En cualquier criatura inteligente, la memoria sigue en importancia a la percepción. Es algo tan necesario que allí donde falta, el resto de nuestras facultades son en gran medida inútiles; y, si no fuera por el auxilio de nuestra memoria, no podríamos ir más allá de los objetos presentes en el raciocinio y en el conocimiento; pero la memoria puede tener dos defectos:
Primero, que haga que se pierda una idea completamente, con lo que se produce una perfecta ignorancia, pues, como no podemos conocer algo más allá de la idea que tengamos de ello, cuando la idea desaparece, nos encontramos en una ignorancia absoluta al respecto.
Segundo, que actúe con lentitud y no extraiga las ideas que tiene almacenadas con la suficiente rapidez que la mente requiera en una ocasión determinada. Cuando esta lentitud se da en un grado muy alto, la llamamos estupidez; y a la persona que, por tener este defecto en la memoria, le sucede que no tiene a mano las ideas allí conservadas para usarlas cuando la necesidad y la ocasión lo requieren, le es casi igual el no tenerlas, pues de muy poco le sirven.
El hombre necio que deja pasar la oportunidad mientras busca en su mente las ideas que en un momento determinado pudieran servirle, no tiene unos conocimientos más eficaces que el que es totalmente ignorante.
La finalidad principal de la memoria consiste, por tanto, en entregar a la mente aquellas ideas latentes que en un momento determinado necesite; y denominamos inventiva, fantasía y rapidez de espíritu a la capacidad de tener esas ideas a mano en toda ocasión.
JL
Primero, que haga que se pierda una idea completamente, con lo que se produce una perfecta ignorancia, pues, como no podemos conocer algo más allá de la idea que tengamos de ello, cuando la idea desaparece, nos encontramos en una ignorancia absoluta al respecto.
Segundo, que actúe con lentitud y no extraiga las ideas que tiene almacenadas con la suficiente rapidez que la mente requiera en una ocasión determinada. Cuando esta lentitud se da en un grado muy alto, la llamamos estupidez; y a la persona que, por tener este defecto en la memoria, le sucede que no tiene a mano las ideas allí conservadas para usarlas cuando la necesidad y la ocasión lo requieren, le es casi igual el no tenerlas, pues de muy poco le sirven.
El hombre necio que deja pasar la oportunidad mientras busca en su mente las ideas que en un momento determinado pudieran servirle, no tiene unos conocimientos más eficaces que el que es totalmente ignorante.
La finalidad principal de la memoria consiste, por tanto, en entregar a la mente aquellas ideas latentes que en un momento determinado necesite; y denominamos inventiva, fantasía y rapidez de espíritu a la capacidad de tener esas ideas a mano en toda ocasión.
JL