos de la luna, del lucero y sus destellos?

Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial, 13 06 24
Triste y muy buen poema. Un gusto pasar.
Saludos.
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba